En colaboración con
Rough Guides
Porque no solo de playas increíbles y pueblos medievales vive el hombre, Portugal suma a su irresistible oferta turística castillos medievales, canales al estilo veneciano y parques naturales. Descubre con nosotros sus tesoros más preciados, empezando por Lisboa y Oporto, y por la no menos bella Sintra. ¡Vente, que salimos!
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Probablemente entre las ciudades más bonitas en Portugal, la capital del fado, del bacalhau en todas sus formas, de los pasteis y de los azulejos, es además, la capital del arte, de la vanguardia y de la cultura. De arriba a abajo, o lo que es lo mismo, del Bairro Alto a la Baixa, Lisboa no tiene desperdicio. Súbete al icónico Tranvía 28 y descubre las calles serpenteantes de Alfama –a las que ellos llaman «becos»– y móntate en el elevador Gloria si tu destino son los cafés, concept stores y galerías de arte del Bairro Alto o en el de Santa Justa para conocer el ambiente bohemio de Chiado.
Imprescindible: descubrir los escaparates de Príncipe Alto y ver el atardecer desde el mirador de Santa Catalina.
Romántica y nostálgica como un fado, Oporto invita al paseo, a la cata de vinos, a la lectura de un libro en una de las librerías más antiguas de Europa y a la buena mesa, por supuesto. Escenográfica donde las haya, la ciudad norteña tiene bellas estampas como la de su ribeira al atardecer, cuando las luces tenues de sus enigmáticos puentes sobre el río Duero la tiñen de un melancólico naranja. Descubre las bodegas de Vila Nova de Gaia, recorre el Duero en barco, visita la librería que inspiró a J.K. Rowling –la de «Lello e Irmão»–, sube a la Torre de los Clérigos o simplemente piérdete por su mercado del Bolhao.
Imprescindible: contemplar la fachada de azulejos blancos y azules de la iglesia de San Ildefonso.
La «ciudad de los estudiantes», Coímbra cuenta con la institución universitaria más antigua del país, ubicada en su Barrio Alto. Precisamente en la zona alta de la ciudad se encuentran algunos de sus edificios más emblemáticos e interesantes, como la Torre del Reloj, con sus vistas, el Patio de las Escuelas, la «Sala dos Capelos», la Capilla de San Miguel o la Biblioteca Joanina. Otro de los imperdibles es la Sé Velha o Catedral Vieja. Ya de camino a la zona Baixa, haz una parada obligatoria en el Monasterio de Santa Cruz antes de darte una vuelta por la Plaza del Comercio.
Imprescindible: escuchar el fado de Coímbra, una variante de la canción portuguesa interpretada por estudiantes.
A 25 km al sur de Lisboa encontramos una villa costera con mucha historia que se llena de vida cada verano: Cascáis. Antaño un destino de lujo de lo más exclusivo –por algo fue residencia de la monarquía portuguesa y de otras tantas casas reales–, Cascáis es hoy un pueblo relajado con unas playas increíbles como la Rainha, la de Guincho o la Ribeira. Pero sobre todo llama la atención su perfil de torres, castillos y monasterios rodeados por los bosques del colindante Parque Nacional de Sintra-Cascáis. Date un paseo por sus calles empedradas para apreciar de cerca su belleza de cuento.
Imprescindible: no te vayas sin probar un helado de la heladería con más colas del casco antiguo de la ciudad.
Una de las ciudades más bonitas en Portugal es, sin duda, Aveiro, conocida como «la Venecia de Portugal». Situada al norte del país, la colorida y bohemia Aveiro tiene en sus moliceiros –las góndolas portuguesas– su mayor símbolo. Móntate en uno de ellos y conócela desde sus canales, prueba sus irresistibles dulces y maravíllate con el color brillante de sus azulejos. Una vez en tierra firme, paséate por la Plaza de la República –la del ayuntamiento, con su Torre del Reloj–, y date una vuelta por su Mercado do Peixe, en el barrio de los pescadores.
Imprescindible: la especialidad de Aveiro no es el bacalao sino la anguila, así que no te vayas sin probarla.
Patrimonio de la humanidad por la Unesco, Sintra se ha ganado el título a una de las ciudades de Portugal más bonitas. Situada a media hora de Lisboa, Sintra parece haber salido de un cuento de hadas con sus castillos, palacios y su frondoso entorno –el del Parque Natural de Sintra-Cascáis–. Apunta en tu lista el Palacio da Pena, la Quinta Regaleira, el Castelo dos Mouros, el Palacio Nacional, el Convento dos Capuchos, en pleno bosque, o el Palacio de Montserrate. Y en sus alrededores, el Cabo da Roca despunta como el lugar más occidental de la Europa continental.
Imprescindible: contemplar la belleza de los exóticos jardines del palacio de Monserrate, una mansión del siglo XIX.
Situada entre Lisboa y Oporto, en plena costa Atlántica, Nazaré es el lugar de peregrinación por excelencia de Portugal. La culpa la tienen el santuario que lleva su nombre y sus olas, unas de las más grandes del mundo –hablamos de 20-30 m de altura–. Su existencia está más que justificada por sus impresionantes acantilados, frente a los que se encuentra un cañón submarino que hace «magia» para los surferos. Date una vuelta por su barrio de pescadores, con Praia de Banhos incluida, y por el conocido como sitio de Nazaré, donde encontrarás el Mirador de Suberco o el Fuerte de San Miguel.
Imprescindible: compra tu entrada para ver la catedral, la iglesia de San Salvador y el patio de los naranjos.