Imprescindible: desplázate hacia el histórico barrio del Portiellu, en uno de los extremos del casco viejo.
Elegante y señorial, pero afable y cercana. De origen marinero, pero preñada de palacios, casonas y distinguidas plazas. Ribadesella, «la niña bonita de Asturias», invita al paseo, al disfrute de la naturaleza, a la descarga de adrenalina. Durante todo el año. Descubre Ribadesella más allá de su descenso del Sella.
Comenzamos nuestra ruta por el casco viejo de Ribadesella, un entramado de calles empedradas y peatonales de trazado medieval salpicado de galerías acristaladas, balcones en voladizo, techos abuhardillados y fachadas con escudos nobiliarios y soportales. Nos situamos en la Plaza de la reina María Cristina, donde se encuentra uno de los primeros atractivos que ver en Ribadesella, el Palacio de Prieto Cutre –del siglo XVI–, una de las edificiaciones más antiguas de la localidad, y sede actual del ayuntamiento. En nuestro camino hacia la iglesia de Santa María Magdalena, la iglesia más conocida de la villa por las valiosas obras pictóricas que esconde su interior, pasamos delante de bellos edificios con soportales como el de la Casa Ardines. No les pierdas ojo.
Imprescindible: desplázate hacia el histórico barrio del Portiellu, en uno de los extremos del casco viejo.
Situada en la parte alta del barrio del Portiellu, esta colorida escalera es ya un reclamo turístico más que ver en Ribadesella en un día. Adornados con máximas y motivos inspiradores y motivacionales, sus 56 peldaños nos llevarán hasta un lugar privilegiado desde el que admirar esta villa marinera. Se trata del conocido como Mirador de la Cuesta, uno de los imprescindibles en el pueblo. Las vistas, ya las puedes imaginar: un mar de tejados rojizos en el que sobresalen las dos torres de la iglesia de Mª Magdalena, alguna que otra fachada colorida de edificios señoriales, el puerto y de fondo, el azul del Cantábrico.
Imprescindible: acércate a la Plaza de la Atalaya para ver las casas tradicionales que la adornan, como la del Pixuecu.
Continuamos por la calle Atalaya siguiendo el olor a mar. Por el camino, maravillosas casas de indianos nos saludan al pasar, mientras que la torre de la Atalaya, –una torre medieval envuelta en una enredadera– lo hace desde el otro lado del parque de la Atalaya. Y así, hasta que nuestros pies dan a parar a la arena de la playa que hace honor a esta torre defensiva y el verdor que la rodea. Uno de los balnearios y «soláriums» oficiales de la localidad, aquí podrás disfrutar de un baño al abrigo de las rocas y pedregales por los que se extienden sus sucesivas calas.
Imprescindible: bañarte en una de las pozas naturales que se forman en las calas escondidas de esta playa.
Uno de los símbolos más admirados y reconocidos de Ribadesella, esta pequeña iglesia de paredes encaladas se encuentra en lo más alto del monte Corberu, un promontorio al que podrás llegar ascendiendo por la calle del Corbero Guía que parte junto a la torre de la Atalaya. Originaria del siglo XVI, ha sobrevivido a numerosos incidentes a lo largo de los años, y conserva en su interior una capilla renacentista de finales del siglo XVI con la imagen de la virgen de Guía, patrona de los marineros. Pero lo que más te llamará la atención serán las vistas sobre la desembocadura del río Sella, la playa de Santa Marina y el mar Cantábrico.
Imprescindible: date una vuelta por los alrededores para ver los tres cañones de la Guerra de la Independencia.
Ribadesella es la villa de los tres paseos: el del Muelle –o Princesa Letizia–, el de la Grúa –que ahora nos ocupa– y el de los Vencedores del Sella, del que te hablaremos después. El primero de ellos, llamado así porque la ahora reina pasaba sus veranos aquí, es una postal de escenas marineras en la que no faltan los pesqueros atracados, los veleros y las piragüas al otro lado de la ría. Pero para llegar hasta él debemos atravesar antes el de la Grúa, un sendero que transcurre paralelo al río Sella y que es el vivo retrato del pasado indiano del pueblo. Aquí la brisa del mar evoca las despedidas de quienes partían rumbo al océano en busca de un futuro próspero. Una historia y un legado que el artista Mingote ha sabido plasmar perfectamente en los seis paneles que hay repartidos por todo el paseo.
Imprescindible: fíjate en la «Fuentina» o «Fonte del Cay» que abastecía de agua a los buques que allí atracaban.
Ponemos ahora rumbo al tercer paseo del pueblo, pero antes hacemos un pequeño desvío por el puente que cruza la ría para darnos un baño de glamour. Tenemos curiosidad por conocer otro de los reclamos más importantes que ver en Ribadesella, Asturias. Hablamos de la playa de Santa Marina y su elegante paseo, una colección de palacios y casas que asoman al mar, y que dan cuenta de la gloriosa época que se vivió en esta urbanización balneario, el lugar al que acudían las clases más pudientes a tomar el sol y bañarse, y la que se dice, fue el germen de la Ribadesella más turística y vacacional.
Imprescindible: llegar hasta el final del paseo para contemplar las vistas desde el Mirador de la Punta del Pozu.
Emblemático donde los haya, este agradable paseo transcurre a la vera de la ría del Sella y es un claro homenaje al evento deportivo que ha puesto a Ribadesella en el mapa internacional: su famoso descenso del Sella o «Les piragües», en asturiano. Celebrado el primer sábado de agosto, este multitudinario reúne a miles de visitantes venidos de todo el mundo dispuestos a pasar un divertido día en la naturaleza, en el que la adrenalina y el agua se reparten el protagonismo. La única en Asturias que ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, la fiesta se hace extensible a las calles del pueblo, por las que los pasacalles y los ríos de sidra campan a sus anchas, animando el ambiente.
Imprescindible: para hacer el descenso completo de 14 km tienes que desplazarte hasta Arriondas.
No nos podemos marchar de la zona sin visitar una de las cuevas prehistóricas más importantes en todo el mundo: la cueva de Tito Bustillo, un referente en el arte ruprestre internacional. Descubierta hace poco más de medio siglo por un grupo de espeleólogos asturianos, sus pinturas, grabados y demás materiales encontrados la convierten en lugar de peregrinaje para los amantes de la prehistoria. La encontrarás muy cerca del centro del pueblo, justo cruzando el puente a la izquierda, en las entrañas del monte Ardines. Junto a la de Tito Bustillo tienes también la Cuevona, una réplica más grande de su célebre hermana, y también de gran riqueza arqueológica y belleza.
Imprescindible: no te marches sin pasar por el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo, con actividades para niños.
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