Imprescindible: no te pierdas las esculturas de origen italiano y las pinturas de tradición flamenca y andaluza que atesora en su interior.
Rodeada de paisajes exuberantes, Arucas ofrece un entorno natural privilegiado que invita a la aventura y la desconexión. Desde la cima de la Montaña de Arucas, las vistas panorámicas son espectaculares, mientras que un paseo por la costa más próxima permite descubrir playas encantadoras donde relajarse, así como numerosos spots surferos.
Convertida en el símbolo del municipio, esta parroquia nos avisa ya desde lejos, con sus espigadas y elevadas torres, que estamos cerca de la cuna del auténtico ron cubano. Uno de los imprescindibles que ver en Aruca, destaca por la majestuosa presencia que le aporta su estilo neogótico, lo que hace que muchos se refieran a ella como la «catedral de Aruca». Déjate maravillar por su imponente y elaborada fachada, y contempla desde cerca, en su interior, algunas de las más valiosas joyas del patrimonio histórico-artístico de Gran Canaria, como es el caso de sus vidrieras y su altar mayor. Fue erigida sobre templos primitivos en un solar dedicado, desde los orígenes de la ciudad, al culto religioso. Su construcción, iniciada en 1909, fue supervisada por el arquitecto Manuel Vega y March, y duró 70 años. Es, además, el punto de partida perfecto para explorar los diferentes rincones de la ciudad.
La plaza de San Juan, epicentro de la vida local y sede de la «catedral», es el primer punto de nuestro recorrido por el casco histórico y los principales atractivos que ver en Arucas. De ahí, nos dirigiremos a la calle León y Castillo, lugar donde se encuentra la oficina de turismo y una de las principales arterias de la ciudad. Muy cerca de allí nos encontramos la Plaza de la Constitución, con el Ayuntamiento y el Mercado Municipal, dos edificios representativos del estilo colonial que se respira el municipio, ambos originarios de finales del XIX. En la misma plaza se encuentra la Casa Gourié –hoy convertida en museo municipal– que perteneció a la misma familia que luego fundaría la fábrica de ron Arehucas, otra de las cosas que ver en Arucas. Fundada en 1884, ofrece interesantes visitas y se encuentra muy cerca de nuestra próxima parada: el Parque Municipal de Arucas o Parque de las Flores, el pulmón verde de la ciudad. Sus más de 10 000 metros cuadrados dan para mucho: especies autóctonas y tropicales, elementos decorativos de azulejo, ladrillo y mármol, el Museo Municipal y una terraza desde la que contemplar el océano Atlántico en todo su esplendor.
Una vez conquistado el casco histórico, toca encumbrar –literalmente– nuevos puntos de interés, como es el caso de la Montaña de Arucas, un excepcional mirador desde el que vislumbrar tanto la capital insular a sus pies, como la isla de Tenerife coronada por el Teide. Sin olvidar las magníficas puestas de sol sobre el océano Atlántico. Más que una cima, se trata de un cráter volcánico que se decidió rellenar artificialmente a mediados del siglo XX para construir sobre él un restaurante y el mencionado mirador. El acceso es sencillo y el entorno invita a la fotografía y la contemplación. Puedes llegar a él en coche o caminando por una ruta de unos dos kilómetros que podrás hacer tranquilamente en 40-50 minutos. Pese a la inclinación del terreno, el sendero es sencillo y las vistas recompensan el esfuerzo.
La costa de Arucas, pese a encontrarse algo alejada del centro histórico, nos regala desde playas populares como la de San Andrés, con 450 metros de arenal y oleaje tranquilo, a playas surferas como la de Los Enanos o piscinas naturales como los Charcones –o Charcos– de Bañaderos, una zona de baño tranquila en un espacio protegido de las inmediaciones del Puertillo de San Andrés. Aunque se trata de aguas poco profundas, no todas cuentan con escaleras de acceso o vigilancia, así que no está de más andar con precaución y vigilar antes de visitarlas cuál es el estado del oleaje y la marea del momento, para que las condiciones de baño sean óptimas. Cerca de los charcones también tienes la playa del Puertillo, una pequeña cala de arena que crece con la bajada del mar.
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