Una de las principales ventajas a la hora de visitar Washington reside en la concentración de gran parte de sus monumentos importantes en la explanada conocida como National Mall. Uno de los más idealizados es el Lincoln Memorial, situado no lejos de la Cuenca Tidal formada por el río Potomac y envuelto en nubes de cerezos cada primavera. El Lincoln Memorial tiene influencias griegas y luce una gran escultura del famoso presidente que abolió la esclavitud enlazando sus instalaciones con el Jefferson Memorial y el Martin Luther King Jr. Memorial, donde el pastor y activista de color pronunció su famoso “Yo tengo un sueño” hace más de cincuenta años. Recomendable de visitar de noche, este es uno de los muchos "memorials" que podréis encontrar al oeste del National Mall, donde también lucen otros como el de la Segunda Guerra Mundial o el de la Guerra de Vietnam, el más anexo al de Lincoln.
Completando la L nos topamos con el tercer monumento de la "Trinidad de Washington": el Capitolio, edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos y uno de los mejores ejemplos de arte neoclásico de la Costa Este. Como curiosidad, su entramado de paseos, jardines y fuentes forman desde las alturas la silueta de un búho sentado sobre una pirámide, símbolo Illuminati que confirma los muchos misterios en torno al que es uno de los grandes obligados de la ciudad.
A pesar de la inyección de patriotismo que supone visitar todos los monumentos anteriores, Washington es mucho más que eso: es unión, contrastes y globalización; prueba de ello son los muchos museos que conviven en las cercanías de Independence Avenue. Uno de los más destacados es el African Art Museum, en el que se exhiben desde instrumentos musicales de blues sureño hasta muestras e la documentación que concedía la libertad a los esclavos, pasando por el Indian American Art Museum, enfocado al arte nativo, o el del Holocausto. Si queremos deleitarnos con una muestra de arte patrio, la Washington National Gallery es el más propicio de los museos de la ciudad.
Washington no se compone solo de mármol, cúpulas y obeliscos sino también de naturaleza, y el mejor ejemplo lo conforman los muchos jardines botánicos repartidos por la ciudad, entre ellos el más famoso, el Hillwood Gardens Museum, adquirido por la empresaria Marjorie Merriweather Post en 1955. En su mansión de estilo sureño se alberga la mayor colección de arte ruso situada fuera de su país de todo el mundo, varias muestras de arte decorativo francés y hasta veinticinco acres de jardines en los que conviven desde muestras de arte frutal hasta una colección de orquídeas que en marzo adquiere todo su esplendor.
Concebido como una casa de representaciones en sus inicios, el Ford’s Theatre, al este de la Casa Blanca, fue el teatro en cuyo palco presidencial Abraham Lincoln sería disparado en 1865 por el actor John Wilkes Booth, siendo trasladado inmediatamente a la anexa Petersen’s House, la cual alberga actualmente una bodega de vinos australianos abierta durante los 7 días de la semana. Si pasáis por aquí, a unos metros también encontraréis el curioso Spy Museum.
Río arriba, por llevarle la contraria a Pocahontas, desde el National Mall, nos topamos con la isla nombrada en honor al presidente que estuvo al frente de la nación durante la Segunda Guerra Mundial, salpicado en mitad del río Potomac. En la misma se erige una estatua de Roosevelt y la mansión adquirida por la familia Mason hasta abandonar la isla en 1831. El perfecto pulmón en el que descansar tras una visita por la ciudad.
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