Cómo viajar con equipaje de mano y no morir en el intento

En el momento de reservar el vuelo lo tuviste muy claro. “¿Voy a pagar un extra por mi maleta? Ni hablar, ¡esta vez me voy sin facturar!”. Ahora, en el momento de la verdad, tus ojos van sin parar de la diminuta maleta de mano abierta sobre la cama al montón enorme de ropa y cosas que necesitas llevar contigo y empiezas a dudar. “No va a ser posible, piensas, “¡en esa maleta no cabe nada! Antes de aceptar tu derrota y dirigirte cabizbajo hacia el ordenador para cambiar tu tarifa de vuelo (y pagar el consecuente extra), detente un momento. ¿Sabías que hay gente que se va de viaje un mes (¡un mes!) solo con equipaje de mano? Si ellos pueden, ¡tú también! Lee los consejos que te proponemos desde Rumbo para viajar sin facturar (y seguir siendo una persona con estilo) y, si en el proceso de hacer la maleta vuelves a sentir la necesidad de pagar esa tarifa extra y acabar con todo, piensa en las ventajas. No temer que te pierdan el equipaje. Ser una de esas personas que salen con su maletita directamente desde el avión y miran con cierta condescendencia a los que esperan en la cinta. ¡Contar a tus amigos que te fuiste de viaje dos semanas sin facturar! ¿Convencido? Estos son los pasos para hacerlo:

  1. Comprueba medidas y peso. Antes de nada, y para evitar descubrir al llegar al aeropuerto que tu aerolínea tiene unas condiciones distintas y las maletas que permiten en cabina son más pequeñas que la tuya, comprueba en las condiciones de vuelo que, efectivamente, cuentas con la maleta o mochila adecuada.
  2. Olvida los “por si acasos”. Será difícil para ti si eres una persona precavida, pero piensa en viajes anteriores y en cuántas cosas que llevaste no salieron nunca de la maleta. Las katiuskas por si llueve, ese jersey gordo de lana por si hace frío, unas cuantas camisetas de tirantes por si al final hace calor todos los días… ¡nunca más! Es el momento de empezar a confiar en los meteorólogos y a aceptar que esa chaqueta gorda no te va a hacer falta en tu viaje de primavera a Canarias.
  3. Lavar la ropa es posible. Mucha gente olvida este detalle cuando va de viaje, al igual que asumen que en el lugar de destino no se va a poder comprar comida o champú o una bufanda si hace frío. ¿Por qué no lavar la ropa como haces en casa? Tienes todo tipo de opciones: escoger un hotel con servicio de lavandería (casi todos lo tienen), buscar una lavandería por tu cuenta o, simplemente, llevar algo de jabón y hacer tú mismo el lavado a mano un par de noches.
  4. Enrolla la ropa. Este es un básico para hacer la maleta y que todo ocupe menos espacio: en vez de guardar las prendas dobladas, prueba a enrollarlas. ¡Te cabrán muchas más cosas! Este método tiene además otra ventaja: la ropa se arruga mucho menos.
  5. Neceser a los mínimos. Para empezar, recuerda la normativa: solo puedes llevar líquidos o cremas en equipaje de mano si van en botes de hasta 100 mililitros. Esto ya te limita un poco, pero no servirá de nada si quieres meter el máximo (diez de esos botecitos), todo tu maquillaje, cepillos, peines y hasta esponjas. Gel, champú y alguna crema es más que suficiente en cuanto a líquidos. En cuanto al resto de los productos, aprovecha el viaje para probar algo distinto: un maquillaje sencillo, un pelo más natural… Sobrevivirás y, si al llegar descubres que no, siempre puedes asaltar la droguería más cercana. (Si viajas a un lugar sin droguerías lo más probable es que nadie se dé cuenta de tu aspecto).
  6. ¿Necesitas tanto calzado? La respuesta es no: céntrate en dos pares, uno más informal y otro más elegante –suponiendo, claro, que en tu viaje vayas a tener la oportunidad de usarlos los dos – y lleva puesto el que ocupe más. Es decir, las botas de montaña en tus pies, y los zapatos de ciudad en la maleta.
  7. Abandona los libros físicos. No para siempre, no te preocupes, pero aunque seas de esas personas que se agarran a los libros de toda la vida, que necesitan el olor a papel y las estanterías llenas; a la hora de viajar, los ereaders ganan por goleada. Pesan y ocupan poco y puedes llevar dentro todos los libros que quieras.
  8. Lleva puesto lo que más ocupe. El abrigo, el jersey gordo, las botas de montaña… conozco casos de gente que incluso se puso una toalla a modo de capa porque no le cabía en su maleta. Sé creativo y recuerda que en los aviones es donde todos abrazamos nuestro lado más estrafalario. Imagina que eres un trendsetter y que mañana todo el mundo llevará toallas como capas. Esa es la actitud que necesitas para subirte a un avión.
  9. Abraza el zen. Seguro que has leído un montón de veces eso de que para ser feliz es imprescindible tener pocas cosas. A la hora de viajar, esta filosofía se traduce en mayor movilidad (¿recuerdas aquel día con tu pesada maleta en el metro de Londres en hora punta, intentando subir unas escaleras?), tranquilidad (perder la maleta es menos trágico cuando tiene muy pocas cosas), y más tiempo para disfrutar del viaje (ya no tendrás que ir dos horas antes del vuelo para facturar, ni esperar delante de la cinta de equipajes).