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Islas Columbretes

Historia, playas y cómo llegar

A poco más de 50 km de la costa de Castellón surgen del mar Mediterráneo, como por arte de magia, una serie de islas volcánicas que encierran un enorme valor ecológico. Se trata del archipiélago de las islas Columbretes. Te descubrimos su historia, mitos, leyendas y cómo llegar a ellas.

Hoy te contamos la historia del archipiélago de las islas Columbretes, un conjunto de cuatro islas de origen volcánico actualmente convertidas en punto de peregrinaje para amantes de la naturaleza y sobre todo, del submarinismo. Te descubrimos su reserva natural, un paraíso ecológico al alcance de pocos, y cómo visitarlas.

Reserva Natural de las Islas de Columbretes

Esta reserva natural perteneciente a la Comunidad Valenciana, situada a medio camino entre la costa de Castellón y las islas Baleares, es uno de los espacios insulares con mayor interés ecológico del mar Mediterráneo, además de uno de los ejemplos más reseñables de vulcanismo. Originariamente conocidas como las «islas serpiente» por fenicios y romanos debido a la abundancia de estos animales, las islas Columbretes las conforman cuatro conjuntos de islas que toman el nombre de la mayor, y de las cuales solo se puede visitar L'Illa Grossa, la única habitada, la del faro. Una de las actividades más famosas entre los que acuden a visitarla a las islas Columbretes es, sin duda, el submarinismo, ya que bajo sus aguas los fondos marinos, igualmente protegidos, reúnen una colección de bellos corales rojos, entre otras especies en peligro de extinción.

No te pierdas: en tu visita a las islas acude al centro de visitantes, situado en L'Illa Grossa. 

Fauna y vegetación

Estos cuatro grupo de islas –L'Illa Grossa, la Ferrara, la Foradada y el Carallot–, con sus islotes y escollos, son refugio, gracias a su aislamiento, de muchas especies endémicas y otras tantas en peligro de extinción. De hecho, varias aves marinas como la gaviota de Audouin, la pardela cenicienta, el halcón de Eleonor o el cormorán moñudo, han elegido sus tierras para anidar, mientras que los alacranes y lagartijas autóctonos corretean por su suelo. Ni rastro queda ya de las serpientes que, según las historias, infestaban las islas. Fueron al parecer los incendios provocados para su extinción los que acabaron con ellas. En cuanto a su característica vegetación, destacan dos especies endémicas, como el mastuerzo marítimo de Columbretes y la alfalfa arbórea, aunque la planta predominante es el sosa fina. También podemos ver algunos arbustos de cambrón y paternostrera, algunas plantas de zanahoria marina e hinojo marino.

No te pierdas: el estallido de color en primavera, cuando florecen las semillas transportadas por el viento. 

Historia, mitos y leyendas

El aislamiento de estas islas, apenas habitadas por los fareros y sus familias desde la construcción del faro en 1856, la soledad de sus gentes y las oscuras noches que las acompañan desde sus orígenes volcánicos, hace dos millones de años, han dado lugar a todo tipo de historias, algunas felices, y otras algo macabras, que hoy marcan el carácter enigmático de este espacio alejado de tierra firme. Tampoco han ayudado la explotación pesquera y las visitas «no deseadas» de piratas y maleantes del mar. Precisamente por estos últimos, se decidió en su momento que la luz de su faro no dejara de brillar. Desde entonces han sido solo unas pocas familias, en los tiempos de mayor prosperidad, las que han habitado estas tierras inhóspitas. Los fallecimientos de bebés y niños –algunos de ellos rozando el canibalismo–, los naufragios y el efecto de las guerras ocupan gran parte de la historia de este archipiélago, que durante muchas décadas era apenas avistado por los marineros desde Castellón, creando toda una serie de mitos en torno a su existencia.

No te pierdas: el documental «Aïllats, la memoria de Columbretes», donde encontrarás todas estas historias. 

Cómo llegar

Con tanto misticismo y belleza natural, seguro que te han entrado ganas de visitarlas. Te contamos cómo ir a estas famosas islas que, como habrás imaginado, tiene las visitas bastante restringidas, al ser un espacio protegido. Se llega principalmente en excursión en barco organizada. El barco sale desde el puerto de Castellón, en el barrio del Grao, y llega al de Tofino, en L'Illa Grossa. Las empresas privadas que se encargan de su gestión ofrecen la opción de hacer el trayecto en embarcaciones turísticas conocidas como «golondrinas» o catamaranes, aunque también existe un cupo limitado para excursiones chárter y particulares, las que menos.

No te pierdas: el pequeño cementerio de la isla, en el que apenas hay cinco lápidas, algunas minúsculas. 

Actividades en las islas

Una vez en L'Illa Grossa, en la visita general se hace un recorrido de una a dos horas desde el puerto hasta el faro, durante el cual el guarda de la reserva o un monitor comparte los datos más relevantes sobre esta reserva natural. Aunque no existe playa como tal, las islas ofrecen además la oportunidad de explorar su vida marina. También podrás recorrer a pie un paisaje volcánico y visitar el centro de visitantes para enterarte de toda su historia. Eso sí, ten en cuenta que las excursiones para hacer submarinismo son paralelas a las visitas guiadas, y en algunos casos requerirán de permiso.

No te pierdas: si tienes ganas de más, en el centro de interpretación en Castellón encontrarás mucha más info. 

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