Territorio de contrastes formado por asombrosos paisajes desérticos dotados del esplendor que les concede la presencia del Nilo, Egipto es un imán para millones de visitantes que hacen una especie de viaje al pasado mientras contemplan templos majestuosos y maravillas pretéritas perfectamente conservadas. Cuna de las civilizaciones, Egipto es un destino único, sorprendente y repleto de historia, que agasaja a sus visitantes para que disfruten de una experiencia memorable. Visita sus imponentes templos y pirámides durante un viaje en el que se sucederán numerosas aventuras, episodios históricos, hitos culturales y extraordinarios misterios.
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Una vez tienes claro qué ver en Egipto, toca planificar tu viaje. ¿Cuándo es la mejor época para viajar? ¿Cuál es la moneda de Egipto? Que no te abrumen tantas interrogantes, aquí te respondemos las más importantes.
Egipto: temperaturas. Te adelantamos que, en Egipto, el tiempo está marcado por el calor y el sol afixiante propios del desierto que azotan en los meses de verano. De ahí que, para muchos, los mejores momentos para viajar al país son en primavera y otoño, es decir, de marzo a mayo, y de septiembre a noviembre. El invierno también se desaconseja ya que, por el contrario, las temperaturas descienden bruscamente.
Moneda de Egipto: La libra egipcia es la moneda oficial con la que se opera en el país africano. Su símbolo es £ y cada libra se divide en 100 piastras. La forma más rápida y segura de obtener la moneda local es sacando efectivo de un cajero, aunque también se puede cambiar divisa en sus bancos, normalmente solo abiertos por la mañana.
A punto de cumplirse doscientos años desde el desciframiento de los jeroglíficos y casi cien del descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, Egipto repunta como destino turístico tras unos años en el letargo vacacional. Desde Abu Simbel hasta El Cairo, el país del Nilo, de las imponentes pirámides de Guiza, de las urbes apabullantes, de los museos, los oasis y los desiertos, de los zocos y de las ciudades con nombre de rey, faraón y emperador, como Alejandría, se despereza de su forzada hibernación turística dispuesto a dejarse disfrutar, explorar y visitar.
Recorre con nosotros sus mayores hitos turísticos en esta lista de imprescindibles que ver en Egipto, el país que atesora una de la civilizaciones más antiguas y sorprendentes del mundo.
El Cairo. La capital de Egipto es, con sus alrededor de 20 millones de habitantes, la ciudad más densamente poblada del mundo. De parada obligatoria cuando se viaja al país, El Cairo es un cúmulo de estímulos que se traducen en sonidos, colores, olores y mucho, mucho ruido. Todo eso es El Cairo. Son los cláxones de los coches atascados en kilométricas filas, las llamadas a la oración de sus mezquitas que compiten con la visual de las cruces de sus iglesias; son los olores a especias y el sol rojizo que cae al atardecer filtrado por una pátina de fina arena; es el inmenso Nilo que lo atraviesa en dos. Date un respiro entre tanta actividad en las arcadas de una de sus mezquitas medievales, todo un remanso de paz, o visitando el recién estrenado Museo Nacional de la Civilización Egipcia, un gran complejo situado en Fustat, 7 km al sur del centro de El Cairo.
Pirámides de Guiza. Son la única maravilla del mundo antiguo que sigue en pie, de ahí que se hayan convertido en uno de los itinerarios más populares en Egipto. Apenas separadas del bullicio de El Cairo por nuevas barriadas que hacen de nexo entre pasado y presente, su inmensidad y estratégica colocación sigue siendo un misterio tanto para arqueólogos como para turistas, quienes simplemente se dejan maravillar por la impresionante postal.
El complejo, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979, está formado por tres pirámides, siendo la de Guiza o Keops la más antigua de todas y oficialmente la única superviviente de las Siete Maravillas de la Antigüedad. En diagonal a esta se encuentran la pirámide de Kefrén –con la esfinge a poca distancia de ella– y la de Micerinos. De imprescindible visita son sus cámaras funerarias, aunque ya con solo ver la luz del sol incidir sobre ellas bastaría para contentarnos. Además, desde el acantilado que hay detrás de la tercera pirámide tienes una vista panorámica de las tres pirámides.
Abu Simbel. Originalmente situados donde la presa de Asuán y el adyacente al lago Nasser que, de no ser por la colaboración internacional para moverlos, habrían sido anegados junto con el resto de aldeas nubias, el Gran Templo de Ramsés II y el Templo Menor de Nefertari fueron excavados en la roca bajo el reinado de Ramsés II en el siglo XIII a.C. para conmemorar la victoria del faraón en la batalla de Kadesh. El cuadro que conforman las gigantescas figuras sentadas de Ramsés II son ya de por sí estremecedoras. Una vez atravesada su también imponente entrada con estatuas y relieves, o te pierdas su interior trufado de jeroglíficos ni la interesante perspectiva que se obtiene en barco.
Luxor. Dicen de este conjunto arquitectónico levantado sobre las ruinas de Tebas que es uno de los mejores museos al aire libre del mundo. Y motivos no le faltan. Puede presumir de contar con la mayor concentración de monumentos del mundo antiguo –hay incluso guías que afirman que reúne un tercio de todos los monumentos del mundo– y se merecería varias semanas de visita, aunque la mayoría de los turistas solo le dedica tristemente uno o dos días a la que fuera la antigua capital del país. Lo importante es poder pasear entre las columnas de los templos de Luxor y Karnak y subir a las tumbas de faraones, reinas, cortesanos y trabajadores que hay en la orilla occidental del Nilo.
Alejandría. La segunda ciudad en tamaño de Egipto es un libro abierto de historia antigua y moderna. De hecho, una de los principales atractivos que ver en Egipto –con permiso de sus templos y pirámides– es la Biblioteca Alejandrina, una nueva versión de la antigua biblioteca de Alejandría. Tampoco te pierdas sus numerosos museos, lo zocos de la parte antigua de la ciudad o los paseos que ofrece la Corniche.
El Nilo. Es la arteria que vertebra el país. Dicen que Egipto no sería lo mismo sin este río, uno de los de mayor recorrido del mundo. Navegar por sus aguas en un crucero es, además, una de las mejores formas de explorar gran parte de los yacimientos arqueológicos del país.
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