Los franceses, con un país volcado en el ciclismo, el turismo sobre dos ruedas más importante del mundo y, por supuesto, el Tour, viven y respiran subidos a una bici.
Su cultura ciclista no tiene parangón. En lo que respecta a las carreras, cuentan con un sistema único que incluye cientos de clubes, cada uno de los cuales trata de entrenar y producir corredores al más alto nivel. El ciclismo está presente en todos los rincones de la comunidad francesa, y la mayoría de las veces, el bocinazo de un coche irá seguido de una gran sonrisa amistosa y un grito de allez, allez.
La infraestructura ciclista de Francia es una de las mejores del mundo y abundan los carriles bici, aparentemente interminables, por los que pedalear sin tráfico a través de la hermosa campiña. Si te adentras en las montañas, te encontrarás con carteles informativos que te indican la distancia hasta la cima y la pendiente del siguiente kilómetro: de esta forma puedes administrar tus fuerzas a la hora de encarar los legendarios cols.
A continuación te presentamos tres de nuestros destinos favoritos para unas vacaciones en bicicleta por Francia, tanto si deseas unas tranquilas vacaciones con los niños, como si buscas una intensa escapada en solitario o algo intermedio.
Unas vacaciones en bici por el Valle del Loira son un verdadero regalo para toda la familia. Situado en el tramo medio del río más largo de Francia, el Valle del Loira se extiende a lo largo de 280 km desde las orillas del océano Atlántico hasta la ciudad de Orleans. Con rutas ciclistas aptas para familias de todas las edades y niveles, se trata de una zona elegida como lugar de retiro por las clases altas francesas durante siglos: hay castillos de cuento por toda la región y sus vinos son de fama mundial.
La Loire à Vélo es la ruta ciclista más popular de Francia y la mejor manera de explorar el Valle del Loira en bicicleta. El carril bici, de 600 km, está prácticamente libre de tráfico y serpentea junto al río más largo de Francia, el Loira. La ruta es perfecta para las familias, ya que cuenta con una red de carriles bici y pequeños caminos rurales que atraviesan las calles de las ciudades medievales y cruzan robustos puentes.
Te sugerimos la ruta de oeste a este, que comienza en las orillas del océano Atlántico y termina en Nevers. Te encontrarás más bicicletas que coches, por lo que los campings, hoteles y cafés siempre están deseosos de acoger a los ciclistas. La Loire à Vélo es conocida por ser llana y poco transitada, lo que la hace ideal para familias y ciclistas noveles; y gracias a sus buenas conexiones ferroviarias, los viajes más cortos son aún más fáciles.
Cerca del Valle del Loira, es muy recomendable visitar la ciudad de Tours. Conocida como Le Jardin de la France, Tours también se encuentra en el carril bici de La Loire à Vélo. Situada entre dos ríos, el Loira al norte y el Cher al sur, es famosa por su original barrio medieval con edificios de entramado de madera magníficamente conservados.
El Valle del Loira está repleto de cultura y el Château du Clos Lucé, en Amboise, es uno de los lugares más famosos. El castillo, que fue el hogar de Leonardo da Vinci, alberga un museo y un parque con prototipos de algunas de sus creaciones.
La Costa Azul, que se extiende a lo largo del Mediterráneo e incluye Cannes, Saint-Tropez, Niza y Mónaco, tiene fama de ser un lugar de lujo y glamour. Y con sus trescientos días de sol al año, es perfecta para un viaje en bicicleta, unas vacaciones de placer o una mezcla de ambos.
Con una red de carreteras de montaña a tiro de piedra, la zona es el destino perfecto para muchos ciclistas. De hecho, muchos profesionales del mundo del ciclismo, como Tadej Pogačar y Chris Froome, la han elegido como campamento base e, incluso, consideran la Costa Azul su hogar.
El recorrido por el Col du Turini es un verdadero reto en plena montaña. La ruta de 133 km es dura y cubre casi 3.500 m de elevación, incluyendo dos grandes cols. Tomando la Moyenne Corniche desde Niza, la ruta se dirige hacia el interior por carreteras sinuosas y tranquilas serpenteando por paredes de roca. El Col de Braus es la primera montaña: con menos de 10 km y una pendiente media del 6,3%, es un mero calentamiento comparado con lo que viene después.
El Col du Turini es la más alta de las carreteras costeras de la región, con una altura de 1.604 metros. La sinuosa carretera tiene 24 km hasta la cima, desde donde aún quedan 50 km, pero que son prácticamente todos de descenso entre pintorescos paisajes a través de bosques y, finalmente, hasta el mismo Mediterráneo.
El desfiladero del Verdon es, con perdón del juego de palabras, desafiante (y precioso). La respuesta europea al Gran Cañón, las Gargantas del Verdon ofrecen una gran variedad de actividades, desde la natación y el rafting hasta el senderismo y el ciclismo. En bicicleta, es necesario recorrerlo dos veces para apreciar las gargantas en todo su esplendor. Con un total de 111 km, primero se realiza la ronda exterior alrededor del borde de la garganta y, a continuación, la ronda interior, que consiste en gran parte en la Route des Crêtes, una montaña que se eleva por encima de la garganta. La mayor parte de la ruta ‘sobrevuela’ el río y permite contemplar con asombro las carreteras que se visitarán más tarde ese mismo día. El paisaje es espectacular, aunque hay que tener cuidado con los coches porque se trata de una una zona muy turística.
Aiguines, que se encuentra a las puertas de las Gargantas, es el lugar perfecto para hacer una parada o pasar la noche. Esta pequeña localidad, enclavada en el corazón de la campiña y con vistas panorámicas de las gargantas del Verdon, el lago de Sainte Croix y un castillo renacentista de propiedad privada, cuenta con numerosas rutas de senderismo y se ha convertido en el centro regional de la escalada.
Niza es el lugar perfecto para visitar la Costa Azul y las ciudades antes mencionadas. La ciudad tiene un ambiente vibrante con una arquitectura muy variada. En el casco antiguo te encontrarás un laberinto de coloridas calles repletas de restaurantes, galerías y tiendas. El mundialmente famoso Promenade des Anglais ofrece paseos de ensueño a lo largo de la playa y cuenta también con un carril bici sin tráfico. Ninguna visita a Niza está completa sin visitar La Colline du Chateau (Colina del Castillo), un parque histórico en la cima de una colina que ofrece unas vistas excepcionales de la ciudad.
La Ruta de los Grandes Alpes es un viaje que muchos tienen en su lista de deseos. Partiendo de las brillantes aguas del lago de Ginebra, en la frontera franco-suiza, atraviesa lo que parecen ser todas los picos importantes de los Alpes antes de llegar a Menton, en la Costa Azul.
El recorrido es de 770 km de longitud y más de 17.000 m de subida (es decir, dos montes Everest). Se trata de una de las mayores rutas cicloturistas del mundo, que no recibe el crédito que se merece debido a su dificultad: siete días sobre la bicicleta que ponen a prueba incluso a los ciclistas más en forma debido a la suma de longitud, altitud y terreno; una verdadera epopeya.
Lo cierto es que hay algo especial en el hecho de recorrer las carreteras escenario de las batallas más legendarias del Tour de Francia a lo largo de los años, como el Col du Galibier y el Col de la Colombiere, pero también hay algunos cols menos conocidos, pero no por ello menos espectaculares.
El Col de l'Iseran es el puerto más largo y posiblemente el más bello de los Alpes. Se trata de una subida de 47 km con una pendiente media del 4%, con unas vistas increíbles del Parque Nacional de la Vanoise, serpenteando a través de pequeños pueblos tradicionales con casas de piedra y cruzando la mundialmente famosa estación de esquí de Val d'Isere.
También está la escalada más dura de la que nunca has oído hablar, la Cime de la Bonette. Aunque no forma parte de la tradicional Ruta de los Grandes Alpes, es una variante que se utiliza con mucha frecuencia. La subida comienza en un tranquilo y verde valle y asciende hasta un impresionante paisaje de aspecto lunar a 2.802 m de altitud, con carteles en la cima que afirman que se trata de la carretera asfaltada más alta de Europa.
Lo mejor de la ruta es que el terreno cambia constantemente. Se atraviesa la ciudad alpina de Morzine, famosa por su estación de esquí y su comida tradicional para, a continuación, descender hasta Menton, final de ruta sobre el mar Mediterráneo. Menton tiene un marcado ambiente italiano que también ha influido en su cocina, un lugar perfecto para recuperarse de un viaje épico.
Ya hemos visto que la Ruta de los Grandes Alpes cubre una cantidad increíble de kilómetros, por lo que no es necesario hacerla toda en un solo viaje. Dividir el recorrido en etapas de fin de semana es una forma estupenda de vivir la experiencia sin pagar el esfuerzo.
Briancon es un lugar ideal para alojarse si se visita la región. La ciudad más alta de Francia, famosa por su red de fortificaciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ofrece un fácil acceso a las rutas ciclistas de montaña. La Boucle de l'Izoard, un recorrido circular que sube al legendario Col de l'Iseran, pasa por la ciudad. El aeropuerto más cercano a Briancon es el de Turín, pero también se puede llegar desde Niza o Lyon.
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