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Hace siglos las culturas del Mediterráneo decidieron encalar las paredes de sus pueblos mediante una combinación de cal, agua y arena a fin de permitir un impacto menos dañino del sol y refrescar el interior de sus casas. Desde el pueblo Sidi Bou Said, en Túnez hasta Oia, el pueblo de la isla griega de Santorini, este canon estético puede apreciarse en su mayor esplendor, si bien nosotros nos quedamos con la herencia cálida que suponen nuestros queridos pueblos blancos andaluces. Una comunidad que ha sabido potenciar su patrimonio cultural gracias a una Ruta de los Pueblos Blancos que surca 20 municipios repartidos entre Cádiz y Málaga y a la que nosotros añadimos nuestros pueblos blancos favoritos de Andalucía a fin de confeccionar una ruta propia para quienes quieran acercarse a estas tierras sureñas.
Rumbo.es te lleva por estos 7 pueblos blancos de Andalucía, lugares de agua y sombra, mucho más abordables de visitar en épocas menos calurosas.
Elegir un pueblo en particular del maravilloso Cabo de Gata, en Almería, puede ser una tarea casi imposible: la atmósfera portuaria de San José, el encanto hippie de Las Negras pero, especialmente, la vibra eco-chic de Agua Amarga. Situado a pocos kilómetros de la mítica Playa de los Muertos, Agua Amarga es un pueblecito cuyas casas encaladas esconden boutiques en sus jardines de buganvilla y las barcas de los pescadores ceden espacio a los bañistas. Una maravilla.
Quienes busquen temperaturas más fresquitas y ambiente hippie deben acudir a la Alpujarra granadina, microcosmos en el que el buen jamón, las jarapas y el color blanco forman una combinación simplemente deliciosa. Pampaneira es uno de los mejores exponentes de esta sierra gracias a unas paredes blancas de las que cuelgan sus típicas jarapas de colores y una plaza en la que se concentran los acordes de las guitarras, el aroma de un buen puchero y la Fuente de San Antonio, cuya placa incita a quienes busquen la buena fortuna en su matrimonio a beber unos sorbos de sus aguas.
Designado como pueblo más bonito del mundo 2016, Zuheros supone una alternativa a las rutas históricas y los patios de Córdoba enclavada en el corazón de la Sierra Subbética. Calles blancas en las que cuelgan los maceteros colmados de geranios, patios en los que la sombra y el agua confeccionan perfectos rincones de contemplación y un castillo que domina las calles de este pueblo son algunos de sus grandes encantos. A su vez, los amantes de la historia encontrarán su refugio predilecto en la Cueva de los Murciélagos, highlight arqueológico designado Patrimonio de Interés Mixto cuyo descubrimiento a finales del siglo XIX permitió descubrir parte de una Historia por neandertales y soldados romanos de los que aún se siguen extrayendo restos, vasijas y artilugios.
Cierta marca de lejía eligió una vez un pueblo cuya blancura pudiese representar a la perfección el efecto de sus productos, y aunque pocos recaigan en la asociación en un primer momento, el lugar elegido fue Maro. Situado a unos pocos kilómetros a pié desde otro obligado como es Nerja, Maro es un pueblo de blancura superlativa complementado a la perfección por la presencia natural del Parque Natural de Maro-Cerro Gordo, donde las cascadas caen sobre el Mediterráneo y playas naturistas como Cantarriján se convierten en paraísos para los amantes de la naturaleza.
La opción de pueblos blancos en Málaga es inmensa. De hecho, junto con Cádiz no se nos ocurre otra mejor opción a la hora de perdernos en estos paraísos blancos. Sin embargo, nosotros nos quedamos con Ojén no sólo por su posición privilegiada entre las sierras Blanca y Alpujata y su cercanía a Marbella, sino porque cuando un pueblo engloba un designio como el de la calle más bonita (calle Portón) según la Asociación Mujeres Jazmín y Ojeando y su festival indie es todo un referente en territorio andaluz, los motivos para perderse entre sus calles y degustar un mollete en una terraza son más que evidentes.
Los amantes de los pueblos blancos encontrarán en la provincia de Cádiz el mejor exponente de esta tipología viajera. Una larga lista en la que siempre sobresale Arcos de la Frontera, arrimado a unos contornos de la Peña de Arcos, declarado monumento natural de Andalucía. Situado en una posición estratégica, la antigua y gloriosa Taifa de Arcos es un laberinto de callejuelas blancas, catedrales en las que predomina el estilo mudéjar y terrazas con encanto en las que pararse a degustar unos garbanzos con tomillo, especialidad de esta tierra mestiza y elevada sobre un balcón desde el que tener todo el control de las tierras gaditanas.
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