Imprescindible: no es mala opción tampoco reservar un tour o recorrer la ciudad en un bus turístico.
Todo comienza el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Una jornada muy especial para los romanos, en la que se rinde homenaje a la virgen y se da por iniciado el «Natale», la Navidad en Roma. Con la inauguración oficial del alumbrado navideño ya se pueden ver «zampognari» o gaiteros por las calles que representan a antiguos pastores, hoy parte indispensable del tradicional Belén napolitano. No dejes de pasear por calles como Via della Croce, Via del Babbuino, Via Frattina, Via Margutta y Borgognona, de admirar la iluminación de sus monumentos o de pasar por sus plazas más famosas como Piazza Navona, Piazza Venezia, la del Popolo, la Piazza di Spagna o la de San Pietro.
Precisamente en la ya mencionada Piazza Navona se encuentra uno de los belenes más llamativos de Roma, junto con el de Piazza di Spagna o Piazza del Popolo. Merece la pena también recorrer las innumerables iglesias repartidas por el centro para descubrir pequeños pesebres de menor envergadura pero igual encanto. Algunos de los imperdibles son los de la Basílica de Santa María Maggiore, la de Santa María in Via, la de Santi Cosma e Damiano o la de Santa María en Aracoeli. Otro plan ineludible si te gustan estas representaciones es pasarse por la exposición de acceso gratuito «100 presepi», ubicada bajo la columnata de Plaza San Pedro, con belenes de diferentes regiones de Italia.
Todos los caminos llevan a Roma en Navidad, en particular al castillo de «Babbo Natale», nuestro querido Papá Noel. Ubicado a 15 min en tren del centro, en el Castello Di Lunghezza, se encuentra la también conocida como «Casa de Papá Noel», un parque temático dedicado a la Navidad y a los más pequeños en el que podréis ver a Papá Noel entregarles las cartas a sus elfos, paseando en trineo e incluso entrando en la famosa cueva de la bruja «Befana», –su «rival» en la entrega de regalos». Un plan perfecto para pasar una Navidad en Roma con niños, la agenda del parque incluye también juegos y espectáculos en vivo.
Un incentivo más para visitar Roma en Navidad son sus mercadillos navideños. Especialmente el que ocupa cada año Piazza Navona, conocido popularmente como «il mercatino della Befana a Piazza Navona». Todo un espectáculo de puestecillos con productos locales y artículos de decoración a los que se suman un tiovivo, un bonito Belén y hasta la mismísima «Befana». Rivalizando en belleza y calidad, el mercadillo de Navidad de Piazza Spagna es otro de los clásicos de la Navidad en Roma. Otros más pequeños, pero con igual encanto, son los del barrio del Trastevere, el de Piazza Mazzini o Piazza Re di Roma.
Basta con «googlearlo» para descubrir que el concierto más famoso de la Navidad en Roma es el que se celebra para despedir el año en el Circo Massimo, un evento gratuito y multitudinario que reúne a grandes artistas y que merece la pena vivir una vez en la vida. Pero además de esta versión más «fiestera», hay toda una agenda de conciertos y coros de Navidad repartidos por las plazas más famosas –nuestra preferida es Piazza Navona–, o el lugares tan solemnes como los Museos Capitolinos, la Galería de Arte Moderno, el Museo de Roma o el Ara Pacis. Eso sin menospreciar los que se celebran en la catedral de Roma –Basilica de San Giovanni in Laterano– o en la iglesia de San Paolo Entro Le Mura.
Epicentro de la fe católica, en Roma –y sobre todo en el Vaticano–, las misas tanto de Nochebuena –popularmente conocida como la «Misa del Gallo» como el mensaje y la bendición que da el Papa Francisco el día de Navidad –referida por algunos como la bendición «urbi et orbi»– son reclamos ineludibles tanto para religiosos como para los que buscan vivir un acto de tradición en un lugar único. Una alternativa a estas misas multitudinarias son las misas del gallo que se celebran en las distintas iglesias de la ciudad. Especialmente bonita es la que se celebra en el Panteón de Agripa, a la luz de las velas, y con un pequeño coro.
Si eres de los que regala en Reyes, tus vacaciones de Navidad en Roma son un momento ideal para hacerte con los regalos de última hora para esas personas especiales, al tiempo que creas bellos recuerdos y vives una experiencia 100 % navideña y con mucho encanto en la «ciudad eterna». Si buscas regalos exclusivos, no hay mejor sitio que las calles aledañas a la Piazza Spagna, con sus tiendas de lujo. Algo más asequibles son las boutiques y tiendas en torno a Via del Corso o la zona de Prati / San Pietro. Los amantes de las antigüedades y galerías de arte se frotarán las manos en Via del Pellegrino, via Giulia, via del Babuino y via Margutta.
Más allá de darse un homenaje culinario en Nochebuena –con la cena «de los Siete Peces», a base de pescado y marisco– o el día de Navidad, –con el tradicional «abbacchio», un plato de cordero asado al que le precede un plato de ñoquis–, para disfrutar de la Navidad como un auténtico italiano tienes que reservar para el «cenone» de Fin de año o «San Silvestro», como se le conoce aquí a la última noche del año. La tradición dicta que hay que darse un festín que debe incluir un plato de lentejas con embutido de cerdo que, según la leyenda, da fortuna para el año venidero. Y para bajar la cena, nada como el ya mencionado concierto de Fin de Año del Circo Massimo o el del Fori Imperiali.
El archiconocido y artesanal «panettone» y su hermano gemelo el «pandoro» –similar, pero sin relleno ni frutos secos– o el «pangiallo» romano, un delicioso postre con miel, frutos secos y chocolate cuyo origen se remonta a la Antigua Roma, son solo algunas de las exquisiteces que copan los escaparates de pastelerías y cafeterías durante las semanas que dura la Navidad, endulzando el paladar de niños y mayores. No hay comida navideña sin «panettone» de postre, así como tampoco faltan en los días de más frío el vino caliente y las castañas asadas que se venden en los mercadillos y puestos callejeros.
Para despedir el año, nada como hacerlo con el buen hábito de hacer deporte. Eso –y pasar un buen rato haciendo turismo por lugares míticos de la capital romana– es precisamente lo que buscan los miles de participantes que cada 31 de diciembre –día de San Silvestre– se echan a las calles bajo el lema «We Run Rome». Ya solo el trazado merece la pena el esfuerzo. La carrera se inicia en Monti y pasa por gran parte del centro histórico romano, atravesando barrios como el Trastevere. Una semana antes tiene lugar otra carrera benéfica en la que, además del dorsal, los corredores llevan un gorro de Papá Noel.
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