Imprescindible: tener en cuenta que para recorrer la península y sus playas necesitas un par de horas.
Dicen los santanderinos que su ciudad tiene la bahía más bonita del mundo. Pero Santander tiene mucho más. Vente a descubrir el Sardinero, a darte un garbeo por el paseo marítimo, tomarte una caña en el Faro de Cabo Mayor y a empaparte del pasado señorial de la capital cántabra.
Para algunos la zona más bonita de Santander que ver en un día, en la península de la Magdalena encontramos este recinto con jardines que conforman la que fuera residencia de verano del rey Alfonso XIII. Igual hasta reconoces algunos rincones, pues este distinguido enclave de la capital cántabra ha sido escenario de series como «Gran Hotel». Por lo demás, se puede visitar el interior del palacio, aunque lo que realmente merece la pena está en el exterior. Una vez reconocido el terreno, te invitamos a hacer el recorrido circular de la península para no perderte las fantásticas vistas de los acantilados y sobre las playas de Santander.
Imprescindible: tener en cuenta que para recorrer la península y sus playas necesitas un par de horas.
Icono donde los haya, el barrio de El Sardinero reúne algunas de las playas más turísticas y bellas de la ciudad, además de otros tantos edificios emblemáticos. Si te gusta caminar, merece la pena darse un paseo por las playas de El Camello, La Concha y La Primera y Segunda del Sardinero, atravesando joyas como Los Jardines de Piquío y sus maravillosas vistas sobre la Costa Cantábrica, hasta llegar al «Hotel Chiqui». En este agradable recorrido te cruzarás también con importantes edificios como el Gran Casino del Sardinero, la fachada del Gran Hotel del Sardinero o las famosas «letronas» de Santander con la playa del Sardinero al fondo.
Imprescindible: tomar una foto con las «letronas» de la ciudad con la playa del Sardinero de fondo.
Probablemente desconocida para muchos, esta cala situada en el Parque de Mataleñas, al final del sendero que sale detrás del «Hotel Chiqui», es uno de los tesoros más preciados por los lugareños. De arena fina y blanca, y aguas transparentes, este pequeño oasis se encuentra entre el Cabo Mayor y Menor, aislado de las rutas más turísticas, y se accede a él por una escalinata empinada. Si no te animas a bajarla, al menos merece la pena el paseo para ver las vistas desde lo alto. En los alrededores tienes además un campo de golf y, a unos minutos a pie, el faro del vecino Cabo Mayor.
Imprescindible: no olvidarse algo de beber y comer, ya que en esta playa no hay chiringuitos.
Si sigues por la misma senda que te ha llevado a Mataleñas, te toparás con uno de los nueve faros que tiene Cantabria. Situado entre acantilados y con unas sobrecogedoras vistas al Mar Cantábrico, puede presumir además de contar en sus inmediaciones con una de las mejores rabas de la costa. Por eso, una vez hayas hecho la foto panorámica de rigor, no puedes marcharte sin tomarte algo –si es al mediodía, acompáñalo con unas rabas– en la terraza que tienes justo al lado del faro. Es, sin duda, uno de los lugares preferidos por los santanderinos para tomar un aperitivo con vistas.
Imprescindible: si te pica la curiosidad, pásate por el Centro de Arte Faro de Cabo Mayor.
De vuelta en la ciudad, ni puedes dejar de visitar el centro de arte más innovador de la ciudad. Inaugurado en 2017, el Centro Botín ocupa un edificio futurista obra del galardonado arquitecto italiano Renzo Piano. Su similitud con una nave espacial hace que desentone algo en el entorno, pero lo cierto es que le da un aire moderno a la ciudad. Prueba de ello es que muchos jóvenes quedan en su zona de restauración o en la terraza para tomar algo en un ambiente «cool» y de paso, deleitarse la vista con la panorámica de la ciudad, si no eres de aquí.
Imprescindible: subir a su terraza por las escaleras exteriores para admirar las vistas.
Si te gustó el recorrido por la península de la Magdalena o por El Sardinero, el paseo por la bahía de Santander desde el Centro Botín hasta la Duna de Zaera tampoco te defraudará. Sobre todo, después de saber que la cántabra pertenece al «Club de las bahías más bonitas del mundo», una asociación internacional y marca comercial que reúne a las bahías más excepcionales del mundo. Durante tu paseo, no le pierdas la pista a la Grúa de Piedra, el Palacete del Embarcadero, el Edificio del Banco Santander, las esculturas de los Raqueros, Puerto Chico o el Palacio de Festivales.
Imprescindible: terminar el paseo en la Duna de Zaera, uno de los sitios más relajantes de Santander.
Volvemos a los Jardines de Pereda, donde el Centro Botín, para dedicarle una tarde a ver los lugares más destacados del centro de Santander. Cruzando al otro lado del Paseo de Pereda nos adentramos en su casco histórico, que si bien no conserva los edificios de la época medieval debido a un gran incendio a mitad del siglo XX, sí que nos regala lugares con mucho encanto como el Mercado del Este o el de la Esperanza, la Plaza Porticada o la Plaza del Ayuntamiento, sin olvidarnos de calles con mucha vida como la calle del Medio o la de Hernán Cortes.
Imprescindible: tomarse una caña o uno vino en la concurrida Plaza de Cañadio.
Si hay un lugar que reúna todo el encanto del casco histórico de Santander ese es este, el mejor mirador de Santander, el del Río de la Pila. Porque subir hasta él es gratis –basta con tomar el Funicular del Río de la Pila hasta la última parada– y porque una vez arriba, tendrás ante tus ojos una visión general de la parte vieja de la capital cántabra, la bahía y la Peña Cabarga. Por el camino te esperan algún que otro grafiti para amenizar la subida y no pensar en la bajada. En los días de nevada, los tejados blancos del centro de la ciudad competirán en protagonismo con el mar.
Imprescindible: armarse de paciencia y energía para ascender por las escaleras mecánicas hasta el funicular.
La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción reúne en realidad dos iglesias superpuestas, una del siglo XII y que sufriría la mayor parte de los daños del incendio de 1941 del que te hablamos antes, y otra parte del siglo XIV. Pese a todo, el estilo dominante es el gótico, y está construida sobre las ruinas de un antiguo yacimiento romano. No te pierdas la iglesia del Cristo, la que se encuentra en la parte baja, una especie de cripta desde la que se pueden apreciar estos restos romanos. Mucho más arriba, en su torre campanario, tienes el Centro de Interpretación de la Historia, con datos sobre la historia medieval de la ciudad.
Imprescindible: echar un vistazo a las vistas desde la torre campanario de la catedral.
Un plan ideal para ir con niños o cuando el tiempo no acompaña, el Museo Marítimo del Cantábrico cuenta con más de 3 000 metros cuadrados de exposición que se sumergen literalmente en lo más profundo de la biología marina, con modernos acuarios y exhibiciones que dan cuenta de la relación del ser humano con el mar a lo largo de la historia. Lo encontrarás en plena bahía, entre el promontorio de San Martín y la famosa playa de los Peligros. Los niños hasta cinco años entran gratis, y los domingos a partir de las 14 h, el acceso es libre para todo el mundo.
Imprescindible: infórmate sobre los talleres y actividades especiales para niños.