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MARRUECOS - SITUACIÓN Y GEOGRAFÍA
 

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA

Situado al noroeste del Continente Africano, Marruecos ocupa una extensión de 445.180 km. cuadrados que limitan al norte con el Mar Mediterráneo, al oeste con el Océano Atlántico, al sur con el Sáhara y al este con Argelia.

Marruecos es fundamentalmente montañoso con varias cordilleras de importancia: al norte se levanta el Rif con el Yebel Tidirhin de 2.548 m. como máxima altura y el Atlas, dividido en el Medio Atlas, conformado por elevadas planicies y pliegues más accidentados en el noroeste (siendo su cumbre más alta el Bu-Iblam con 3.190 m).; el Gran Atlas, donde está situado el pico de mayor altura de Marruecos, el Monte Tubkal con 4.165 m.; y el Anti-Atlas que desciende hasta la costa atlántica (cerrado hacia el sur por el macizo de Yebel Sirua de carácter volcánico). Entre el Rif y el Atlas Medio se extiende una zona mesetaria de menor altura conocida como la 'Quebrada de Taza' cuyo terreno está cubierta de lava por una reciente actividad volcánica. Las zonas más fértiles se encuentran entre el Océano Atlántico y el Atlas.

El litoral marroquí se extiende a lo largo de 3.500 km. En la zona costera mediterránea las montañas se mezclan con el mar y destacan como accidentes geográficos de importancia el Cabo Tres Forcas y Punta Almina. Desde ésta, hasta el Cabo Espartel, se encuentra el Estrecho de Gibraltar y el litoral atlántico de menor altura, recto y más arenoso con pequeños acantilados que finalizan en playas de gran belleza.

La cuenca fluvial marroquí es abundante y sus ríos caudalosos, aunque la mayoría no consiguen llegar al mar debido a los enormes bancos arenosos que existen junto a las desembocaduras. Destacan en la vertiente atlántica el Loukous, el Sebou, el Oum er Rebia, el Tensift y el Sous; y en la mediterránea el Muluya. Los ríos Dadés, Rheris, Ziz y Guir nacen en el Gran Atlas para perderse en el desierto. Resulta interesante el Lago Dayet Afurgah, situado en una de las depresiones cársticas que abundan en la meseta del Medio Atlas.

Dentro de las formaciones geográficas y topográficas del país llama poderosamente la atención los oasis, vergeles de origen espontáneo que se pueden hallar en lo más recóndito de las superficies áridas. El agua es el signo distintivo de este pequeño enclave densamente poblado de palmeras datileras, un refugio para el peregrino y un modo de subsistencia de explotación intensiva (de dátiles) para los lugareños.

Pero es que, además de sus 3.500 kilómetros de costa y las rugosas cordilleras del Rif, el Medio y el Alto Atlas, el Anti Atlas y el macizo volcánico del Yebel Sirua, Marruecos cuenta con antiquísimos y verdes bosques de coníferas, muy ligados a las alturas mencionadas, sin olvidar los bosques de arganes, en tierras más áridas y calurosas.

En los denominados bosques de la Mamora abundan las acacias, los eucaliptos, los pinos y más de 50.000 hectáreas de alcornoques.

El desierto marroquí se ubica entre el Yebel Sirua y el Anti Atlas, y está estratificado en función de su proximidad al mar, con lo que su naturaleza presahariana casi nada tiene que ver con las volátiles y cambiantes dunas que el inclemente sol devora sin piedad. La estepa, aunque árida, alberga una nutrida vida animal así como una variedad de flora.

 

FLORA Y FAUNA

La diversidad geográfica de Marruecos comprende una extensa variedad de especies animales y vegetales, que se reparten equitativamente entre las marismas de sus costas, las dunas de sus desiertos, las elevadas cumbres, las áridas estepas y las refrescantes sombras de sus oasis.

Así pues, el desierto y la estepa, aunque igualmente áridos, contienen especies distintas y comparten otras muchas variedades. La estepa tiene en el esparto de las colinas, el azufaifo espinoso con sus frutas rojas que resultan comestibles, la artemisa blanca que suele crecer cerca del esparto, la tawarza, arbusto de latex y los betoums, pistacheros del Atlas, son su principal vegetación. La fauna cuenta con animales perfectamente adecuados a su hábitat como el chacal dorado que se alimenta de lagartos y roedores y también, en los malos tiempos, de fruta, el dromedario que en invierno se cubren con un pelo más largo, la perdiz moruna, la salamanquesa, el lagarto como el de cola espinosa o el de Bribrón y serpientes como la Psammophis Shokari y aves como las gangas, las ortegas, los camachuelos, los corredores, las collalbas y los gorriones, así como roedores, psammomys, meriones, jerbos o los gerbillos. Existen además otras muchas especies entre las que destacan, armadillos, hienas, fenecs, liebres, gacelas y gatos de Margarita. En el desierto, entre las hermosas dunas, se pueden contemplar plantas fredolias, enredaderas del desierto, euforbos del Rey Juba y auzones que cobijan del calor sofocante del día a víboras cornudas de peligrosa picadura, varanos del desierto, escincos conocidos como peces del desierto, zorros del Sáhara, escarabajos, moscaretas de cabeza gris, escorpiones negros o languedociano de color rojizo, ardillas de Berbería y un buen número de aves como buitres negros, moscaretas de luto, alondras del desierto, búhos ascalafos y gorriones blancos entre otras.

En los márgenes del río Massa, un verdadero vergel convertido en Reserva Natural, se pueden contemplar porrones, jabalíes, meloncillos, águilas, alondras, mirlos, mumones, quebrantahuesos, ibis, tórtolas, garzas reales, gacelas y como reyes, pintando el horizonte de color rosa, maravillosos flamencos.

La fauna marina marroquí, muy conocida por sus excelentes sardinas, comprende más de 240 especies, distribuidas equitativamente entre las categorías de altura y semialtura. Gambas, pulpos, calamares, salmonetes, doradas, lubinas, langostas, caballas, anchoas, atunes, peces espada y rayas son diariamente extraídas de sus aguas por los pescadores que combinan las artes tradicionales con las técnicas más modernas de pesca. El litoral marroquí cuenta con una gran variedad de aves como vuelvepiedras, chorlitejos grandes, gaviotas canas o charranes patinegros, entre otras muchas.

En las cumbres del Atlas entre matorrales, xerofitos espinosos y enebros turíferos, triscan los musmones y vuelan los quebrantahuesos, las águilas calzadas y reales, las alondras cornudas y las chovas piquirrojas.

En los bosques de cedros y de arganes destacan las peonías, los algarrobos, el enebro rojo, el pistachero del Atlas y como fauna, las ardillas de Berbería, el azor oscuro, el colirrojo de Musier, el autillo, el águila culebrera, los macacos de Berbería, las jinetas y el leopardo. El bosque de Mamora destaca por sus eucaliptos, pinos, acacias y alcornoques y por sus camaleones africanos, cigüeñas blancas, papamoscas grises, carracas y tórtolas.

En los oasis y palmerales se pueden contemplar especies como el doum, palmera enana, las Washingtoniana robusta, la pequeña de Canarias y la hermosa Sabal palmetto, entre más de 25 especies. La más común es la datilera que alcanza alturas de hasta 30 metros, aunque no suelen vivir más de cinco años. Su fruto, el dátil, constituye uno de los productos de exportación más importantes del país. Marruecos posee cerca de cinco millones de palmeras datileras, distribuidas en una superficie de más de 80.000 hectáreas.

 


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