Rumbo de Viaje por el Mediterráneo: Qué ver en Nápoles

Como os hemos ido contando en las redes sociales, nosotros también somos unos amantes de los viajes, y esta vez hemos ido ¡#RumbodeViaje! Nos hemos embarcado a bordo de un crucero por el Mediterráneo, y hemos visitado Nápoles, Ajaccio (Córcega) y la región de Piamonte. Ahora, Blanca, de nuestro equipo de Social Media, os va a contar en primera persona lo que hemos visto y disfrutado en estos destinos.   Napolés, la capital de la región de Campania, posee una gran riqueza histórica, artística, cultural y gastronómica. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, está lleno de vida. He tenido la suerte de visitarla durante unas horas, y entender perfectamente, porque es así. Mi breve visita comenzó en el puerto, bajando del barco de crucero en el que viajaba. Enseguida noté ese encanto especial, un poco decadente, desordenado y ruidoso. El olor a pizza y a café. Nos dirigimos hacia la Piazza del Gesù Nuovo, con la iglesia del mismo nombre y su curiosa fachada. Plaza que da entrada a la calle más característica de la ciudad, Spaccanapoli conocida por este nombre (spacca en jerga italiana significa romper) porque entre las sinuosas calles de la ciudad, aparece esta línea recta que separa o “rompe” la parte antigua y la nueva de la ciudad de Nápoles.

Al pasear por Spaccanapoli pude observar la verdadera vida napolitana. Por todas partes, pizzerías, pastelerías deliciosas, tiendas de productos típicos, gente tomando espressos, bullicio y hasta un hombre que a gritos, acusaba de mafioso a otro que ni siquiera pasaba por ahí. Al mismo tiempo, es una zona muy turística, repleta de tiendas de souvenirs, donde por supuesto compramos el cuerno napolitano contra el mal de ojo, y digo compramos, porque solo te da suerte si te lo regalan, así que haciendo la trampa, yo se lo regalé a una de mis compis de viaje y ella a mí ;)

Después de callejear un rato llegamos a la Piazza Dante, en honor a Dante Alighieri, autor de la obra maestra la Divina Comedia y cuya estatua preside la plaza. En esta plaza empieza la Vía Toledo, una de las principales calles de Nápoles.

Al ir avanzando por la Vía Toledo desde Piazza Dante, ve atento a lo que te rodea. A la derecha, las estrechas y caóticas callejuelas del Quartieri Spagnoli o Barrio Español. Mirando hacia estas callejuelas tendrás una vista preciosa, ya que entre tanto jaleo de gente, banderas, anuncios, al fondo verás cómo se levanta la colina del Vomero con el Castillo de San Telmo en su cima.

Y a tu izquierda, no te puedes perder la Galeria Umberto I, una galería comercial construida a finales del siglo XIX, que en este momento estaba en obras, pero aun así se puede apreciar todo su esplendor.

Después de tanto andar, ya huele a comida por todas partes, pizza frita, (sí, frita!), pizza margarita, focaccia… ¡qué hambre! ¡Llegó el momento de reponer fuerzas! Yo no me puedo ir de Nápoles sin probar la pizza margarita, que estaba ¡buenísima!, parece mentira que algo tan sencillo pueda estar tan bueno.

Y no podía faltar el postre, un espresso acompañado de una sfogliatella napoletana, un pequeño milhojas de hojaldre muy típico de su gastronomía, y si es en el café más famoso de la ciudad, el Gambrinus, mejor que mejor.

Se nos acaba el tiempo y es hora de volver al barco. Un último vistazo a la plaza del Plebiscito y al Castel Nouvo y ¡arrivederci Napoli, espero que nos volvamos a ver pronto!

Nápoles desde el barco. ¡Arrivederci Napoli!

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