No te pierdas: la Casa Masó, una casa de estilo novecentista que puedes visitar por una módica entrada.
Gerona o Girona, esa provincia al este de la península asociada a la Costa Brava, al «Empordà» y al Pirineo. Y luego, Girona ciudad, de origen romano, con un rico legado árabe y judío que te deja prendado nada más cruzar su muralla. ¿Con cuál te quedas? Déjanos enseñártelas.
Casas colgantes, una arquitectura medieval y una gastronomía muy apetecible son algunos de los atractivos que tiene Girona, capital de la provincia homónima. Sin olvidarnos de su hijo predilecto, Salvador Dalí, o los Camís de Ronda que recorren la Costa Brava. Ponemos rumbo a este destino, ¿te vienes?
También conocidas como las casas colgantes de Girona, estas viviendas de coloridas fachadas que parecen «colgar» sobre el río Oñar a su paso por el casco antiguo son una de las cosas imprescindibles que ver en Girona. Para una primera toma de contacto, desde el Puente de Piedra tienes una buena perspectiva de las casas con el reflejo del río, la catedral de fondo y la torre de Sant Feliu al otro lado. Aunque nada como las vistas desde el puente de hierro obra del mismísimo Gustave Eiffel, que toma el nombre de Puente de las «Peixateries». Hay quien compara esta estampa con la de Florencia, y habla de Girona como «la Florencia catalana». Lo cierto es que estos originales colores se remontan a la Edad Media, cuando la única manera de protegerse de las crecidas del río era con muros de contención.
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Para vistas, las que tienes desde las murallas de la ciudad. De origen romano, el recinto amurallado que protegía la ciudad de Girona fue reforzado y ampliado durante la Edad Media, dando lugar a lo que hoy día es un agradable «Camí de Ronda» que bordea la ciudad con fantásticos miradores. Una opción para acceder a ellas es hacerlo desde los Baños Árabes –otro de los reclamos de la ciudad, escondidos junto a la catedral– y seguir las indicaciones de «Passeig Arqueològic». También puedes hacerlo por el «Jardí de la Infància», un camino que te llevará por la torre de «Sant Domènec», la más alta del recorrido, hasta el monasterio de «Sant Pere de Galligants» del que ahora te hablaremos.
No te pierdas: cómo la luz del atardecer baña la ciudad cuando cae el sol, uno de los mejores momentos para verla.
Justo en el centro de la ciudad –algo poco habitual en los monasterios, que suelen estar aislados–, a pocos minutos caminando de la catedral, encontramos esta abadía benedictina de estilo románico (s. XII) que, junto con la vecina capilla de «San Nicolau» –actualmente usada como sala de exposiciones–, conforman los conjuntos románicos más destacados de Cataluña. Ahora sede del Museo Arqueológico de Cataluña, esta abadía destaca por su asimétrica cabecera, por su campanario octogonal y por los capiteles profusamente decorados de la nave principal y, sobre todo, de la cabecera. No te pierdas tampoco su claustro de proporciones medievales, una verdadera joya de la arquitectura.
No te pierdas: su claustro, seguramente te sonará de haberlo visto en un capítulo de «Juego de Tronos».
Digno también de alguna película –concretamente, la de «El perfume», la adaptación de la novela de Patrick Süskind–, el barrio judío de Girona, también llamado «Call» es uno de los mejor conservados de España y casi de Europa. Y es que la comunidad judía llegó a tener un gran peso en el desarrollo de la ciudad hasta su expulsión en 1492, dejando un importante legado, sobre todo arquitectónico. Piérdete por sus calles empinadas, sus recovecos, patios y casas de renombre como la de Lleó Avinay o la antigua sinagoga, hoy convertida en Museo de Historia de los Judíos. Si tomas como referencia la catedral, basta con ir bajando por callejuelas situadas entre la Calle de la Clavería y la Calle de la Força, hasta llegar a la «Pujada de Sant Domènec», una preciosa escalinata que bien se merece un hueco en nuestro listado.
No te pierdas: las mejores postales del barrio judío las encontrarás entre la Calle Clavería y la de «Sant Llorenç».
En los márgenes del barrio judío, justo al final de la calle Força se encuentra esta calle escalonada, rodeada por el Palacio Renacentista de Calemany, el Palacio de los Agullana y con la iglesia barroca-neoclásica de «Sant Martí Sacosta» al fondo. También tienes un restaurante con una coqueta terraza, perfecto para tener una cena de lo más romántica en este rincón, considerado uno de los más románticos de España. Aunque pasa algo más desapercibido que el restaurante con sus mesas, en esta escalinata se encuentra el Taller de Encolados Ensesa, que cobra gran protagonismo en el mes de mayo, cuando se celebra el «Girona Temps de Flors», una festividad de que dura 10 días en la que las calles, plazas, patios y edificios principales del barrio antiguo de Girona se decoran con más de 150 preciosos conjuntos florales.
No te pierdas: la iglesia de «Sant Feliu», que fue la primera catedral de la ciudad y es una de las más importantes.
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