Curiosidad: su nombre completo es «Santo Templo Metropolitano de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza».
Una combinación única de tradición y modernidad, de multiculturalidad y arraigo, Zaragoza destaca, además de por la famosa Basílica del Pilar, por un legado mudéjar insólito y por una rica tradición de tapas en la famosa zona de El Tubo. Te invitamos a descubrir con nosotros sus lugares favoritos. ¡Acompáñanos!
Un buen punto de partida para conocer Zaragoza es la plaza del Pilar. Luego puedes tomarte unas tapas en el Tubo, la zona de bares de la capital maña, para terminar descubriendo tesoros como el Palacio de la Aljafería, la muralla romana o la Lonja. Vente, te lo enseñamos todo.
La Basílica del Pilar, situada en la plaza del mismo nombre, es uno de los iconos que ver en Zaragoza. Inexorablemente ligada a las festividades del Pilar, la patrona de la ciudad, la basílica es en realidad una iglesia barroca con el rango de catedral, que además comparte la sede del arzobispado con la catedral del Salvador –la Seo– de la que te hablaremos después. Te recomendamos encarecidamente que entres, porque su interior, dividido en tres naves, alberga tesoros como algunos frescos de Goya, un precioso retablo de Damián Forment, la Santa Capilla y el Coro, entre otros. Tampoco puedes perderte las vistas desde lo alto de su torre, a las que puedes ascender pagando una simbólica entrada.
Curiosidad: su nombre completo es «Santo Templo Metropolitano de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza».
Conocida como «la Seo», la catedral del Salvador, es el otro edificio religioso de Zaragoza que ver en un día, y que además se encuentra a escasos metros de la basílica, en la misma plaza del Pilar. Fue construida en el siglo XII sobre los restos de una antigua mezquita musulmana y el foro romano de Cesaraugusta, ahí es nada, y su estilo arquitectónico pertenece al mudéjar zaragozano, aunque conserva elementos barrocos, románicos, góticos y renacentistas. No te pierdas la fachada barroca de estilo clásico, construida en el siglo XVIII, la casa y Arco del Deán, situados justo detrás de la catedral, y el campanario barroco.
Curiosidad: dentro se puede visitar el Museo de los Tapices, con tapices de los que fueron reyes de Aragón.
«Caesaragusta», así fue bautizada la ciudad de Zaragoza por el emperador romano Augusto, fundador de la ciudad. De aquella época se conservan restos del foro romano que podrás ver en el Museo del Foro, –el primer hito de nuestra ruta– situado justo debajo de la Plaza de la Seo. La segunda parada en este recorrido para conocer el pasado romano de la capital maña es en el Museo del Teatro de Caeasaraugusta, sobre las ruinas de este gran teatro, con capacidad para hasta 6000 personas. Los otros dos museos que completan la ruta son el Museo de las Termas Públicas, en el que podrás hacer un tour virtual por las termas, y el Museo del Puerto Fluvial.
Curiosidad: Zaragoza fue fundada como una colonia romana en el año 14 a. C.
Otro elemento importante del legado romano de Zaragoza son sus murallas. Y nos referimos a ellas en plural porque en la actualidad, de los 3 km que llegó a tener este muro defensivo, hoy se conservan unos 80 m, repartidos en hasta cuatro tramos diferentes. El más largo se encuentra en la Avenida de César Augusto, a pocos metros de la basílica del Pilar, luego tienes otro en la zona de bares por excelencia –el Tubo–, que además incluye restos de la Puerta Cinegia, un tercer tramo al final de la calle el Coso, integrado en el Monasterio de la Resurrección, y un cuarto tramo, descubierto recientemente, en los sillares de lo que fue la Puerta de Valencia, también en la calle del Coso, y que aún no se puede visitar.
Curiosidad: en el tramo de César Augusto se pueden intuir los restos de lo que fueron los torreones.
Este tesoro del arte hispanomusulmán se construyó en el periodo de Taifas, en el siglo XI, bajo el nombre de «Palacio de la Alegría». Te sorprenderá por su similitud con la Alhambra de Granada, ya que de hecho, es junto al palacio granadino y a la Mezquita cordobesa, una de las tres obras que mejor se conservan de la época musulmana. Sufrió bastantes daños durante la Guerra de Independencia, aunque su reconstrucción posterior en el siglo XX ha sabido recuperar el encanto de antaño. Verás que sus patios con acequias y jardines te transportan a otra época. Tal es su belleza, que se ha ganado el reconocimiento como monumento patrimonio de la humanidad por la Unesco como uno de los ejemplos más destacados del mudéjar aragonés.
Curiosidad: actualmente acoge las Cortes de Aragón en su interior.
Otra de las paradas imperdibles en tu visita por el centro de la ciudad, La Lonja es un edificio de estilo renacentista inspirado en los palacios italianos –sobre todo florentinos– que fue lugar de reunión de mercaderes y centro del intercambio comercial de la ciudad. La entrada es gratuita y en su interior encontrarás unos techos alucinantes que no debes dejar pasar. Construido en el siglo XVI, hoy alberga algunas de las exposiciones culturales de la capital. El dato anecdótico lo pone un caballito que hay al lado, que se ha convertido en reclamo, sobre todo para los más pequeños.
Curiosidad: la escultura actual del caballito sustituye a la original, diseñada en madera.
Para quienes no lo conozcan, Pablo Gargallo fue un escultor aragonés muy influenciado por la corriente del Modernismo. Trabajó sobre todo materiales metálicos en sus esculturas, de las que destaca «El Gran Profeta», construida en bronce. Este singular museo, situado en la Plaza de San Felipe, en un palacio renacentista –la Casa de los Condes de Argillo– reúne una colección de sus dibujos, esculturas y documentación del que se ha denominado como uno de los escultores modernistas más destacados del siglo XX. Un recorrido por el museo te llevará a conocer sus primeras obras de mármol en el patio renacentista, para luego descubrirte en un documental la vida del aragonés y, por último, en las plantas superiores, mostrarte una representación de sus esculturas, incluida su famosa «Kiki de Montparnasse».
Curiosidad: tiene 5 plantas de colección permanente, 2 de exposiciones temporales y 1 sala de audiovisuales.
No te pierdas el momento del atardecer desde este puente del siglo XV sobre el río Ebro que cruza la ciudad; disfrutarás al ver caer el sol detrás de la Basílica del Pilar y no podrás parar de hacer fotos. Conecta la calle Don Jaime I, a escasos metros de la plaza del Pilar, con el barrio del Arrabal. Es, según dicen, el puente más antiguo de Zaragoza, ya que probablemente sus orígenes se remonten a la época de Caesaraugusta. Tiene una longitud de 225 m y siete arcadas que nos conducen hasta el balcón de San Lázaro, una plataforma desde la que tienes las mejores vistas de la Basílica del Pilar.
Curiosidad: el puente está custodiado en sus extremos por dos leones, símbolo del escudo de la ciudad.
Esta zona verde con jardines, lagos, fuentes, monumentos, kioscos y parques infantiles, es el segundo espacio verde más grande de Zaragoza después del Parque del Agua, del que te hablaremos a continuación. Recibe el nombre de un escritor zaragozano, aunque también se le conoce popularmente como «el Parque Grande». Se trata de un lugar ideal para pasar la tarde sin aburrirse, y un verdadero pulmón en mitad de la ciudad, con alrededor de 160 especies botánicas repartidas en 44 hectáreas. Puedes acceder a él fácilmente desde el centro –son apenas 20 minutos caminando–, aunque también puedes ir en tranvía o tomar el bus turístico que te deja allí. Otra opción interesante es ir paseando por el Canal Imperial de Aragón.
Curiosidad: dentro del parque tienes varios museos, alquiler de bicis y hasta un tren para niños.
Por último te invitamos a desplazarte hasta uno de los meandros del Ebro, al noroeste de la ciudad, para conocer el espacio que ocupó la Expo de 2008, dedicada al tema del agua y el desarrollo sostenible. Es el sitio perfecto para pasar un día cerca del río y visitar las exposiciones que se muestran en algunos de los edificios que formaron parte de la exposición mundial, sentarte en el banco más largo del mundo, conocer uno de los acuarios fluviales más grandes de Europa, asistir a los conciertos que tienen lugar en el recinto del palacio de congresos o el anfiteatro y, para rematar la jornada, refrescarte en el Parque del Agua de Zaragoza, el mayor parque urbano de la ciudad.
Curiosidad: en este parque encontrarás árboles típicos de la ribera, jardines acuáticos y una noria-reloj solar.
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