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Viajes a Marruecos

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Marruecos, Reino de Emociones, es un país fascinante en el que el visitante se ve sumergido en un oleaje continuo de nuevas sensaciones que despiertan las más variadas emociones en su corazón haciendo que este destino permanezca para siempre en su recuerdo como algo muy especial.

Documentación al viajar a Marruecos

Los visitantes a Marruecos precisan de un pasaporte en regla. Si la estancia ha sido organizada por una Agencia de Viajes, en algunos países es suficiente el carnet de identidad. Determinadas nacionalidades necesitan un visado por lo que es conveniente informarse previamente en el Consulado de Marruecos. La estancia por turismo está limitada a tres meses.

A los ciudadanos españoles se les exige mantener vigente su pasaporte, aunque también se admite la presentación del D.N.I. en vigor, acompañado de un justificante de estancia y alojamiento remitido por una agencia de viajes o similar.

Todo extranjero puede ingresar en Marruecos un máximo de 20 cajetillas de cigarrillos o 50 puros de 250 gramos y dos litros de vino o licor (sólo para mayores de edad). También se pueden introducir las medicinas para consumo personal. Los equipos audiovisuales deberán ser declarados a la entrada. La importación y exportación de la moneda marroquí está prohibida.

¿Qué prendas llevar?

Manteniendo el debido respeto a las costumbres del país, el vestuario más aconsejable es la ropa ligera de algodón para el día y algo de abrigo en previsión de noches frescas en el interior y en el sur del país, especialmente en los meses de noviembre a marzo. No olvide las gafas de sol, protectores solares, repelente contra los insectos y un buen sombrero. Un buen calzado cómodo es indispensable.

¿Qué visitar en Marruecos?

Marruecos es lugar de medinas, zocos, mezquitas y amplias avenidas flanqueadas por frutales. Es tierra de mágicos desiertos y fértiles oasis, de playas paradisiacas de arenas blancas y aguas transparentes, bosques de coníferas de gran belleza, parques naturales con una fauna de gran riqueza y grandes cadenas montañosas con impresionantes cumbres en las que la nieve permanece durante casi todo el año.

En sus hermosas ciudades imperiales -Fez, Marrakech, Meknés y Rabat- se pueden admirar las construcciones que las distintas dinastías marroquíes dejaron a su paso, evocando un tiempo de esplendor histórico y cultural que aún se puede revivir en la sencilla contemplación de la belleza que en ellas aún se percibe.

Y continuando con el hechizo, como si de un espejismo se tratara, Marruecos ofrece majestuosas fortalezas de color arena y ciudadelas abandonadas a su suerte. Estas salpican la denominada Ruta de las Casbahs, las antiguas fortalezas bereberes. En el cruce de los caminos que llevan a los valles del Draa, el Dadés y el Ziz, en Ouarzazate, se puede iniciar un recorrido inolvidable por una de las más fabulosas sendas turísticas de todo el continente africano, en la que con un poco de suerte, se podrá admirar la grandeza de los míticos hombres azules, los bereberes y sus mujeres con los cabellos teñidos por la gena y los extraños tatuajes con que se adornan la cara, los pies y las manos.

En las proximidades del litoral marroquí, la siempre fascinante Casablanca con la extraordinaria Mezquita de Hassan II, la deseada Tánger y la antigua posesión portuguesa de Agadir, continúan haciendo las delicias de los visitantes que mantienen la alegría al visitar Rabat, la capital del Reino, Tetuán situada a los pies del Rif y Essaouira, uno de los más hermosos puertos del norte de Africa.

La cultura, la aventura, el disfrute de la paz y la tranquilidad bajo el sol de las playas, la agitación de los zocos y el arte del regateo, la práctica de hasta el más insólito de los deportes, la degustación de la deliciosa gastronomía marroquí, la afabilidad de sus gentes y un sinnúmero de atractivos más a la espera de ser descubiertos, son sólo alguno de los contrastes que consiguen que los viajeros sientan fascinados por el maravilloso Reino de las Emociones, Marruecos.

1. Viajar a Marruecos: Tánger

En Tánger confluyen claramente las culturas árabe y cristiana en perfecta armonía. Fue el lugar elegido por artistas de la talla de Delacroix, Matisse, Jean Genet y Paul Bowles y es una de las ciudades más animada de Marruecos con una dilatada y trepidante historia rica en ocupaciones y liberaciones, cartagineses, romanos, fenicios, vándalos, árabes, españoles, portugueses e ingleses han pasado, desde la fundación original de Tingis en el siglo IV a.C., por este estratégico y vital emplazamiento.

Esta ciudad tiene una parte antigua, la Medina, ciudad típica árabe rodeada de murallas con sus encantadoras callejuelas estrechas distribuidas en un fascinante laberinto y la parte moderna situada junto a los bulevares Pasteur y Mohammed V.

Un buen modo de conocer la Medina es pasear por el Zoco Grande, un enorme mercado situado a la entrada de esta ciudad árabe. Situado a la entrada de la Medina, en el se pueden encontrar todo tipo de artículos aunque tienen un encanto especial los campesinos vendiendo sus cosechas y animales. En este fascinante paseo se puede admirar la Plaza de 9 de abril de 1947, centro de la actividad comercial con el rastro, yutía, los cafés y la Mezquita de Sidi Bu Abid con un minarete recubierto de hermosa cerámica policromada situada en una de las esquinas de la plaza. Bajando desde la Mezquita se llega a la Mendubia, la residencia del mendub, encargado de vigilar para el sultán a las potencias extranjeras durante la época en que Tánger era zona internacional y que en la actualidad es un tribunal. Desde allí una larga rampa conduce hasta el monumento en el que está grabado el discurso que Mohamed V pronunció el 9 de abril de 1947, este monumento está rodeado de hermosos jardines en los que se puede admirar una enorme higuera india y un drago que, según la leyenda, tiene ochocientos años de antigüedad.

Desde el Zoco Grande al Zoco Chico, su menor tamaño quizá aumenta su atractivo. Está situado en una pequeña placita rodeada por cafés y viejos hoteles que en tiempos de los romanos era el foro de la ciudad, en una calle muy cercana se levanta la Gran Mezquita y en frente una iglesia española. Continuando por la Calle de la Marina se pueden ver las tiendas que pertenecieron a los judíos para acabar en Borj el Marsa, la batería del puerto que es ahora un mirador desde donde se puede contemplar una excelente vista del puerto antiguo y la bahía.

Dentro de la Medina se encuentra también el Consulado de los Estados Unidos, el primer edificio diplomático de este país que se estableció en el extranjero. En su interior se pueden contemplar obras de Stewart, Shurch, Lecouteux y Bel Alí R'Bati, mapas antiguos y muebles de siglo XIX y periódicamente se organizan exposiciones de pintores marroquíes contemporáneos.

La Kasbah es otro lugar de gran interés situado al oeste de la Medina. En ella se encuentra el Dar el Makhzen, antiguo palacio del gobernador construido por orden de Mulay Ismail en el siglo XVII, sede actual de el Museo de Artes Marroquíes cuyas salas se encuentran alrededor de un patio decorado con hermosos azulejos y donde se pueden admirar objetos llegados de todo Marruecos, alfombras, joyas, cerámica, telas y tejidos entre otros. A su lado está el Dar es-Shorfa, palacio que acoge el Museo de Antigüedades donde se exponen alguno de los hallazgos arqueológicos de la región de Volubilis. En la plaza principal de la Kasbah, meshuar, se levanta la Mezquita Bit El-Mal con su minarete octogonal. También son de interés en la Kasbah el Dar esh-Shera, antiguo tribunal, la Plaza de la Kasbah desde donde se puede admirar una hermosa panorámica de la bahía y las callejuelas que la rodean con sus casas bellamente decoradas. También la gran Puerta de Bab Erraha y la Bab el Aissa, la puerta de la Vigilancia.

En el Barrio de Marshan destacan el Palacio Mendoub propiedad del multimillonario americano Malcom Forbes donde se pueden contemplar en el conocido como Museo Forbesmás de ciento quince mil figuritas militares que representan batallas famosas como Waterloo, Somme o la Batalla de los Tres Reyes, entre otras. Para terminar la visita al Museo nada mejor que pasear por su hermoso jardín colgante y contemplar la estupenda vista del Estrecho de Gibraltar.

De la Medina a la parte más moderna de la ciudad, la Ciudad Nueva se abre con el Boulevard Pasteur que nace en la Plaza de Francia donde se construyó el Consulado de ese país. A los lados de este boulevard se encuentran edificios de este siglo ocupados por bancos y tiendas de lujo y finaliza en el Boulevard Mohammed V. En la calle que une la Plaza de Francia con la Plaza del Zoco Grande se encuentra el Hotel Minzah, realmente hermoso con su patio andaluz, sus salones árabes, fuentes, jardines y una excelente atención que han disfrutado entre otros personajes famosos Winston Churchill, Rita Hayworth y Bernardo Bertolucci que vio en este hotel el entorno ideal para rodar 'El Cielo Protector' basada en la novela de Paul Bowles.

2. Viajar a Marruecos: De Tánger a Oujda

  • Cabo Malabata, a diez kilómetros al oeste de Tánger, ofrece la posibilidad única de disfrutar de las aguas tanto del Atlántico como del Mediterráneo. Al final de este hermoso recorrido por carretera, paralelo a una costa recortada por calas, un viejo faro ofrece una buena panorámica de Tánger y de su estrecho. Antes de llegar al faro se pueden contemplar las ruinas de una antigua fortaleza portuguesa del siglo XIV denominada Ksar-es-Seghir y en la actualidad se está construyendo un Complejo Balneario que contará con todas las comodidades y diversiones incluido un puerto de recreo y un lago artificial en el que se podrá practicar el winsurfing. En toda la zona se pueden disfrutar hermosas playas y calas de arena fina donde bañarse en un marco natural de gran belleza.
  • Cabo Espartel, las Grutas de Hércules y Cotta. En dirección noroeste, a doce kilómetros de la ciudad, las aguas del Atlántico se funden con las del Mediterráneo frente al Cabo Espartel. también cuenta con fantásticas playas de arenas color ocre que se alternan con los bosques de alcornoques, encinas, robles y palmeras. A poca distancia el incesante movimiento de las olas han creado las Grutas de Hércules, que estuvieron habitadas ya en tiempos prehistóricos y aún se pueden contemplar marcas circulares talladas en esa época. Estas grutas naturales son inundadas por el mar durante la marea alta y según cuenta la mitología griega fue en estas grutas donde Hércules descanso después de finalizar sus doce trabajos. A tan solo 500 mt. de las Grutas se pueden contemplar las ruinas romanas de Cotta datadas en los siglos I y II de nuestra era con restos de un templo, termas, granjas, almazaras de aceite y fábricas de garum.
  • Larache, a 96 Km. al sur de Tánger, fue conocido en tiempos de los romanos como Lixus, aún se conservan en buen estado la acrópolis, el templo y el teatro al igual que las termas, espectacularmente decoradas por un conjunto de mosaicos de sesenta metros cuadrados que representan el rostro del dios Neptuno. Cuenta la leyenda que fue en esta ciudad donde Hércules llevó a cabo su undécimo trabajo, recoger las manzanas de oro. A parte de las ruinas romanas destacan la Plaza de la Liberación con sus casas con arcos típicas de Andalucía, la Fuente Antigua, la Alcazaba, el Museo Arqueológico y, en especial, el Castillo de la Cigüeña construido por los portugueses hechos prisioneros en la Batalla de los Tres Reyes.
  • Tetuán, esta antigua ciudad se aferra firmemente a las alturas del Rif, mirando de soslayo el intenso verdor del valle del río Martil, desde las azoteas de sus blanquecinas casas. Obra de árabes y andaluces, Tetuán simboliza, como ninguna otra, la armoniosa diversidad cultural. La veintena de mezquitas y santuarios repartidos por Tetuán se sumergen en el eco que brota de sus callejuelas pavimentadas con guijarros, las mismas que llevan hasta una serie de relajantes y frescas plazoletas. En esta ciudad, tradicional hasta la médula, cada gremio tiene su espacio natural en forma de plaza o calle, de hecho, la visita a la ciudad suele iniciarse en la Plaza El-Jala donde se pueden contemplar los restos de las murallas de la ciudad. La vida cultural es apreciada en este tranquilo lugar y uno de sus tesoros en este aspecto se encuentra a poca distancia de la Plaza, el Museo Arqueológico donde se exponen herramientas, monedas, estatuillas y mosaicos que se conservan de la era prehistórica y de la preislámica, además de albergar una de las mayores y más completas bibliotecas del Magreb con más de 60.000 volúmenes. La Plaza Hassan separa la parte antigua de la ciudad de la más moderna. En ella está situado el Palacio del Jalifa, actual palacio real y desde allí el visitante se adentra en la Medina a la que se puede acceder por más de siete puertas labradas aunque la entrada a la ciudad vieja es la Bab El-Oqla, si se camina hacia la parte más antigua se encuentra el Museo de Artes Marroquíes donde se pueden contemplar maravillosos trajes regionales e interesantes instrumentos musicales, mientras que si se camina en dirección a la zona moderna se accede a la Escuela de Artes y Oficios Tradicionales, donde se enseñan las técnicas artesanales de tejido de alfombras, curtido del cuero, creación de mosaicos, la escultura el madera y yeso y pintura y se pueden contemplar las mejores creaciones de profesores y alumnos. En la Medina se pueden admirar también la Mezquita Sidi Saidi, el Jardín Moulay Rachid, el cementerio musulmánEl mellah antiguo barrio judío, los mercados de Souk el Hots, Guersa el Kebir, la calle de Souk el Foki y la plaza Oussa y para finalizar el recorrido el Museo Etnográfico, situado en la antigua fortaleza del sultán Moulay Abderrahman, guarda objetos de la vida cotidiana de los marroquíes que han habitado estos lugares, trajes, sillas de montar, armamento, etc. y el Balneario de Cabo Negro, al norte de la ciudad, con relajantes playas y más de 90 caminos por los que pasear.
  • Chefchaouen, a 60 km. al sur de Tetuán, es una preciosa ciudad santa con una veintena de santuario y mezquitas como la Gran Mezquita con su minarete octogonal o el Santuario de Mulay Alí Ben Rashid, fundador de la ciudad. Además Xauen ofrece encantadoras callejuelas pavimentadas con guijarros con puertas de un color entre azul y malva, balcones de hierro, cornisas esculpidas y otros muchos encantos escondidos en su Medina donde además se pueden admirar un molino de viento aún en activo y otro de aceite que en otros tiempos estuvo accionado por mulos. En la Kasbah destaca la Torre del Homenaje, antigua prisión convertida hoy en museo de artesanía local. Resulta muy animado su mercadillo.
  • Alhucemas está situada en el centro de la costa mediterránea marroquí. Es una encantadora población de casas blancas con una magnífica playa bordeada por un impresionante acantilado.
  • Montes Beni-Snassen. Estos montes ofrecen un espectáculo natural de gran belleza. Estas pequeñas elevaciones cubiertas de bosques tienen como máximos atractivos la Gruta del Camello con su manantial de agua caliente y sus salas repletas de estalactitas, la Cueva de la Paloma con enterramientos que se remontan al Neolítico y el Desfiladero del Zegzel, más apropiado para los amantes del riesgo.
  • Oujda. Ciudad milenaria en la forentera este de Marruecos. Oujda cuenta con los restos de la muralla, el zoco y la Bab Abdelwahab como máximos atractivos. Se puede tomar la carretera de las montañas de Bení-Snassen, donde se encontrará con un espectáculo asombroso: las Gargantas del Zegzel, de abruptas paredes horadadas de grutas.
  • Saidía cuenta 18 km. de maravillosas arenas blancas en la que disfrutar enormemente y con la cercanía de la desembocadura del río Moulouya, reserva ornitológica natural, un verdadero paraíso para las aves y los humanos que las contemplan.
  • Figuig, al sur, el contraste más absoluto: cuatrocientas mil palmeras en jardines cercados por muros de adobes con cristalinas y alegres cascadas protegidos por siete espléndidos Ksours. Así es Figuig, un oasis en el fin del mundo.

3. Viajar a Marruecos: Ciudades Imperiales

La capitalidad de Marruecos ha recaído a lo largo de la historia sobre cuatro grandes ciudades. Rabat, Mequínez, Fez y Marrakech, conocidas como las Ciudades Imperiales, han compartido, en distintos períodos, este gran honor.

Rabat

En el siglo XII, el gran conquistador almohade Yacoub el-Mansour decidió honrar a Rabat con la capitalidad del país. Así pues, en los dos siglos siguientes, los merínidas construyeron la necrópolis de Shellah y la Gran Mezquita sobre la que fue ciudad romana denominada Sala Colonia. Después serían los andalusíes los que tomarían el relevo en el siglo XVII instalándose en Salé el Nuevo, la actual medina de la capital y en 1627, durante 12 años, se instauró una república de corsarios bajo el nombre de República de las Dos Orillas que serían controlados por Mulay Ismail en a partir de 1672 finalizando totalmente en 1818 con el reinado de Mulay Sliman. En 1912 el general Layautey, bajo el gobierno del Protectorado francés, elige Rabat como capital de Marruecos, y así continua hasta nuestros días.

El centro de la ciudad se conoce como la Explanada de la Torre de Hassan y tiene como enclaves la Torre de Hassan, minarete de la mezquita proyectada por Yacoub el-Mansour como una de las mayores del mundo y que nunca llegó a finalizarse, sólo permanecen la Torre de 44 mt. dentro de la cual y a través de una rampa se accede a las distintas salas que pueden acoger a cuarenta mil fieles durante la oración y un campo de doscientas columnas, la Puerta de los Vientos, Bab er Rouah, la única que se conserva del período almohade del siglo XII y el Mausoleo Mohamed V, en recuerdo del sultán que propició la independencia del país, construido por el arquitecto vietnamita Vo Toan entre 1961 y 1969 según los modelos de las necrópolis reales tradicionales.

Cercano se levanta el impresionante Palacio Real, residencia del Rey y sede del gobierno desde 1912. Construido en 1864 sobre las ruinas del antiguo palacio erigido a fines del XVIII por Sidi Mohammed Ben Abdallah. El recinto acoge la corte suprema, el colegio imperial, la mezquita Ahl Fas desde la que el rey dirige la oración de los viernes, un antiguo cuartel de esclavos, un pequeño hipódromo y los cuarteles de la Guardia Negra. Frente a este palacio se encuentra la Universidad Mohammed V, la más grande del país.

La puerta sur de Rabat, Bab Zaer, edificada por los almohades en el siglo XIII y restaurada en el XVII, conduce a la Necrópolis de Shellah. Esta necrópolis está ubicada en el antiguo enclave romano de Sala Colonia abandonado en el siglo IX, transformada en un inmenso cementerio por los meriníes en el siglo XIV y destruida por un terremoto en 1755, únicamente se conservan el minarete de la zauía y el de la Mezquita de Abu Yusef Yacub, la Tumba de Abu El- Hassan, la de su esposa europea convertida al Islam, Shams-ed-Duha y la Fuente de los Cañones con sus anguilas que según la creencia popular solucionan los problemas de esterilidad. En 1931 comenzaron las excavaciones que permitieron descubrir las ruinas romanas de Sala en las que se pueden contemplar los restos del mercado, el foro, las termas, una casa de placer y varias tiendas terminando en el Edificio de la Curia construido por el emperador Trajano entre los años 98 y 117.

La Kasbah de los Oudaïas es otro de los atractivos de la ciudad imperial que merece la pena visitar. Esta antigua fortaleza fue construida por los Oudaïas, tribu procedente de Arabia que durante los siglos XVIII y XIX conformó la guardia del sultán, durante el reinado del sultán alauita Muay Ismail fueron quienes defendieron la ciudad de las incursiones de los zaer. En la muralla que la rodea, construida por los almohades, destaca la Puerta de los Oudaïas de piedra rojo ocre tallada considerada como una obra maestra del arte islámico. En el interior, actualmente convertida en un pueblecito de casas blancas típicamente andaluzas destacan el Palacio de los Oudaïas, el Cementerio el-Alu, la Fortaleza de Mulay Rashid, la Mezquita Yamaa el-Atiqa, la más antigua de Rabat, la puerta labrada de la Dar Baraka, un semáforo del siglo XVII situado en la calle Yamaa, la Torre de los Corsarios, la Torre Circular y el Jardín Andaluz de la calle Bazzo creado en la primera veintena de siglo. Resulta muy interesante el Museo de las Artes Marroquíes de la capital instalado en un palacio en la parte baja de la kasbah con su exposición de cerámica, trajes, alfombras, instrumentos musicales y armaduras entre otros objetos.

La Medina de Rabat está separada del centro de la ciudad por la Muralla de los Andalusíes y en su interior unas sesenta hectáreas se abren alrededor de tres calles principales,Sidi Fatah, la calle de los Cónsules y la calle Suiqua está tomada por los foundouks o cafés tradicionales, además de una buena cantidad de variados puestos en los que se puede encontrar los más variados artículos, en una de sus esquinas se levanta la Mezquita de Mulay Sliman y más adelante la Gran Mezquita construida en la segunda mitad del siglo XII. Al otro lado de la Gran Mezquita aparece la Catedral de San Pedro inaugurada en 1921 sede arzobispal de Rabat. Enfrente se encuentra la Madrassa creada en 1333 por el Sultán Negro, Abu el-Hassan y callejeando un poco se descubre el Museo Arqueológico donde se exponen los mejores objetos descubiertos en los lugares prehistóricos y prerromanos del país, Volubilis, Banasa y Lixus, es muy interesante la sala de los Bronces. En la Calle de los Cónsules fue el lugar en que antaño habitaron, hasta 1912, los representantes diplomáticos destinados en Marruecos. Recorriendo está calle se llega al antiguo mercado de esclavos donde hoy en día se venden alfombras en animadas subastas y permite acceder al antiguo barrio judío. Son de interés también en la medina el Morabito de Sidi Abdallah Ben Hasun, el patrón de Salé cuyos restos reposan en este edificio del siglo XIX y el Morabito de Sidi Ben Ahir, cementerio musulmán de enormes proporciones donde descansan los restos de este magnifico gramático y poeta al que se atribuyen propiedades milagrosas.

La ciudad cuenta, además, con modernas instalaciones adecuadas para la práctica del golf, la equitación, la navegación, el submarinismo y todo tipo de actividades marinas.

En las cercanías de la ciudad destacan, a tan sólo trece kilómetros de distancia, Temara, una magnífica playa de arenas doradas con su piscina natural y con un moderno zoo donde habitan las más variadas y extrañas especies de animales, el Bosque de Mamora paraíso de alcornoques y eucaliptos, los Jardines de Sidi Buknadel, a 12 km. al norte de la capital, donde se pueden contemplar reconstrucciones de paisajes de todo el mundo, el Lago de Sidi Burhaba y Mehdiya ciudad fortificada en el siglo XII.

Mequínez

En el siglo X, la tribu nómada de los beréberes de Meknasa decide asentarse a orillas del oued Boufekrane por la benignidad de su clima y la fertilidad de sus tierras, levantando unas precarias aldeas ajardinadas que recibirían el nombre de Meknassa Ez Zaitoun.

La llegada de los almorávides tiempo después supone la fortificación de este espacio. Los almohades y, posteriormente, los merínidas construyeron mezquitas y madrassas en una ciudad que, en 1672, alcanzaría la capitalidad del Reino alauita. Moulay Ismaïl convirtió la villa de Mequínez en capital política y militar de estilo presahariano. Durante un período de cincuenta años se trabajó intensamente en la construcción de todo tipo de edificaciones, fuentes, jardines, terrazas, mezquitas y palacios, para cubrir el enorme perímetro marcado por las murallas de la ciudad.

Estas murallas rodean la parte antigua de la ciudad a lo largo de 40 km. en la que destacan Bab Berdain, puerta del siglo XVII decorada con cerámicas verdes y Bab el Jemis, la entrada principal al barrio judío. Detrás de las murallas se abre el Estanque de Agdal, de cuatro hectáreas, que servía para regar los Jardines de los Sultanes y en tiempos de escasez como reserva de agua para los habitantes de la ciudad. En la parte sur se encuentra Dar el-Ma, casa del agua, con los contiguos Graneros Heri es-Suani, impresionantes edificios destinados a almacenar reservas de comida para los malos tiempos y también para dar cobijo y alimentar a los cerca de 12.000 caballos de su ejército. Este impresionante conjunto se compone de 23 naves con muros de 7 mt. de espesor y canalizaciones subterráneas que dotaban del frescor necesario para la conservación de los alimentos.

Estos inmensos graneros estaban unidos por el meshuar al Palacio Imperial, Dar el-Majzen, que reunía todos los elementos de la arquitectura marroquí. Anterior residencia de Mulay Ismail fue el Dar Kebira, rodeado de una triple muralla con más de viente pabellones y dos mezquitas como la de Lalla Auda. A su lado se levanta el Mausoleo de Mulay Ismail que es uno de los pocos monumentos religiosos que pueden visitar los no musulmanes. Este mausoleo acoge una mezquita, la cámara funeraria de Mulay Ismail ricamente decorada en la que se encuentran también las tumbas de su esposa y sus sucesores, en el suelo recubierto de alfombras se pueden admirar los hermosos relojes que le regaló Luis XIV, un patio decorado con mosaicos y azulejos que da paso al mihrab de escayola esculpida.

Al lado se levanta el Quba el-Jayyatin donde el sultán acostumbraba a recibir a los diplomáticos extranjeros. En los subterráneos se encuentra la conocida como Prisión de los Cristianos que también habrían servido como silos.

La Plaza de Lalla Auda, muy animada al caer la tarde, está resguardada por dos gigantescas puertas: la de Bab en-Nouar y la de Bab el-Mansour, una de las más hermosas de todo el Magreb.

La Medina se agrupa alrededor de la Gran Mezquita y desde ella se van desplegando los distintos barrios de la ciudad antigua que están agrupados por oficios, cuchilleros, hojalateros, tintoreros, cesteros, tejedores, herreros, vendedores de instrumentos musicales, armeros, carpinteros y otros más. En el barrio de los zapateros se levanta la Madrassa Bu Inania cuya construcción se inicio bajo el reinado de los meriní y finalizó en el siglo XIV.

Son de interés también en Mequínez el Dar el-Beida, fortaleza de finales del siglo XVIII y el Cementerio Musulmán con el Qubba de Sidi Mohammed Ben Aisa, venerado en vida ya que según cuenta en saber popular transformaba las hojas de los árboles en monedas.

En la antigua ciudad romana de Volúbilis, en la que las legiones construyeron sus fortificaciones y sobre la que se asentó Mequínez, todavía se pueden admirar las ruinas del foro, el templo, el capitolio, la basílica, un arco monumental, mosaicos, fragmentos de esculturas, obras de arte, relojes solares y utensílios de cocina. Los Baños de Gallien han mantenido en pie casi intactos los muros de las diferentes salas de agua donde venían a purificarse los amantes de los baños públicos y los hermosos mosaicos de los antiguos palacios resultan magníficos.

El Zerhoun con sus arboledas de encinas en la cima, olivares, huertos de perales y manzanos, plantaciones de limoneras y viñas ofrecen un paisaje deslimbrante para los amantes de la naturaleza que visiten la zona.

Fez

Fez fue fundada el año 799 aunque alcanzó su máximo esplendor con el reinado de la dinastía Meriní desde 1248 hasta el 1541. Fue en el año 809 cuando oficialmente Fez se convierte en la primera capital del Reino, aunque volvería a ostentar esta condición en dos ocasiones más: en el siglo XIII, bajo el dominio de los merínidas y en el siglo XIX, durante el reinado de Moulay Abdallah.

Esta ciudad, centro espiritual y cultural tradicional de Marruecos repleta de vida y de contrastes, nació como Fez el Bali, aunque de un tamaño tan reducido que los merínidas, al tomarla, decidieron extenderla fuera de los muros. Los magníficos palacios quedaron convertidos en un reducto nobiliario rodeado por escuelas coránicas, mezquitas, zocos y jardines, lo que se ha dado en llamar Fez el Jedid o Fez la Nueva. Sin embargo, los trazos modernos de corte europeo que hoy se aprecian, son posteriores a la Primera Guerra Mundial.

En las calles de la ciudad nueva se mezclan encantadores de serpientes, vendedores de alfombras y artistas callejeros, entre otros, ofreciendo un espectáculo difícil de olvidar. En la Plaza de los Alauitas se levanta imponente el Dar El-Majzen, el Palacio Real, complejo compuesto por varios palacetes, plazas, jardines, una mezquita, una madrassa y una casa de fieras, la visita al interior no está permitida. Desde la Plaza es una delicia pasear por la Cale Bu Jesisat con sus casas decoradas con madera e hierro forjado y, en especial, por la Calle de los Meriníes que se adentra en la mellah, la antigua judería conde todavía se pueden encontrar tiendas de orfebres judíos y se pueden admirar el Palacio Yamal y las hermosas casas con preciosos balcones de madera tallada y fachadas de color. Resulta impresionante el inmaculado cementerio israelita.

Continuando en la ciudad nueva por la Puerta Bab Dekakène, de tres cuerpos, se alcanza la Gran Calle con sus dos mezquitas Yamaa el-Hamira, de color rojo y Yamaa el-Beida, blanca. Muy cercana se encuentra Yamaa el-Azhar de estilo andalusí y en la pequeña plaza de armas situada en los aledaños se levanta la Mezquita Mulay Abdallah con su minarete de 25 mt. decorado con cerámica verde aunque más importante es la Gran Mezquita de Abu Haq construida en 1276.

Volviendo nuevamente atrás en la Historia, concretamente al siglo XIII, es preciso reseñar el asentamiento de 8.000 familias árabes, expulsadas de Andalucía por los ejércitos cristianos, en el margen derecho del oued de Fez. Cien años después se asentarían cerca de 2.000 familias keruanesas en la otra orilla, sembrando el germen de los dos barrios que darían vida a Fez el Bali. La unión entre Fez el Bali y Fez el-Yedid se realiza en la Plaza del Pachá el-Babdadi, a su lado se encuentra el Palacio Dar Baza en medio de jardines andaluces y cuya construcción se realizó a fines del XIX por Mualy Hassan. En su interior se encuentra el Museo de las Artes Marroquíes con una interesante muestra de cerámica, curiosos astrolabios de distintas épocas, telas bordadas en oro, coranes iluminados y maravillosas alfombras, entre otros. Cercana se abre uno de los símbolos de la ciudad, la Bab Bu Yelud, puerta de la muralla del siglo XVIII decorada con cerámica esmaltada de color azul y verde.

Cruzar esta maravillosa puerta supone adentrarse en un mundo fascinante, la Medina de Fez, la mayor de todo el Magreb nombrada patrimonio mundial por la UNESCO desde 1976, por lo que es conveniente recorrerla bajo las directrices de un buen guía ya que es fácil perderse por las intrincadas calles que la componen. Las vías principales son Talaa Kebira y Talaa Seguira y es aconsejable tenerlas siempre como referencia ya que esta medina puede tener más de un millar de callejones sin salida y otras tantas callejuelas.

Continuando el recorrido por Fez el Bali encontramos otros muchos lugares de interés como la Madrassa Bu Inania, la mayor de la ciudad construida por los meriníes en el siglo XIV. Bellamente decorada, todo el edificio está adornado con mosaico, yeso y madera de cedro. En frente se encuentra el Dar el-Magana, la casa donde se conservan los restos de un curioso reloj de agua que está siendo restaurado. En la Playa Neyyarin se puede admirar su peculiar fuente y el Funduq en-Neyyarine, antigua casa de huéspedes convertida en mezquita. Muy cerca se percibe la maravillosa mezcla de aromas que despliega el mercado de las especias donde se pueden adquirir a buenos precios estos deliciosos aderezos y también gena. Del mercado de las especias al de los tejidos, la Kisariya donde se encuentra la Tumba Sagrada de Mulay Idriss II y la Gran Mezquita de Qaraouiyne, prohibidas para los no musulmanes. Muy cerca se encuentra la madrassa más bonita de Fez, la Madrassa Attarine, de pequeño tamaño fue construida por el sultán Abou Said en el siglo XIV en estilo hispano-marroquí.

Un lugar original para visitar es el Barrio de los Curtidores donde se pueden ver las pieles y lanas secándose al sol y las tinas con los brillantes colores de los tintes en su interior. Del Barrio de los Curtidores al Barrio de los Andalusíes donde se levanta la Mezquita del mismo nombre construida con el dinero enviado por Abderramán III en el año 956 y reconstruida totalmente en el siglo XIII por En-Naser.

Durante los recorridos por Fez el-Bali se descubrirán en cualquier rincón los numerosos palacios que se esconden en esta zona, Dar Caid Bel Hasen dividido en la casa de los propietarios y la de los criados, Dar Zuiten con una escuela religiosa en su interior, Dar Adiyel revestido de estuco y Dar Slaui de principios de siglo, entre otros.

Resultan de interés también las Tumbas Meriníes situadas al norte de Fez el-Bali, la maravillosa vista que se disfruta desde la Colina El-Kolla con las 785 mezquitas de la ciudad, la Fortaleza Borj Norte que en la actualidad acoge un museo de armas y la Kasbah de Sherarda compuesta en nuestros días por la Universidad de la Qarauiyn y un hospital.

 

Alrededores de Fez

En esta atípica región de Marruecos reina la espectacularidad del Medio Atlas, en un entorno de bosques color esmeralda y lagos de aguas claras. Esta ciudad, centro espiritual y cultural por excelencia de Marruecos cuenta en sus alrededores con espacios maravillosos que permiten en tan solo unos kilómetros pasar del bullicio de la ciudad al silencio de los parajes naturales que se recorren con calma y sin prisas, dejándose llevar por la curiosidad y los sentidos.

La hermosa aldea de Imouzzer del Kandar a 1.345 mt. de altitud, es un encantador pueblecito beréber en donde se respira una paz profunda únicamente interrumpida por su animado zoco de los lunes. Resultan magníficas sus curiosas viviendas subterráneas de la casbah de los Aït Serghouchen, las fuentes que brotan en las proximidades del pueblo y la escalada al djebel Abad de 1.768 mt. de altura desde el que se puede contemplar una magnífica visión con la tranquila llanura del Saïs, los tejados planos de Fez con su minaretes, Mequínez colgado sobre su colina y las montañas del Rif al fondo.

Las aguas térmicas de Sidi Harazem con sus propiedades curativas eran ya conocidas en tiempos de León el Africano en el siglo XVI, en la actualidad son ofrecidas en una moderna estación termal. Un paseo hasta la blanca Koubba de Sidi Harazem resulta muy atractivo ya que se camina entre eucaliptus, palmeras y adelfas hasta llegar a la piscina sagrada cubierta por una cúpula. Una excursión hasta las gargantas del Sebou puede ser fascinante ya que desde sus numerosos miradores se pueden comtemplar hermosas vistas panorámicas de Fez, el Rif, el Medio Atlas y las propias gargantas.

Sefrou, población tranquila y hospitalaria, está rodeada de murallas y desde la Koubba de Sidi Ali bou Serghine se puede disfrutar con la vista de toda la llanura, amplia y verde. Fuentes, ríos y cascadas conforman el reino de las aguas vivas.

Taza, fundada en el siglo X por los beréberes, es el paso obligado entre las fértiles tierras del oeste y las estepas del norte. En su ciudad antigua se puede disfrutar con las murallas del siglo XII, la fortaleza de la antigua cabash, el minarete ensanchado de la Mezquita del Mercado, Dar el Makhzen, la Gran Mezquita con su preciosa araña de bronce con 514 lamparillas de aceite, el mercado de granos y los zocos donde se pueden adquirir esteras, joyas y alfombras fabricadas en las montañas por los berérberes de Beni Ouaraïn. La región no es menos hermosa, bosques de alcornoques, cedros, helechos de gran altura, fuentes, cascadas y lagos pueden disfrutarse en el Parque Natural el djebel Tazzeka.

Marrakech

En su afán por fortalecer el Islam, los almorávides, guerreros beréberes del desierto, conquistan Fez y fundan Marrakech (1070), la ciudad que terminaría por dar el nombre al reino de Marruecos.

La ciudad es un vergel de amplias avenidas flanqueadas de naranjos, palmeras y jacarandás y es también, lugar de zocos, de sombreadas callejuelas, de té con hierbabuena y de mujeres hermosas venidas del Anti-Atlas para vender sus cestos, niños de alegres carreras y hombres de mirada intensa que pueden ser narradores de historias, músicos, bailarines, escritores públicos, echadores de la buenaventura, vendedores de pociones, curanderos, boticarios o simplemente habitantes de esta maravillosa ciudad.

Frente a los suntuosos palacios, se abren las calles en que cientos de mercaderes de alfombras llevan mil años empleándose a fondo en el arte del regateo, rodeados de telas y lanas expuestas al sol. Un poco más allá, unos cuantos degustan cous-cous, tripa y caracoles en pequeños chiringuitos o se contempla el espectáculo que ofrecen los saltimbanquis, o los figoneros.

Esta ciudad del sur del país, erigida a pies del Atlas, conserva sus hermosas murallas de color rojizo salpicadas de hermosas puertas como Bab el-Jemis, la puerta del jueves, Bab ed-Debbagh entrada al barrio de los curtidores, Bab Aylen cuyo nombre procede de una tribu beréber, Bab Aghmat frente a la que se encuentra la tumba de uno de los siete santos patrones de la ciudad, Zauía de Sidi Yusef Ben Alí y Bab Ahmar, la puerta roja, acceso más cercano al Dar El-Majzen, el Palacio Real construido por los almohades en el siglo XII y restaurado posteriormente tanto por los saadíes como por los alauitas. Desde su plaza de armas se llega al Jardín del Agdal con maravillosos olivos, naranjos, higueras y otros árboles que ofrecen un remanso de paz y frescor a esta ciudad que sufre los rigores del clima desértico.

Continuando el recorrido hasta Bab el Yedid, se llega hasta el maravilloso hotel la Mamunia, construido en 1923 y renovado en 1986, este impresionante palacete ha albergado personajes tan famosos como Orson Welles, Rita Hayworth, Winston Churckill o Richard Nixon entre otros muchos. También resulta maravillosa la Mezquita Kutubia de estilo almohade con un majestuoso minarete de 77 mt. en piedra rosa desde el que se domina toda la ciudad.

La entrada principal a la Kasbah almohade se encuentra en la Bab Agnau, puerta del carnero sin cuernos, con un arco de piedra labrada de gran belleza. Desde allí se llega a la Mezquita El-Mansur conocida popularmente como la Mezquita de las Manzanas de Oro porque se comenta que las bolas de la linterna de su minarete fueron fabricadas con las joyas de la esposa de Yacub el-Mansur. Un pasillo en la muralla permite la entrada a las Tumbas de los Príncipes Saadíes, situadas entre cipreses y enredaderas, recubiertas de preciosos azulejos. Destacan entre los distintos mausoleos el Qubba de Lalla Messauda y el Mausoleo de las Tres Salas, la Sala de las Doce Columnas y la de los Tres Nichos son especialmente hermosas.

Marrakech cuenta con majestuosos palacios cimentados sobre jardines perfumados, como el Palacio el-Badi cuya construcción fue ordenada por Ahmed el-Mansur tras su victoria en la Batalla de los Tres Reyes. Artesanos y materiales de todo el mundo se combinaron para crear este recinto del que actualmente solo quedan en pie las murallas de tierra pero aún es fácil imaginar las espectaculares fiestas que se celebraban en su interior. El Palacio de la Bahía también resulta espectacular. Construido a finales del siglo pasado por el gran visir Ba Ahmed por artesanos del país que crearon un entorno maravilloso con un jardín de ocho hectáreas en donde se esconden distintas estancias ricamente decoradas, se pueden visitar las habitaciones de la favorita, la sala del consejo y el patio de armas con sus estanques y surtidores de agua. Dar Si Said, de estilo alauita, es la actual sede del Museo de las Artes Marroquíes donde se pueden contemplar joyas, vestidos, cerámica, utensilios de cocina, alfombras y muebles entre otros muchos objetos. A su lado se encuentra la Casa Tiskiwin con una excelente muestra de arte rural del norte recogido por el historiador de arte Bert Blint.

No se puede abandonar Marrakech sin haber paseado por los Suqs, los zocos que comienzan en la Plaza Djemma el-Fna que se llena de vida al atardecer, cuando los habitantes se animan al son de grupos musicales, contagiando a los turistas con sus danzas y alegres cánticos, o se admiran los encantadores de serpientes o se compra una pócima para la impotencia. En el Suq Samarine se encuentra la calle principal de las compras arribando al fascinante mercado de las especias y de allí al mercado de granospara pasar a los Suq Larzal y Btana zona de lanas y pieles, Criée Berbére paraíso de las alfombras, Suq el Kebir para adquirir joyas, Suq el Atrrin con sus aromáticos perfumes, la Kissaria donde se puede comprar todo tipo de ropa, Suq des Babouches para el calzado, Suq Cherratine con sus maravillosos objetos de metal, Suq Haddadinepara los artículos de madera y finalizar en el Suq des Teinturiers para fascinarse con los brillantes tintes y las madejas de lana colgadas en cañas de bambú para su secado.

Son también de interés en el Gueliz, la ciudad nueva, el Jardín de la Villa Majorelle creado por el pintor Jacques Majorelle, ofrece un espectáculo de belleza natural exuberante con bambúes gigantes, yucas, papiros, palmeras, bananeras, cipreses, filodendros, buganvillas y los cactus, La Menara, parque de cien hectáreas en cuyo centro de encuentra un inmenso estanque del siglo XII y El Palmeral con sus más de 10.000 hectáreas de palmeras, naranjos, olivos, manzanos con su campo de golf completando el maravilloso espectáculo de Marrakech.

Para más información sobre qué visitar en Marrakech, te recomendamos leer los dos posts, este y este, de nuestro blog.

4. Viajar a Marruecos: el Atlas

Si Marrakech ofrece un espectáculo maravilloso, las montañas del Atlas lo incrementan aún más con sus impresionantes cumbres nevadas y sus incomparables paisajes.

A tan sólo 33 km. de Marrakech se encuentra el Valle de L'Ourika con sus espacios naturales fértiles y tranquilos que se animan los lunes con el mercadillo de Tnine de l'Ourika. Nogales de cien años de antigüedad se pueden contemplar en la encantadora aldea de Setti Fatma donde también se puede disfrutar de un delicioso baño en las aguas de sus siete cascadas. Se puede continuar el camino hasta Annameure, pueblo habitado por la tribu Aït Oucheg y desde allí iniciar la ascensión hasta Djebel Yagour con sus más de 2.000 pinturas rupestres.

Al sur de Marrakech, a 47 km., en Ouirgane los paisajes se transforman en impresionantes gargantas que recuerdan al Cañón del Colorado estadounidense. Imlil, una preciosa aldea montañosa sirve de enclave para las personas que decidan visitar el Parque Nacional del Toubkal o la Meseta de Tazaghaght con sus paisajes pedregosos no por ello menos hermosos.

A mayor distancia, a 194 km. de Marrakech aparece Beni-Mellal es una bonita ciudad en la que merece la pena visitar su animado zoco en la Place de la Liberté, los jardines que rodean la fuente Asserdoun y la Kasbah Ras el Ain. Desde allí es indispensable viajar a las Cascadas de Ouzoud con sus tres desniveles a 110 mt. de altura que forman varias piscinas naturales en las que bañarse es toda una delicia.

En las cumbres nevadas de Oukaïmeden se puede esquiar en invierno y hacer montañismo en resto de las estaciones, en parajes naturales de gran belleza.

Tomando la carretera de Uarzazat, en la zona norte del Alto Atlas, se llega a Taddert, un pequeño pueblecito de montaña donde se pueden adquirir piedras semipreciosas y fósiles a buen precio. De allí se alcanza el puerto situado a 2.260 mt. de altura de Tizi N'Tishka conocido como el puerto de los pastos ya que es utilizado por los pastores para llevar a sus reses a los frescos pastos de gran altura que se conservan durante la primavera y el verano. Una vez cruzado el paso aparece el País Glaua con sus kasbahs construidas por la tribu Glaua. El centro del comercio de la zona se encuentra en Ouarzazate famosa por sus alfombras y cerámicas, cuenta con un aeropuerto internacional y unos recientes estudios de cine creados para facilitar el rodaje de películas en esta región desértica de gran belleza.

Des la zona norte a la parte oriental del Anti-Atlas donde se despliega el hermoso Valle del Draa surcado por el río Draa que desaparece bajo la arena después de recorrer 250 km. Tamnugal, antigua capital de los beréberes mezguita y Tinezoulin, impresionante oasis con varios pueblos en su interior son sus poblaciones más interesantes.

Y de los valles fértiles del Draa a la conocida como la Puerta del Desierto, Zagora, ya en el sur. El Palmeral de AmazrauTamegrut con sus artesanos especializados en joyas y sus mezquitas de techo azul con minaretes blancos, Mahamid el-Ghuzlan, palmeral donde los lunes tiene lugar un animado suq donde, en ocasiones, se dejan ver los impresionantes hombres azules y Hamada del Draa con sus pinturas rupestres son sus máximos atractivos.

5. Viajar a Marruecos: Ruta de los Casbahs

Como si se tratara de un espejismo o un engaño de la vista, majestuosas fortalezas de color arena y ciudadelas abandonadas a su suerte, aguardan cubiertas por la arena, conservando las cicatrices de la Historia, el retorno de los guerreros y mientras acogen con agrado a los visitantes que las admiran en silencio sobrecogidos ante su grandeza.

La aventura comienza en Ouarzazate, en el mismo cruce de los caminos que llevan a los valles del Draa, del Dadés y del Ziz, con la vista de las dos primeras casbahs, la de Taourirt y la de Ait Benhaddou. La Casbah de Taourit, antigua residencia señorial del Glaoui jefe de la tribu Glaua, eleva sus torres y sus almenas de entre una multitud compacta de viviendas. La Casbah de Ait Benhaddou, situada a unos treintena kilómetros de la ciudad, es un castillo de arena bordeado por almendros en flor que ha servido de escenario para películas como 'Lawrence de Arabia' o 'Té en el Sahara', debido a su extraordinaria belleza reconocida por la UNESCO que le ha otorgado la categoría de patrimonio de la humanidad. Ouarzazate ofrece además un encuentro con las culturas y artesanías, en su zoco de los domingos se pueden adquirir alheña, rosas de desierto, comino, abrótano destilado, cacharros de alfarería beréber, objetos de piedra tallada, mantas y alfombras azules o amarillo oro de original diseño, entre otros muchos objetos y todos ellos a buen precio.

El Valle del Draa, es el resultado de un lecho que se ha abierto paso desde el Alto Atlas hasta Agdz, oradando un alargado oasis de 200 kilómetros antes de morir entre las arenas que preceden al M'hamid que, en su momento, fue el río más largo del país.

Dejando atrás la ciudadela, el fortín rojo y la llamativa arista del Djebel Kissane de la pequeña Agdz, la carretera continúa en pos del oued de Draa, entre palmeras rebosantes de amarillentos dátiles y flores rosadas de las adelfas. Este mosaico de tonos crema y gris, sobre una tierra ocre, descubre Tamenougalt, capital de los beréberes, con su ksour, torre almenada de color arena que se pueden ver salpicando todo el paisaje de la zona como también en Igdaoun con sus altas torres de forma de pirámide truncada. En Tinzouline se puede admirar el ksar y la alcazaba situadas en el corazón del oasis.

En el oasis de Zagora los saadianos iniciaron su marcha por la conquista de Marruecos en el siglo XVI, llegando hasta Tombuctú. Desde este punto se pueden realizar numerosas y excitantes excursiones. Una de estas se dirige a Tamegroute, conocida por su antigua biblioteca y los textos que se guardan en ella y también por su notable madrassa, las inconfundibles mezquitas coloreadas en azul y blanco y el mausoleo situado en el interior de la fortaleza con bóvedas de artesonado en oro que acoge los restos de Sidi Mohammed Ben Nacer, creador de la escuela coránica de este lugar.

La Llanura de las Gacelas, M'hamid el-Ghuzlan, donde se desenvuelve uno de los zocos más vistosos de Marruecos, es conocida como una de las puertas del desierto. La arena y las dunas habitan la inmensa hamada, el Desierto del Draa donde el impresionante silencio y el implacable sol se transforman al caer la noche en un entorno lleno de vida, zorros del Sáhara, escincos conocidos como pescados de las arenas, búhos gran duque y otras muchas especies salen a explorar este remanso de paz desconocido para la mayoría de los hombres.

Otra excursión fascinante recorre el Valle del Dadés, este impresionante valle nace en el Alto Atlas y se estrecha hasta formar calcáreas gargantas en las que, según el saber popular, se esconden hasta mil casbahs. Es el oasis de Skoura, modelado por Yacoub el-Mansour en el siglo XII, la antesala a este magnífico valle al que se accede a través de una carretera flanqueada por palmeras y jardines perfumados, particularmente hermosa a la altura de los rosales del Kelaa M'Gouna. Ya en Azlag, aldea conocida por los hábiles artesanos que forjan hermosos puñales labrados, se divisa la vieja casbah de el-Glaoui, impresionante ya que se mantiene haciendo equilibrios sobre una roca y que ofrece un hermoso contraste con la sobria casbah de Bou Taghrar.

El camino remonta el Dadés, dejando al descubierto las afiladas secciones que forman las gargantas, para alcanzar el alto de un cañón, donde habitan numerosas y diversas aves y muflones y se pueden contemplar otras casbahs de color malva, rojo, anteado y púrpura dependiendo del matiz que las rocas de alrededor posean como la mansión fortificada de Amerhidil, las casbahs de Imassin y Ait Ridi y El-Kelaa M'Guna fascinante conjunto de casbahs de las que sólo se conservan algunos restos que permiten imaginarse la magnificencia que alcanzaron en la antigüedad.

Los acantilados de Todra, con paredes de hasta 300 metros que limitan el paso a una franja de una veintena de metros, forman parte del mismo espectáculo. Tinerhir, su principal población con más de tres mil habitantes, está construida en terrazas a lo largo de una colina con un refrescante palmeral. A pocos kilómetros se encuentra la Fuente de los Peces Sagrados de carácter sagrado por lo que está prohibida la pesca. Merece la pena recorrer la pista que lleva hasta Imilchil futuro enclave del Parque Nacional del Alto Atlas Oriental creado para proteger la población de carneros salvajes.

El oued del Ziz baja también del Alto Atlas, formando un valle por entre los acantilados que salvan Rich y enfila hacia el sur, regando las palmeras de Tafilalet antes de esfumarse en las arenas de Taouz. El río, que forma un largo pasillo protegido por ejércitos de altas y robustas palmeras, observa en su curso la medersa de Sidi Salim, el ksour y la espléndida casbah de Ifri. La presa de Hassan Addakhil atempera sus ánimos, y el dócil oued se transforma, del esmeralda al rojizo ocre, en la zona de sus riberas.

Erfoud pone el broche de oro al viaje, cerrando una extensión de hasta un millón de palmeras y abriendo la puerta a las primeras arenas del Sahara. Por delante Merzouga y sus amaneceres recortándose contra las Dunas del Erg Shebbi que pueden alcanzar los 250 mt. de altura en cuyas cercanías se encuentra un hermoso lago con una gran variedad de aves entre las que destaca el rosa de los flamencos que allí habitan de febrero a marzo. Para finalizar el recorrido Maadid, ksar rodeado de murallas de adobe, el Manantial Azul en Meski que brota de una gruta y tiene fama de curar la esterilidad y Figuig, uno de los mayores palmerales del país.

6. Viajar a Marruecos: Casablanca

Esta ciudad mítica es la mayor metrópoli del Magreb y el mejor ejemplo de la modernidad marroquí. La ciudad consume el 30% del total de la energía eléctrica del país, alberga al 60% de las empresas nacionales, es sede de casi todos los bancos y sus hoteles y tiendas de lujo conjugan a la perfección el Art Decó con el estilo Neo-árabe. En ella se han dado acontecimientos de gran importancia como el de la Conferencia de Anfa, cuando Churchill, Roosevelt y De Gaulle acudieron ante el rey Mohamed V.

Desde 1912 las autoridades urbanísticas han venido trabajando intensamente en la adecuación de la ciudad a su crecimiento de población. Así pues, se observa rápidamente cómo parten, en forma de estrella, amplias avenidas desde el mismo centro. Este centro se encuentra en la Plaza de Mohamed V donde se une la ciudad antigua con la parte más moderna. Destacan en ella la Torre del Reloj, restaurada en 1992 y el Hotel Excelsior de 1920. Paseando por el Bulevar Mohamed V se pueden contemplar los escaparates de los principales comercios de la ciudad y construcciones de los años 30 realmente encantadoras, también el mercado central tiene en este bulevar su enclave y por las mañanas se pueden adquirir objetos llegados de todo el país.

La Plaza de las Naciones contiene el centro administrativo de la ciudad. Sus edificios son muy atractivos como el del Consulado de Francia, la Wilaya, prefectura de policía con su torre de 1930 que cuenta con una sirena que puede oírse durante el mes santo del Ramadán como señal de que ha finalizado el ayuno y el Palacio de Justicia construido en 1925. En el centro de esta plaza, la enorme fuente se puede contemplar en todo su esplendor durante los fines de semana cuando se realiza un espectáculo de luz y sonido.

Y del centro a uno de los remansos de paz de Casablanca, el Parque de la Liga Árabe. Pasear por sus avenidas o tomar algo en las terrazas de los simpáticos cafés es todo un placer. En este paseo se puede visitar la Iglesia del Sagrado Corazón que en la actualidad acoge un teatro.

En el Barrio de los Habus conocido como la Medina Nueva se erige otra iglesia cristiana, la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en la que destacan sus maravillosas vidrieras diseñadas por Gabriel Loire. La Medina Nueva fue diseñada en 1923 por arquitectos franceses y es todo un ejemplo de cómo la arquitectura moderna se puede adecuar a las necesidades de un mundo tan especial como el que se vive en una medina. En sus calles ordenadas y sus plazas encantadoras se percibe el diseño moderno sin perder ese sabor exótico que las caracteriza, destaca en su interior la Mahkama del Pachá, edificio suntuoso que sirve a la vez de tribunal y de salón oficial de recepciones.

Y de la Medina Nueva a la Medina Antigua donde la sorpresa y la animación se respiran por cualquier rincón de sus desordenadas callejuelas habitadas por artesanos y comerciantes de cualquier especialidad. Al norte se encuentra la Kubba de Sidi Beliuth, protector de la ciudad y a su lado se halla una fuente que, según la leyenda, quien bebe su agua se asegura el retorno a Casablanca. En la calle Tnaker se levanta el Santuario de Sidi Qayrawani, el primer patrón de la ciudad y en el barrio oeste la Kubba de Sidi Bu Smara situada a la sombra de una antigua higuera india.

El extenso Muelle Moulay Youssef (3.180 metros), que vino a suplir la carencia de una ensenada natural, es el primero de Marruecos y el cuarto de toda Africa. El barrio del puerto es uno de los centros de la vida en Casablanca, por la mañana sus comercios de lujo, restaurantes, piscinas, hoteles y bares de moda y, a partir del atardecer, la 'movida' nocturna hace su aparición ofreciendo una amplia gama de diversiones con las que disfrutar.

Uno de los mayores centros de atracción de la ciudad es la Mezquita de Hassan II que, levantada desde el océano, es lo primero que se divisa de Casablanca desde el aire. La sala de oraciones de esta faraónica construcción puede albergar en su interior hasta 25.000 fieles y más de 80.000 personas en su explanada. Más de tres mil artesanos venidos de todos los puntos del país han hecho posible que, en una superficie de dos hectáreas, se levante el minarete más alto del mundo con 200 metros de altura con un rayo láser visible a 35 km. a la redonda. Además, la mezquita cuenta con un techo móvil que en sólo tres minutos puede convertir la sala de oraciones en un enorme patio interior.

7. Viajar a Marruecos: Agadir y el Sur

Agadir

Continuando hacia el sur, por el litoral marroquí, se descubre la antigua factoría y la Fortaleza portuguesa de Santa Cruz del Cabo establecida aquí en 1505, que abre al mundo de los encantos de una larga franja de diez kilómetros de fina arena donde se localiza Agadir, en el lugar de la que el fundador de la dinastía saadiana Mohamed Echeikh el Mehdi desalojó a los lusos en 1541 siendo esta su edad de oro en la que los navíos embarcaban sus cargamentos de caña de azúcar, dátiles, cera, pieles, aceites, especias y oro entre otras muchas y variadas mercancías. Sin embargo, con el paso del tiempo esta ciudad fue perdiendo su esplendor hasta que en 1960 un terremoto la destruye prácticamente en su totalidad. Mohamed V toma las riendas y ordena su reconstrucción, ésta vez pensando en un moderno centro vacacional ubicado lejos de las zonas de riesgo de sufrir un nuevo seísmo.

Así nace uno de los más bellos balnearios del Reino con casas blancas, hermosos jardines e instalaciones modernas y cómodas al que acuden turistas deseosos de practicar deportes como el golf en uno de los campos más famoso del país con 18 hoyos, el tenis en sus 150 pistas de tenis y la equitación por la playa, entre otros, nadar en su maravillosa playa de arenas doradas o practicar deportes náuticos como el winsurfing, el submarinismo y la vela, sin olvidar la pesca de altura a lo largo del Cabo Ghir. Los visitantes también pueden conocer a los misteriosos 'hombres azules', descubrir zocos presaharianos o, simplemente, contemplar el fantástico vuelo de los flamencos rosas.

Dentro de la ciudad destacan además el puerto pesquero, el más importante del país, con su lonja y los encantadores restaurantes donde degustar los pescados y mariscos recién sacados de la mar, el Valle de los Pájaros, pequeño zoo de aves de todo el mundo donde cada especie habita una morada reconstruida según su habitat natural, la Casbah, situada en lo alto de una colina es uno de los monumentos que no ha sido reconstruido después del terremoto y el Museo donde se exponen muestras de arte y tradiciones populares del valle del Sús y las regiones saharianas reunidas por el historiador de arte Bert Flint.

El Sur

El viaje continua por paisajes naturales de tal belleza que dejan al turista una impresión imborrable en su recuerdo, cascadas vertiginosas, cielos que alcanzan tonos malva en las maravillosas puestas de sol, campos enteros de almendros en flor, playas salvajes de aguas transparentes, ciudades encaladas y quizá su máximo atractivo, los misteriosos y alucinantes hombres azules.

A tan sólo doce kilómetros de Agadir se puede disfrutar de la hospitalidad de las tribus beréberes de los Ida Ou Tanana, refugiados en su blanca ciudad de Imouzzer. Rodeada por un espléndido paisaje natural conocido como el Valle del Paraíso, los miembros de esta tribu viven principalmente de la apicultura cuya miel mezclada con ingredientes naturales como el tomillo, lavanda, aceite de argan o almendras molidas se puede adquirir a buenos precios. A pocos kilómetros se encuentran los Manantiales del Río Tinkertcon cascadas a distintos niveles que se deslizan por rocas calcáreas de color blanco por lo que se denominan popularmente el Velo de la Novia. Tarhazout ofrece una excelente playa en la que practicar en surf a tan solo 16 km de Agadir.

A 40 km. de Agadir se encuentra Sidi-Rbat que cuenta con una excelente playa en cuyas cercanías se ubica un parque natural, Souss Massa, con una laguna en la que habitan numerosas especies de aves, ibis, patos tórtolas, garzas reales y entre las que destacan los maravillosos flamencos rosas y las gacelas.

Y, en un viaje no más largo que el anterior, se extiende el camino, impregnado del aroma de naranjos, bananos y olivares que crecen a su paso, de la llanura del Souss, que llega hasta la simpática Inezgaze que adquiere toda su animación los martes, día en que tiene lugar su colorista zoco.

Taroudannt, a 80 km. al este de Agadir, recibe el sobrenombre de la Pequeña Marrakech por sus murallas de adobe, sus jardines, sus zocos animados con tejadillos de cañizo, sus callejuelas intrincadas y la Plaza Assareg que acoge los encantadores cafés en donde se reúnen sus habitantes, los Roudanis. Es muy romántico dar un paseo al claro de luna en calesa a través de sus calles.

Un poco más lejos, a 80 km. al sur de Agadir, se encuentra Tiznit en donde sus habitantes todavía visten el traje regional. Población amurallada con almenas de color rosa situada en un oasis, Tiznit es conocida por la habilidad de los joyeros que trabajan con esmero siguiendo los diseños beréberes en su animado zoco donde se pueden adquirir hermosos collares, brazaletes, aderezos frontales, cinturones, fíbulas, anillos, broches y otras muchas piezas. En la Place du Pasha todavía se puede contemplar a los hombres azules y su Gran Mezquita bien merece una visita.

Amtoudi es uno de los graneros comunales fortificados más antiguos de las montañas del Anti-Atlas fortificado por la tribu Iznaguen con una gran puerta, aunque ya el difícil acceso a este lugar a través de un desfiladero de palmeras y estanques rocosos es una segura protección.

A 185 km. al sur de Agadir se encuentra Goulimine, ciudad situada en el límite con la parte occidental del Sáhara conocida por el mercadillo de los sábados en el que con un poco de suerte se pueden contemplar los tratos que realizan los fascinantes hombres azules, denomidados así por sus trajes de tejido de algodón de color índigo, llegados del desierto que arriban a esta plaza para vender y comprar dromedarios en el mayor mercado de dromedarios de Marruecos. Desde Goulimine una pequeña excursión al Oasis Aït Boukhapermite disfrutar con la guedra, danza erótica que interpretan de rodillas las mujeres del Sáhara.

La capital administrativa del Sáhara occidental se encuentra en El Aaiun, situada sobre una laguna salada rodeada de hermosas dunas. Sus principales puntos de interés son el Oasis de LemsidTarfaya, centro del comercio británico en otra época, la fortaleza española de Dehira y el Palacio de Ma el Ainin, actualmente en ruinas.

Sidi-Ifni destaca por sus construcciones decorativas y por la originalidad de su puerto al que únicamente se puede acceder en teleférico.

Tafraout, el país de los Ammeln, está rodeada de montañas de granito rosa que forman un circo natural que alcanza todo su esplendor en amaneceres y puestas del sol cuando los rayos se reflejan en las rocas y las casas color ocre pálido envolviéndolo todo en tonos malva y rojo ardiente. A los pies del Ibel Lekst se puede alucinar con el paisaje lunar que ofrecen las rocas erosionadas de carácter volcánico.

A 200 km. de Agadir, al este se encuentra Taliouine situada en el centro de un precioso valle donde se encuentran otros pueblecitos de gran encanto. Diferente pero también muy hermoso resulta Tazenakht famoso por sus alfombras ouzguita de alegres colores y originales diseños.

8. Viajar a Marruecos: Ciudades Fortificadas

  • Asilah, Arcila, se encuentra a poco más de 40 km. de Tánger. Esta ciudad, puerto pesquero, de pequeño tamaño con su puertas y ventanas en colores azules, verdes y amarillas que contrastan bajo el brillante sol marroquí con el blanco de las paredes esconden en su interior un rico pasado histórico ya que fue habitada por romanos, españoles y portugueses cuyos vestigios aún pueden admirarse en baluartes, torres y murallas. Su historia se remonta a 3.600 años de antigüedad siendo quizá una de las más importantes de la 'Mauritania Tingitana', sin embargo su actual denominación Asilah la recibió durante el período de islamización de la ciudad. Unida a su importancia histórica esta ciudad ha destacado siempre por su cultura y sus artes, de hecho, el Festival Internacional de Asilah atrae cada verano a miles de participantes de todo el mundo.Son puntos de interés especial la antigua medina, Bab el Kasbah, Bab Labhar, Bab Ihoumer, la plaza de Torre kmra y el Palacio de la Cultura, antigua residencia del Bajá Raissuni.
  • Azemmour, A 100 km. al sur de Casablanca, aparece Azemmour rodeada de murallas de color ocre. En su paseo de ronda, una pequeña plataforma domina la desembocadura de las aguas rojizas del Oum er-Rabia, famoso por sus deliciosas alosas, la especialidad culinaria local. La medina es soberbia con sus casas blancas y cuadriculadas adornadas de buganvillas que se escalonan en terrazas entre olivos y granados. Más abajo se encuentra el santuario de Moulay Abdallah Ben Ahmed en cuyas puertas se descubre el estilo luso. A la izquierda, paseando se alcanza la Kasbah con la Dar El Baroud, la Casa de la Pólvora. Su playa, Haouzia, a kilómetro y medio del centro, ofrece una gran atracción y un verdadero placer, porque su temperatura ideal y sus frescos veranos hacen de esta playa una estación balnearia única en el mundo.
  • El Jadida, considerado como el mejor abrigo de toda la costa atlántica El Jadida fue duramente disputado a los portugueses que lo tuvieron que abandonar en 1769. Durante la ocupación lusa se denominó Mazagao y obtuvo ese aspecto que la caracteriza de ciudad medieval típicamente portuguesa. Doscientos años más tarde la villa es liberada bajo el reinado del soberano Alauita Sidi Mohamed Ben Abdellah convirtiéndose ya en El Brija El Jadida, la nueva fortaleza. Sus murallas ofrecen un mágnifico paseo panorámico y cada uno de sus cinco bastiones proporciona una vista única sobre el puerto, los fosos, las casas apiñadas y la mezquita con su minarete blanco. Resulta fastinante su aljibe portugués de 1.100 mt. cuadrados, donde el agua y la luz ponen de relieve una sorprendente arquitectura gótica.
  • Safi, Esta ciudad fortificada debe sus murallas al reinado de los Almohades, período en el que se desarrollaron ampliamente las actividades intelectuales, religiosas, arquitectónicas, artísticas y científicas aunque obras tan importantes como la Zaouia de Cheikh Mohamed Saleh, la escuela científica y el hospital fueron destruidas posteriormente por los portugueses por lo que es imposible contemplarlas. Con la salida de los lusos en 1541 Safí volvió a vivir un período de prosperidad bajo el reinado del Sultán Saadiano Mohamed Cheikh, aún se conservan obras magníficas como la Gran Mezquita de la Medina, las escuelas religiosas y científicas y la reconstrucción de la antigua medina. Además de visitar la Medina y las murallas son de interés también el castillo del mar, construido por los portugueses en 1523, la antigua Kasbah construída por los Saadianos con sus tejados verdes y el Palacio de la Bahia, la torre redonda lusa, la Colina de los Alfareros donde los artistas moldean originales piezas de arcilla, la antigua medina, la iglesia portuguesa de estilo gótico y la antigua Medersa.
  • Essaouira es una preciosa ciudad amurallada del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el siglo VII a.d.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de Mauritania. La parte moderna de la ciudad se remonta al año 1765 cuando el Sultán Si Mohamed Ben Abdellah la creó para competir con Agadir. Este encantador puerto, resguardado por unas sólidas murallas con vistas a una paradisíaca playa de fina arena, da vida a una ciudad de una intensa vida comercial de la que no han podido retraerse personalidades de la talla del escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que filmó en este lugar los exteriores de su popular Otelo. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita, une los muelles con la ciudad y abre paso a la Skala del puerto y a las murallas, que segmentan la ciudad vieja en barrios, alcazabas, el Mellah y la medina. Esta última, moldeada por marroquíes y lusos, mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas que desembocan en la Plaza Bab el-Sebaa. Los joyeros y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin, aunque ya no trabajan los materiales que antaño les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de marquetería siguen hallándose en el mismo sitio que desde hace siglos, el lugar al que se accedía atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas. No muy lejos de este punto se emplaza el Museo Sidi Mohamed Ben Abdallah, en una antigua residencia palaciega que alberga las más variadas muestras del arte marroquí. Al norte de la ciudad se encuentra el Mellah o barrio judío, demarcado por un mercado que termina en la puerta de Bab Dukkala. Su playa se extiende sobre 6 km. de arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes de la pesca ya que sus aguas son ricas en cangrejos, langostas, congrios y rayas, entre otras especies.