Imprescindible: contagiarse del duende y el arte granadino a través de sus espectáculos culinarios y musicales.
Con la majestuosa Alhambra como testigo, el centro histórico de Granada, el Albaicín y el Sacromonte, el Paseo de los Tristes y otro puñado de lugares más, esconden tesoros gastronómicos dignos de estrellas, soles y todo un firmamento de restaurantes en los que el buen comer es un arte. Descúbrelos.
Cocina granadina gourmet con vistas a la Alhambra y un taconeo de fondo que embruja. Esto es precisamente lo que te espera en este restaurante situado a la entrada de los jardines de la Alhambra de nombre folclórico y estética contemporánea, refinada y con personalidad. En su planta baja, un tablao flamenco deja claro la vocación artística de un lugar y un enclave, mágicos. Más arriba, en unos salones que miran a una de las grandes maravillas del mundo, se sirven creaciones de alta cocina que toman como punto de partida el recetario tradicional para vestirlo «de faralaes» en interpretaciones culinarias que rebosan sabor, actitud y presencia, y que le han valido recientemente un Sol de la Guía Repsol, y su entrada en la Guía Michelin.
Las vistas son también uno de los puntos fuertes de este singular establecimiento encaramado en todo lo alto del Centro Cultural Memoria de Andalucía, un espectacular edificio de unos 60 metros de altura. En su sala, abierta al «skyline» granadino, un ambiente moderno, espacioso y acogedor recibe a unos comensales dispuestos a probar la cocina de Álvaro Arriaga, quien, a partir de los productos y la materia prima de calidad local, trabaja los platos tradicionales, dándoles una interesante vuelta de tuerca. La suya es una carta escueta pero variada que no pierde de vista el calendario y que tiene como máxima la frescura y calidad de los productos que a diario llegan del mercado o la lonja.
En un aljibe del siglo XVII, junto al río Darro, y muy cerca de la Alhambra, encontramos este histórico restaurante que nos zambulle de lleno en la gastronomía granadina más auténtica. En un entorno único, el chef Ángel Rodríguez deleita a quien visita sus fogones con una cocina de proximidad y mucha creatividad en la que los sabores, las texturas y los colores danzan armónicamente en una sinfonía que encanta al paladar. Sus platos se presentan en diferentes menús –incluidos los infantiles– con recetas populares revisitadas como el «salteado de trigo al estilo alpujarreño con lomo de orza y huevo frito» o el «secreto ibérico caramelizado a la vainilla y vinagre de Jerez».
Un restaurante panorámico, de cocina contemporánea y unos jardines históricos. Esta es la carta de presentación de este establecimiento situado junto al famoso Mirador de San Nicolás, en el Albaicín granadino, rodeado de zonas verdes de agradable paseo y unas vistas envidiables a la Alhambra. Desde sus fogones reclaman una cocina honesta y equilibrada, que nace de unos productos de calidad y una mirada actual de los platos de la cocina tradicional. El resultado es una gastronomía de fusión, que sorprende con platos como la «lubina con puré de remolacha, calabacín y salsa de miso» o el «ceviche estilo granadino con bacalao, mango, cebolleta y naranja».
Puede que su cocina no sea la más vanguardista, ni la que más estrellas tiene, pero tampoco le hace falta. Ubicado en un enclave privilegiado enfrente de la colina de la Alhambra, pegadito al Mirador de San Nicolás, es uno de los restaurantes de Granada con más solera y tradición. Sus espectaculares vistas, combinado con una cocina de recetas clásicas pero bien elaboradas –y regadas con los vinos más famosos de la zona–, que van desde el tradicional salmorejo, impresionantes croquetas, chuletitas de conejo rebozadas en salsa chimichurri o incluso tajín o tartar de atún, lo convierten en un indispensable a cualquier visita al casco viejo de Granada. Su propuesta de cocina andaluza sin complejos, de calidad y presentación exquisitas es un éxito asegurado.
Toma nota de este nombre, y el de Lola Marín, la chef al frente de este restaurante de alta cocina, sostenible, consciente, de sentimiento, pasión y una propuesta gastronómica que va cambiando cada semana, en sintonía con el entorno, con la naturaleza. Una de las jóvenes promesas de la escena «gastro» granadina, su defensa de la cocina tradicional andaluza, de sus raíces, es, cuanto menos, loable, y digna de experimentar. No dejes de probar su pan de masa madre –elaborado cada día en su horno– mojado en su degustación de aceites, ni tampoco vinos autóctonos que no encontrarás en otro sitio. En su menú degustación te esperan delicias como el «calabacín de verano, brócoli y quisquilla de Motril» o el «bacalao “desalao”, callos y cebolla».
Llegamos a la propuesta «Bib Gourmand» de Granada, un local de estética limpia, luminosa, fresca y sin estridencias que recién estrena nueva ubicación y nueva sala más amplia. Aquí se cocina una propuesta gastronómica contemporánea que pone en valor el producto –andaluz– «para crear felicidad». Con esta pasión y emoción habla el chef, Raúl Sierra, de su cocina y su hogar, una casa de comidas de ambiente sencillo y cercano en el que la máxima es crear confort y que sus comensales se sientan en casa. Hay un menú degustación que va cambiando según la temporada y los productos disponibles, y en su carta encontrarás recetas tan originales como el «croissant relleno de rabo de toro son salsa bearnesa» o los «raviolis de quisquilla y perdiz en escabeche», servidas con impecable presentación.
En al Albaicín, a medio camino entre el río Darro y el mirador de San Nicolás, se esconde un oasis gastronómico en forma de vergel, de salones distinguidos e impactantes vistas sobre la Alhambra. Su propuesta culinaria es la de una cocina mediterránea que toma el aceite de oliva como hilo conductor y que persigue avivar los sentidos de sus comensales en un entorno único. Una trama de sabores, olores y texturas da forma a sus platos, en los que cada ingrediente, cada matiz, tiene el protagonismo que se merece. Entre bambalinas, su chef Jesús Pernía disfruta amistando ingredientes para crear un bocado extraordinario que haga disfrutar.
Alejamos nuestros pasos del centro histórico para toparnos con la sorprendente apuesta culinaria del chef Samuel Hernández, cuyo plato fuerte es el amor por la cocina, por la «liaçon» del producto tradicional con las técnicas más innovadoras y las presentaciones más ingeniosas. Todo ello con un maridaje perfecto: guiños a la cocina francesa a internacional que toman como base un producto ecológico fresco, local y de temporada, en su mayoría procedente de La Vega granadina. Algunas de sus creaciones más llamativas, incluidas en su menú degustación, son el «pan chino con coral de quisquilla», la «picaña ahumada con salsa tomatillo verde y cerveza negra» o el «aguachile de naranja». Merece la pena el viaje, gastronómico, claro.
En el Carmen del Agua, como se hace llamar este rincón en pleno Albaicín desde el que podrás comer con vistas a la Alhambra, aún se respira la herencia arábiga de la Granada moruna. Un lugar mágico en el que disfrutar de una gastronomía variada y actual, con una extensa carta de carnes y pescados en preparaciones tradicionales, y también las más imaginativas. Entrantes como el «lingote de foie micuit» o el «tartar de anguila ahumada», y platos principales como el «rape marinado» o el «solomillo de vaca rubia gallega» le darán sabor y corazón a veladas acogedoras en grupo o en pareja.