Imprescindible: no perder de vista a los niños, ya que su orilla cuenta con un gran desnivel y no se hace pie.
El nombre de Cabo de Gata va inevitablemente ligado al del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y es sinónimo de tesoros salvajes que han dado fama a este lado de la costa almeriense, un auténtico paraíso que cada vez disfrutan más personas, y no solo en verano.
Hoy te invitamos a conocer un espacio natural protegido, el del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y sus playas vírgenes y pueblos marineros. Descubre con nosotros los arenales con más encanto, desde la famosa playa de los Muertos a la de Genoveses o Las Negras. ¿Tienes listo el bañador?
A mitad de camino entre Agua Amarga y Carboneras se encuentra la que probablemente es una de las playas más famosas del Cabo de Gata. De alrededor de un kilómetro de longitud, la de Los Muertos es una playa natural compuesta en su mayoría por cantos rodados, lo que hace que sus aguas sean más cristalinas y azules de lo habitual. Esto la convierte en un enclave perfecto para llevarte tu equipo de esnórquel y disfrutar de sus fondos marinos. El suyo es además uno de los arenales más agradables de las playas en Cabo de Gata, ya que su arena es mucho más fina de lo habitual y se despega muy fácilmente.
Imprescindible: no perder de vista a los niños, ya que su orilla cuenta con un gran desnivel y no se hace pie.
Una de las mejores playas de Cabo de Gata es la de los Genoveses, una playa virgen de dunas de arena fina ubicada en un paraje natural sin carreteras ni edificaciones que enturbien la vista y que conforma una de las bahías más bonitas del parque natural. De un kilómetro de longitud más o menos, en la parte norte de la playa, encontramos una pequeña zona de bosque con sombra que viene estupendamente para resguardarse del sol en los días de más calor. Cuando el viento arrecia, lo mejor es quedarse en el sur de la playa, ya que está más protegida.
Imprescindible: llevar contigo todo lo que vayas a necesitar, ya que no encontrarás en ella ningún chiringuito o bar.
Reconocible por su arena más oscura y su duna, esta playa virgen ha sido escenario de bastantes pelis famosas, como «La historia interminable», «Lawrence de Arabia» o «En busca del arca perdida». No es muy extensa –apenas 300 m de largo y 50 m de ancho–, así que lo que la hace especial son las formaciones rocosas de origen volcánico como la conocida como «peineta de Mónsul», que divide visualmente en dos su oscuro arenal, así como la gran duna de arena más clara que custodia la ensenada. Recuerda que aquí no tienes ningún tipo de servicio, al tratarse de una playa natural, así que llévate todo lo que vayas a necesitar para echar el día.
Imprescindible: tener en cuenta que el aparcamiento se encuentra a cinco minutos caminando de la playa.
Muy cerca del pueblo de Agua Amarga, a 3 km de Las Negras y a continuación de la también famosa Cala de Enmedio encontramos esta playa de 200 m de longitud y un arenal que combina rocas con una orilla de arena cada vez más fina. Apenas tiene desnivel, lo que la convierte en una playa idónea para familias con niños. El acceso es bastante sencillo, con unos 7 km de carretera sin asfaltar que recorre la Rambla del Plomo, un pequeño oasis de vegetación con palmeras, olivos y bancales en el que te toparás con el Cortijo Fortificado de la Rambla del Plomo, construido para proteger a los campesinos de los piratas.
Imprescindible: visitar la Cala de Enmedio, una playa recóndita de arena muy fina y dorada sin una sola piedra.
Aguas turquesas, un manantial de agua potable que ha dado lugar a un frondoso vergel, un entorno subdesértico y el último asentamiento «hippy» del país. Hablamos de una de las playas más hermosas de Cabo de Gata: la Cala de San Pedro. De apenas 200 m de arena fina, y rodeada por formaciones rocosas que crean pequeñas piscinas naturales, este paraíso a pocos de kilómetros de Las Negras está conectado con la población más cercana por un camino de tierra que supone 45 minutos a pie, o bien un trayecto de unos 10-15 minutos en barco desde la playa de Las Negras.
Imprescindible: visitar las ruinas del castillo de San Pedro, junto al que se encuentra una fuente de agua natural.
A unos 4 km del pueblo de Rodalquilar se encuentra esta playa familiar de arena fina y dorada, y aguas tranquilas y poco profundas. De unos 400 m de longitud, el conocido como «playazo» por su extensión superior al resto, está delimitado a un lado por varias montañas y al otro, por el Castillo de San Ramón, construido sobre una duna fosilizada y desde el que tienes unas estupendas vistas de los acantilados del lugar. Si has llegado hasta aquí, igual te apetece saltar desde uno de los promontorios, como muchos de los lugareños. Y si bajas por la duna, verás que hay una pequeña cala resguardada del viento, ideal para tomar el sol.
Imprescindible: llevar cangrejeras si te animas a pasar del playazo a las calas por las rocas, y de paso, ver algún pulpo.
Ubicada en el pueblo del mismo nombre, esta playa de 850 m de longitud se llama así por las piedras negras que encontrarás diseminadas por su arenal. Al estar en pleno centro del pueblo, cuenta con todos los servicios y tiene un acceso muy sencillo, incluso para personas de movilidad reducida. Si miras a un lado y a otro de la playa, te darás cuenta de su origen volcánico. De los dos cerros que la rodean, el más característico es el Cerro Negro, en la parte de levante. Otra de las postales de Las Negras la conforman las barcas de pescadores que comparten espacio con hamacas y sombrillas.
Imprescindible: aprovechar que estás en la playa para hacer una escapada en barco a la Cala de San Pedro.
Para muchos la playa más salvaje y solitaria del Cabo de Gata, la Cala Rajá –también conocida como la playa «Del Dedo» por un arrecife con forma de dedo situado enfrente–, es quizás la playa con el acceso más complicado del parque, de ahí su singular belleza. Tiene poco más de 120 m de longitud y se encuentra en una zona protegida, rodeada de acantilados y con praderas de algas posidonias a pocas millas de la orilla, con lo que es un sitio ideal para practicar esnórquel o buceo, ya que hay bastante vida marina. Su arena es alegría para tu piel y sus aguas, puro cristal.
Imprescindible: llevar calzado antideslizante para descender los 150 m de bajada con desnivel de su acceso.
De arena fina, negra y agradable, esta playa totalmente virgen perteneciente al término municipal de San José tiene unos 250 m de extensión y es frecuentada sobre todo por personas naturistas. Al ser su acceso algo más complicado que los demás –no se llega en coche, sino caminando por un sendero desde El Mónsul–, nunca suele estar demasiado abarrotada. Si te animas, hay un camino que va bordeando las formaciones de lava que la rodean y que te llevan a pequeñas y hermosas calas de los alrededores. Como era de esperar, no cuenta con ningún servicio, con lo que tendrás que llevarte al menos agua y algo de comida si vas a pasar el día.
Imprescindible: hacer la ruta de calas que sale de Los Genoveses y que va bordeando otras interesantes calas.
Ubicada entre San José y la Isleta del Moro, la playa de los Escullos o playa del Arco, de unos 350 m de extensión, destaca por contar con una de las dunas fósiles más grandes del parque natural, situada concretamente en su margen derecho. Cuenta con arena fina y agradable, es de fácil acceso –en los alrededores hay un camping y un hotel– y a uno de sus lados tienes el castillo de San Felipe, en perfecto estado de conservación. Pasada su famosa duna, encontrarás distintas calitas conocidas como Calas del Embarcadero, muy apreciadas por los amantes del buceo por sus ricos fondos marinos.
Imprescindible: explorar las calas que encontrarás por la carretera paralela a la costa, como la de la Piedra Galera.
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