Imprescindible: probar sus guisos, carnes de caza, verduras y casquería.
La ciudad del Pisuerga es sinónimo de buen comer, de buenos vinos, tapas y platos tradicionales, y también de cocina de vanguardia. El lechazo, las «patatas a la importancia» o la sopa de ajo son tan solo una muestra de su espléndida cocina. Te descubrimos los mejores sitios donde disfrutarla.
Este restaurante ubicado en el hoyo 9 del Club de campo La Galera (Valladolid) se escribe con nombre propio, el de su chef y epicentro del proyecto gastronómico, Dámaso Vergara. De cocina humilde pero técnica, moderna pero mirando de soslayo al recetario tradicional, la propuesta que encontrarás en este, uno de los restaurantes de Valladolid con mejor nombre y valoraciones –no en vano se encuentra en el «top ten» de los mejores restaurantes vallisoletanos según las reseñas de sus comensales– es de todo menos pretenciosa. Para muestra se su afabilidad y sencillez, es el propio Dámaso el que recita los platos del día que, en función de lo que le llega del mercado, prepara. No hay cartas, aunque sí un menú degustación que varía cada mes.
Cocina de esencia mediterránea en armonía con los productos de Castilla y León. Así se define la propuesta culinaria del restaurante que la chef Palmira Soler tiene en el centro de Valladolid. El local en cuestión está dividido en dos salas y plantas, una con barra y mesas altas dedicada al tapeo y otra con mesas bajas en las que se sirven los platos más elaborados de la chef, entre los que destacan sus arroces y demás creaciones en las que no faltan el toque de vanguardia, ni tampoco los guiños a su Alicante natal. Recomendado por la Guía Michelin, su comedor ha sabido incorporar además los productos castellanos con la maestría de quien ve en la fusión de matices una infravalorada virtud.
Para comer lechazo hay que venir a La Parrilla de San Lorenzo, uno de los restaurantes de Valladolid más afamado por su buen hacer en las brasas, por sus carnes y su dominio exquisito del producto castellano. Si a ello le sumamos su enclave, los bajos del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, del que hereda sus techos abovedados de piedra, sus pasillos laberínticos y los cuadros que adornan sus galerías, no podemos tener una visita gastronómica –y cultural– más completa y autóctona. Su plato estrella es, como no, el lechazo de Castilla y León con sello I.G.P, que garantiza su origen y calidad, asado a fuego lento en un horno de leña. Nada desdeñables son también los pescados de lonjas gallegas, las carnes de caza escabechadas o los chuletones a la parrilla.
Seguimos con restaurantes de categoría en ubicaciones con solera y tradición. Este en concreto es comedor y también «gin club», y se encuentra en las antiguas caballerizas del Palacio del Marqués de Castromonte, del siglo XV. Su entorno palaciego-renacentista y la decoración rústica-clásica imperante se complementa con la estética actual de sus platos, el carácter irreverente y curioso de su chef, Emilio Martín, y una propuesta gastronómica que destaca por su creatividad y vistosidad, cualidades que le han valido un Sol de la Guía Repsol. En su carta y menús degustación siempre encontrarás recetas estacionales como el «lingote de atún rojo del mediterráneo, berenjena asada y verduritas salteadas» o su archiconocido «risotto de boletus».
Situado en el corazón de Valladolid, a unos pasos de la catedral, este restaurante juega con el sentido metafórico del trigo como «oro de Castilla» para presentarse como una propuesta de valores románticos y esencia castellana que se define a sí misma como alta cocina castellana con una gran dosis de sabor, vanguardia y técnica. Víctor Martín –en los fogones– y Noemí Martínez –como sumiller y responsable de sala– llevan más de diez años llevando a lo más alto su pasión por la alta gastronomía de vanguardia, lo que les ha servido para brillar en el firmamento Michelin con una estrella. Como defensores de una cocina de proximidad, se abastecen además de los mejores productos de la región: verduras de Tudela de Duero, pichones de Tierra de Campos, castañas de Cacabelos... Su cocina pormete, y cumple.
En el mítico barrio vallisoletano de la Victoria encontramos el que sea probablemente el mejor sitio de Valladolid para comer pescado y marisco. Recomendado por la Guía Michelin, el restaurante de Paco Espinosa es un valor seguro en cuestión de productos de la mar, a pesar de no ser Valladolid puerto de mar. En su cocina de materia prima de calidad no solo tienen cabida los pescados y mariscos. Destacan igualmente los guisos caseros, los revueltos, los productos ibéricos, y arroces como los de bogavante, chipirones o boletus. Una variedad, la de su carta, que se traslada no solo a su distinguido comedor, sino a la barra que encontrarás a su entrada.
Llantén es uno de los restaurantes «Bib Gourmand» de Valladolid, digno merecedor de tal distinción de la Guía Michelin por la excelente relación calidad-precio de su oferta gastronómica. Mitad restaurante, mitad espacio para la realización y organización de eventos, se encuentra en la urbanización de Pinar de Antequera, en las afueras de Valladolid. Llaman la atención la estética de su enclave, un cortijo menorquín con bellos jardines, y una decoración de elementos naturales toscos que conservan todo el encanto de antaño. Bajo la batuta de Javier Simal –propietario y sumiller– y la astucia en los fogones de Jaime Ortega, su propuesta culinaria va de experimentación y tradición, de técnica y vanguardia. Sus platos exploran el recetario de Castilla y León desde un prisma honesto y creativo.
En este restaurante ubicado en la décima planta del Museo de las Ciencias de Valladolid, lo de la cocina de altura se lo toman muy en serio. Prueba de ello son sus valiosas vistas, pero sobre todo, su recetario de platos, obra de la genialidad de su mediático chef, Javier Peña. Su labor de recuperación de los platos tradicionales castellanos, a los que les da su particular toque canalla, ha tenido recientemente sus frutos en forma de Sol de la Guía Repsol. En la completa experiencia que ofrece el restaurante tienen un valor clave los ingredientes de km 0, las técnicas aprendidas por todo el mundo y un acertado respeto por el acervo gastronómico local.
Taller Arzuaga es un restaurante con estrella Michelin a pocos kilómetros de Valladolid en el que la unión terminológica que supone su nombre va más allá e implica la fusión conceptual de un comedor de alta cocina creativa con una bodega, la regentada por la diseñadora de moda Amaya Arzuaga, que tiene como resultado una experiencia, un éxito gastronómico, rodeado de los viñedos de la Ribera del Duero. En su sala, un espacio vanguardista donde el mundo de la gastronomía y del vino se dan la mano, se sirven las creaciones del reputado chef salmantino Víctor Gutiérrez, una propuesta de fusión en la que tienen cabida los platos más tradicionales del recetario castellano, con guiños propios de la cocina peruana que tan bien conoce su chef.
Su propio nombre lo indica: este rincón gastronómico situado en lo más alto de la escena «gastro» vallisoletana es pura alquimia. No lo decimos nosotros, lo dicen sus comensales, quienes con sus valoraciones lo han colocado en el «top ten» de los mejores restaurantes de Valladolid, así como la Guía Michelin, en la que se recomienda como «propuesta gourmet en el corazón de Valladolid». Lo cierto es que la suya es una alta cocina con una pizca de locura. Una visión disruptiva y atrevida de los platos de siempre, capitaneada por el chef Alvar Hinojal, enmarcada en un local de estética informal, con cocina vista y constantes alusiones al apelativo de «laboratorio» en forma de elementos moleculares, que dan sentido a su propuesta.