Imprescindible: Museu Història de Barcelona
Sí, hay una Barcelona donde no se habla de Antoni Gaudí, y no se rinde culto al modernismo, sino a Santa Eulàlia, una de las patronas de la ciudad. Plazas que respiran autenticidad, restos arqueológicos, inolvidables leyendas; todo contribuye a crear un ambiente muy especial, y no exento de misterio.
Como en una buena novela de detectives, nada es lo que parece, y, aunque te sorprenda, el barrio Gótico no es tan gótico como cabría esperar. Tras el éxito de la Exposición Universal de 1889 y la creación del Eixample, urgía seguir transformando la ciudad. La búsqueda de una conexión entre la zona del puerto y el Eixample se topaba con el entonces llamado Barrio de la Catedral, un entramado de pasajes y calles estrechas y populosas. La solución tiene nombre propio: Vía Laietana, un eje amplio y moderno, cuya construcción supuso la demolición de manzanas enteras, el traslado de elementos arquitectónicos o incluso de edificios completos con el fin de mejorar el entorno de la catedral, para darle un toque más… ¿adivinas? Exacto, «gótico». Para muestra, más que un botón, un palacio: la casa Padellàs, del siglo XVI, se trasladó de la desaparecida calle Mercaders a su ubicación actual en la Plaça del Rei y es la sede principal del Museu de Història de Barcelona. De hecho, es el punto de partida perfecto para comenzar el recorrido por el barrio gótico.
Imprescindible: Museu Història de Barcelona
De la Barcino romana a los restos de la Barcelona visigótica y medieval, el Museo de Historia nos ayuda a entender los orígenes de la ciudad. Nuestro consejo: no dejes de visitar el espacio del subsuelo, podrás hacerte una idea de cómo era caminar por la antigua Barcino. Muy cerca de allí están las impactantes columnas del Temple d’August, restos de un templo que la ciudad debió dedicar al emperador romano. El conjunto arquitectónico de la Plaça del Rei se completa con varias de las edificaciones del Palau Reial Major (Palacio Real Mayor), residencia de los condes y sede de la Corona de Aragón, y que incluía edificios como el el Mirador de la Torre del Reí Martí (para algunos, el primer rascacielos de la ciudad) o el Palau del Lloctínent (Palacio del Virrey o Lugarteniente). La visita al Museo permite el acceso al Salón del Tinell, que fue el salón de trono y sala de ceremonias del antiguo Palacio Mayor. Destacan las columnas macizas y los seis arcos de diafragma de medio punto, y se cuenta que allí recibieron los Reyes Católicos a Colón tras su primer viaje triunfal.
Imprescindible: El salón del Tinell
La catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, o, simplemente «la Seo» es un impresionante templo de estilo gótico, que comenzó a construirse en el siglo XIII, aunque su fachada principal es puramente neogótica. Merece la pena dedicar tiempo a visitarla. ¡Toma nota! En el interior, no te olvides de los fantásticos vitrales (tanto góticos como modernos), de la sillería del coro y, por supuesto, de la cripta de Santa Eulàlia. En la cripta reposa el sepulcro de la joven santa y en él se representan algunas escenas de los terroríficos martirios a los que fue sometida (te ahorramos los detalles). Otro de los grandes momentos de la visita es admirar las galerías de arcos ojivales y el jardín con palmeras y magnolios. Y te sorprenderá comprobar cómo hay 13 ocas que se pasean por allí, un detalle cargado de simbología. Según la leyenda, Santa Eulàlia pastoreaba ocas; de ahí la elección de este animal. 13 ocas, una por cada año de vida de la santa, y una por cada suplicio que sufrió. En el exterior, observa las campanas y las gárgolas. ¡Y sube a las terrazas, nos lo agradecerás!
Imprescindible: claustro de Santa Eulàlia
Si la plaza del Rey nos hablaba del origen de la ciudad, la de Sant Jaume representa el poder político, ya que en ella se encuentran el Ayuntamiento y la sede de la Generalitat. ¿Sabías que puedes visitar parte del interior de ambos edificios? Son visitas gratuitas, guiadas. Consulta las webs oficiales para confirmar las fechas disponibles. Uniendo el Palau de la Generalitat con la Casa de los Canónigos, se encuentra el Pont del Bisbe (Puente del Obispo) construido a finales de los años 20, en un «falso» estilo gótico flamígero. Nuestro deambular por el Barrio Gótico nos lleva ahora a la plaza del Pi (del Pino) presidida, lógicamente, por un pino, cercano a la Basílica de Santa María del Pi. Cuenta la leyenda que un pescador encontró la imagen de Nuestra Señora del Pi dentro de un tronco. Se trata de una preciosa talla del siglo XIV que representa a la Virgen con el Niño en brazos, y se conserva en la basílica del mismo nombre. En esta plaza podrás disfrutar de los deliciosos productos que el Colectivo de Artesanos de la alimentación ofrecen el primer y tercer viernes, sábado y domingo de cada mes.
Imprescindible: Calavera del Pont del Bisbe
Uno de los muchos atractivos del Barrio Gótico es su vinculación con el arte. El Mercat Gòtic es un buen ejemplo; un mercado de antiguedades y coleccionismo, que se celebra semanalmente frente a la Catedral. Además, están las galerías de arte. Una de las más famosas es la histórica Sala Parés, fundada en 1877. Otro espacio singular es la galeria- librería Espai Quera (en la calle Petritxol), fundada en 1916 y especializada en libros sobre montañismo y viajes. ¿Un punto extra? Tienen un estupendo restaurante incorporado. Y en la misma calle te espera una de las sorpresas más dulces de tu escapada: la Chocolatería Granja Dulcinea. Más delicias con tradición: la pastelería La Colmena, en la Plaza del Ángel. Otras pistas para tomar algo: el Bar del Pi, un local histórico; o el Informal, una reinterpretación de la cocina catalana.
Imprescindible: Tomar un suizo en La Granja
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