Imprescindible: subir en teleférico a lo más alto del monte Dajti, en el parque nacional homónimo.
Tomar el sol con vistas a aguas turquesas, navegar por un lago rodeado de acantilados que postulan a ser fiordos, hacer una ruta por los «alpes albaneses» o empaparse del legado otomano de la que fuera «Corea del Norte» europea son solo algunos de los planes que hoy te proponemos.
Empezamos nuestra ruta por el país albanés por su capital desde 1920, Tirana, una de las primeras cosas que ver en Albania. Basta una visual de la ciudad para percatarnos de su legado comunista, de la represión vivida a causa de un régimen dictatorial que acabó con parte de su legado histórico. Etiquetada como caótica, nosotros preferimos verla como una ciudad vibrante que ha sabido sobreponerse a décadas de aislamiento gracias a una feroz apuesta por el carácter nacional, abierto y amigable, y por una férrea defensa de un pasado multicultural. Comienza tu visita por la plaza Skanderberg, en el corazón de la ciudad. Muy cerca de este espacio abierto dedicado al héroe por antonomasia del país se encuentra el Bunk’Art 2, un antiguo refugio nuclear hoy reconvertido en museo imprescindible para conocer lo vivido en el país en los últimos 100 años. Igualmente imperdible es su pequeño bazar rodeado de terrazas, el barrio de Blloku, la mezquita Et´hem Bey o las vistas desde el monte Dajti.
La también conocida como «ciudad de las mil ventanas» es el destino turístico más conocido del país, con permiso de sus paradisíacas playas, claro. Con una antigüedad de 2000 años, Berat nos observa desde lo alto de la ladera sobre la que se posa, impasible al paso del tiempo y de los pueblos que la han habitado, a través de sus «mil» ventanas. La postal típica de Berat, un puzle de casitas de piedra heredadas del imperio otomano, es un museo en sí mismo. Una amalgama arquitectónica en la que no faltan los minaretes de las mezquitas de la ciudad o una fortaleza del siglo XIII.
Y de una ciudad turística a otra igualmente atractiva declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Gjirokastra o «Gjirokaster» es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura otomana en suelo albanés. También llamada la «ciudad de piedra», es otro de los atractivos imperdibles que ver en Albania, por el imponente castillo medieval que la preside y las vistas que hay desde él, sus impresionantes casas y mansiones otomanas como las de Skënduli, Kadaré o Zetake o un pequeño bazar de postal con mezquita incluida, en cuyos alrededores merece la pena pasear de noche por la luminaria que ensalza su belleza.
Otra de las urbes destacadas que ver en Albania es esta, situada en el noroeste del país y una de las más pobladas. Capital de Albania antes de que lo fuera Tirana, es considerado por muchos el centro cultural del país, y además de un elegante centro histórico, cuenta en sus alrededores con la espectacularidad de su lago homónimo, de paisajes especialmente bellos al caer el sol. Date un paseo por su principal calle peatonal, la Rruga Kole Idromeno, acércate a su mezquita nueva para conocer una Albania diferente y, por supuesto, visita uno de sus principales atractivos, el castillo de Rozafa, de construcción principalmente veneciana con vestigios ilirios y romanos.
Pasear por el laberinto de puestos del zoco de esta ciudad a unos 28 km de Tirana es sumergirse por completo en la cultura turca de la que es hereditaria. En esta pequeña localidad, otra de los «must» que ver en Albania, se empezó a forjar la leyenda del héroe nacional. Hablamos de Skanderberg –originalmente Gjergj Kastrioti– ese señor que da nombre a las principales plazas del país, y que tuvo mucho que ver en la consideración de Albania como país. Y es que dicen que en su castillo encaramado en una colina se ondeó por primera vez la bandera del águila bicéfala sobre fondo rojo. No te pierdas las ruinas de este castillo, las de una mezquita entre murallas y visita su museo etnográfico –uno de los más importantes del país–, además del dedicado a Skanderberg.
Un poco más al norte, franqueando el paso a uno de los parques naturales en territorio albanés que dan cuenta de la riqueza paisajística del país –el Parque Nacional de Valbona–, encontramos este lago de aguas inverosímiles enclavado en un entorno igualmente asombroso. La mejor manera de explorarlo y de disfrutar de sus paisajes es navegando por sus aguas, bien en un barco turístico o en un trayecto algo más largo –unas dos horas– hasta el puerto de Fierze. Todo dependerá de tu próximo destino. Si continúas hacia Valbona, la segunda opción es la tuya. Si dispones de tiempo, una alternativa nada desdeñable es embarcarte en una aventura por el lago con destino final las aguas turquesas del río Shala.
Dentro de este parque nacional situado al norte del país, en la frontera con Montenegro, se encuentran nuestros dos siguientes destinos: el valle de Valbona y Theth, una de las poblaciones rústicas más bonitas del país. Dominado por la imponente presencia de los alpes dináricos –también referidos como los alpes albaneses–, este es un paisaje de grandes cumbres, praderas verdes, granjas, molinos de agua y arroyos azules dignos de perseguir. Un buen plan para explorar la zona es hacer la ruta de senderismo que une los pintorescos pueblos de montaña de Valbona y Theth a través del corazón de las montañas que los abrazan.
Así se denomina el fragmento de litoral albanés que da al Mar Jónico, una sucesión de playas casi vírgenes y paisajes para el recuerdo que te invitamos a recorrer por una serpenteante carretera que atraviesa joyas como la turística Sarandë, playas como las de Porto Palermo o Himarë y arenales con vistas a acantilados de infarto como los de la playa de Gjipe o la de Drymades. Sin olvidarnos de pequeñas «Berat» como Dhermi o Vuno. Y así hasta llegar a Ksamil, en el extremo sur de la Riviera Albanesa, y sus arenales llenos de lujosas tumbonas a precio de oro. Sin duda un paraíso que merece la pena disfrutar fuera de temporada alta.
Algunos de los lugares más impactantes de Albania se encuentran dentro del Parque Nacional de Butrinto, al sur del país. Aquí encontraremos, además de la mencionada Ksamil, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Albania: las ruinas de la antigua ciudad de Butrinto, el ejemplo más claro de la impronta de los diferentes pueblos que han ido habitando el país: desde torres venecianas a un graderío de origen romano, mosaicos o un ágora de la época helénica, un castillo o un museo histórico, en Butrinto las distintas capas de la historia de Albania se abren ante nuestros atónitos ojos. Otra interesante muestra del patrimonio arqueológico albanés es la ciudad griega de Apollonia, con su majestuoso Templo de Artemisa, del que quedan su fachada frontal y un conjunto de columnas corintias.
Nuestra primera recomendación si estás pensando en viajar a Albania en verano es que reserves con bastante antelación, ya que especialmente los destinos de la Riviera Albanesa suelen estar muy codiciados. Mención aparte merece el resto de tesoros repartidos por todo el país: a ellos, el turismo de masas apenas ha empezado a asomarse, con lo cual te será más fácil improvisar. Prepárate, eso sí, para reservar en casas de huéspedes, ya que los hoteles se concentran en la capital y algunas ciudades importantes. En cuanto a la gastronomía, es rica en influencias turcas, griegas e italianas. Disfruta de ella en algunos de sus numerosos cafés, restaurantes-granja e incluso puestos callejeros.
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