Copacabana e Ipanema son, de largo, las dos playas más conocidas de todo Brasil, uno de los destinos turísticos más visitados todos los veranos y que este año no se librará de la avalancha de turistas. Río será la capital del deporte mundial durante las dos semanas que duren los Juegos Olímpicos (del 5 al 21 de agosto), y seguro que deportistas y aficionados aprovechan para hacer una escapada a las paradisiacas playas brasileñas. Estas son las 10 mejores, prepara tu viaje a Brasil y disfrútalo.
Empezamos precisamente en Río, en una de sus playas menos conocidas para espectacular con sus2,5 km. agrestes, verdes y de aguas transparentes. No hay puntos comerciales, todavía no se ha masificado y, junto a la vecina Prainha (reducto de surfistas) forma parte de una reserva ambiental.
6 km. de arena blanca y fina, protegida por las palmeras y bordeada por los ríos Formoso y Arikindá. Acceder a esta playa situado en Pernambuco es difícil, pero compensa. Su nombre se debe a la espuma que forman las olas al chocar contra las barreras de coral; y cuando se va la marea aparecen las piscinas naturales, ideales para hacer snorkel.
Prácticamente la totalidad de la ciudad está en una isla, pero lo llamativo son los contrastes entre sus playas, todas ellas muy recomendables: la Praia dos Ingleses, de carácter familias; Jurerê Internacional, con sus mansiones de lujos; Moçambique y Mole, ambas con sus surfistas, la semidesierta Dos Naufragados; Lagoa de Conceiçao, conocida por su vida nocturna o Ribeirao da Ilha, donde podemos comernos las mejores ostras.
A unos 80 km. de Florianópolis nos encontramos con esta playa, que en los últimos años ha experimentado un gran aumento de visitantes. Aún así merece la pena pasarse por esta playa de vegetación apretada, lagunas escondidas y un centenar de posadas que le dan un aspecto de pueblecito ideal para relajarse y desconectar. La conciencia ambiental tiene especial valor en esta playa.
Llegar hasta aquí es toda una odisea: si no te puedes permitir la avioneta debes pasar 6 horas en autobús desde fortaleza y completar los últimos 20 km. en una jardineira, arrastrada por un tractor entre las dunas. Pero la odisea vale la pena, sobretodo quedarse un par o tres de días. Es obligado ver la puesta de sol desde la duna del por-do-sol, y también es recomdable visitar las aldeas de Preá y Tatajuba. La única pega es el éxito que tuvo a partir de su inclusión en la lista de las 10 mejores playas del mundo del ‘The Washington Post’.
También en el estado de Ceará encontramos esta espectacular playa, de más fácil acceso que “Jeri”,reducto hippie en los años 70. De hecho, ellos fueron sus descubridores y todavía conserva esa mística que tienen los pueblecitos marineros, las rocas milenarias y el legado indígena. Puedes hacer de todo, desde aprovechar unas olas perfectas para el surf hasta recorrer sus dunas en buggie, sin olvidar la siempre animada vida nocturna.
Nos vamos ahora hasta Pipa, en Rio Grande do Norte, al nordeste del país, no muy lejos de las dos playa anteriores. Allí nos sorprende esta playa dominada por unos personajes muy especiales: los delfines, que pronto llaman la atención de los bañistas con sus saltos y cabriolas. Es una playa tranquila, de arena dorada, con un entorno verde y agreste y un tranquilo oleaje.
De vuelta al estado de Río, nos quedamos con esta isla, una de las 365 que conforman el municipio de Angra dos Reis. Y si hay que elegir, nos vamos a la Praia Lopes Mendes, una playa de arena blanca y dura -hasta se puede ir en bici- paraíso de surfistas. Nos es muy profunda, el agua es transparente, a tonos verdes y azules y, por si fuera poco, cuenta con un río natural y bastantes zonas de sombra. Por si fuese poco, hay senderos para pasear por la selva y se puede visitar una antigua capilla.
Si se conoce como “la Polinesia brasileña”, será por algo. Esta playa situada en Bahía fue en su día una aldea de pescadores, y ahora es una reserva ecológica del Parque Sapiranga, además de una de las playas favoritas de los brasileños. Eso sí, no ha perdido su encanto añejo, donde cocoteros, dunas, ríos o aguas transparentes contrastan con hoteles y restaurantes, perfectamente integrados en el paisaje. El paraíso del ecoturismo.
Acabamos en Fernando de Noronha, un archipiélago en medio del Atlántico, a más de 350 km. de la costa brasileña al que solo se puede llegar en avión desde Natal o Recife. Cualquiera de las playas de la isla principal -la única habitada- es ideal para disfrutar del buceo debido a la claridad y riqueza de sus aguas, pero Baia do Sancho es especial. Se llega en avioneta o a través de un sendero que recorre rocas gigantes y acantilados -hay que estar bien físicamente-, y sus aguas son turquesas y cálidas, prácticamente sin olas.
Estos solo son 10 ejemplos, pero como siempre esperamos tus propuestas y que nos hables de tu experiencia en las playas brasileñas en los comentarios. Fotos: Marinelson Almeida - Traveling by Brazil, Os Rúpias, Papa Pic, Andreia Reis, M.J.Ambriola, Roberto Faccenda, Otávio Nogueira, Rafael Vianna Croffi, Fabiano Rodrigues, Almir de Freitas
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