Imprescindible: Además de tomarte un refresco en su bar, podrás darte un masaje exfoliante en el otro «bar de mascarillas».
En honor al poema que dice que las rosas son rojas (que nos perdonen las blancas o rosas), te traemos los lagos azules más bonitos del mundo. ¿De qué color iban a ser si no? Te preguntarás. Te respondemos otro día. Ahora, prepárate para leer sobre aguas turquesas y celestes.
Atrás quedaron aquellas edades en las que creíamos que el agua era siempre azul, como el cielo... Hasta que ves que hay mares «verde agua» y de un «azul-casi-negro» y que los lagos suelen ser verdes. Pero que no decaiga la ilusión: aquí tienes 5 lagos que sí son azules.
Seguramente, la primera imagen que se te venga a la cabeza al leer este título es la de un lago celeste, con vapor saliendo de él y gente bañándose con la cara llena de barro blanco. ¡Bingo! Y es que la laguna azul de Islandia es la primera de muchos lagos azules con una belleza de esas que quedan grabadas en la retina. Ubicado a unos 50 kilómetros de la capital, Reikiavik, es en realidad un lago geotermal artificial que aprovecha las virtudes de las sales de silicio, el azufre y las altas temperaturas (38 º) que procura una vecina central geotérmica. Está construido sobre un campo de lava y cuenta con hotel, restaurante, bar en las propias piscinas y cascadas hidrotermales, tumbonas y una sauna de vapor. Imprescindible reservar con bastante antelación.
Imprescindible: Además de tomarte un refresco en su bar, podrás darte un masaje exfoliante en el otro «bar de mascarillas».
Y de un rincón del Planeta nos vamos a otro, concretamente al Parque Nacional de los Lençois Maranhenses, al noreste de Brasil. Allí, la estación de lluvias que transcurre de enero hasta julio da lugar a la formación de unos singulares lagos de los que el «Lagoa Bonita» y «Lagoa Azul» son los más visitados por su variedad crómatica entre turquesa y verde. De hecho, es una de las grandes atracciones de la visita a este impresionante mar de dunas, que suele consistir en una excursión en 4x4 por este espejismo de terrones de azúcar que embalsan agua caprichosamente. Pero no es la única laguna azul de este vasto país, en Ilha Grande se encuentra otra de las más famosas. De fondo arenoso y aguas mayormente azules, está ubicada entre dos islotes, rodeada de otras tantas playas de turquesas igualmente bellos.
Curiosidad: es probable que si visitas los «lençoes» de diciembre a enero-febrero, algunas lagunas estén secas.
En Oregón, Estados Unidos, encontramos otra de las acumulaciones naturales de agua más impactantes del mundo. Hablamos del conocido como «Lago del Cráter», que recibe este nombre precisamente porque nació de una erupción sucedida hace miles de años que acabó destruyendo la montaña y tragándosela, dando lugar a este, uno de los siete lagos más profundos de la Tierra. Un lugar sagrado para los indios del lugar, este lago tiene numerosas particularidades, como son las dos pintorescas islas que lo pueblan, la existencia de un leño de cicuta que al parecer lleva flotando en sus aguas más de 100 años –hay quien le ha puesto el sobrenombre de «Viejo del lago» o que, en invierno, cuando se cubre de blanco, se puede atravesar caminando con raquetas y hasta esquiar por los acantilados y laderas que lo rodean.
Curiosidad: se trata del lago más profundo de los EE. UU., el segundo de Norteamérica y el noveno del mundo.
De lago más profundo de Estados Unidos nos vamos al más azul de Nueva Zelanda. Teniendo en cuenta que este país tiene más de 4000 lagos que cubren toda la gama de azules y verdes, eso es todo un logro. Quédate con su nombre: Tekapo, sobre todo si eres amante de la fotografía, porque su estampa turquesa rodeada de lilas, enmarcada por el blanco de sus montañas nevadas y rematado por una idílica parroquia a pie de agua, promete. Ubicado en la isla sur neozelandesa, su color turquesa se debe a las partículas del glaciar colindante que flotan en sus aguas. No te pierdas la estampa de la Iglesia del Buen Pastor a orillas del lago, y si tienes ocasión, acude a uno de los servicios para maravillarte la vista con lo que esconde la cristalera detrás del altar.
Imprescindible: A pocos kilómetros, el lago Pukaki le hace la competencia con una mayor extensión y un agua igual de turquesa.
Este lago perteneciente al Parque Nacional de Banff, en Canadá, es otra prueba más de que el adjetivo «azul» se queda corto para describir un color. Rodeada por bosques y de un color turquesa casi imposible, esta maravilla es una impactante puesta en escena de la naturaleza. Se trata de un lago glaciar a unos 2000 m sobre el nivel del mar que debe su color al progresivo desgaste de los ríos y glaciares durante el deshielo. A pesar de encontrarse en plenas Montañas Rocosas, su visita es relativamente fácil: es una de las paradas más destacadas de la Autovía 93, una carretera que nos pasea por los glaciares más impresionantes de esta parte de Canadá. En este mismo desvío verás las indicaciones del paseo hasta su mirador.
Imprescindible: Pese a lo grandioso de su paisaje, sus dimensiones no lo son tanto: tiene unos 5 km cuadrados.
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