Viajar a Uzbekistán: la ruta de la seda

Cuando se habla de la Ruta de la Seda no debemos ceñirnos únicamente al comercio de productos u objetos entre Asia y Occidente. Los senderos de los mercaderes que viajaban de Venecia, Constantinopla o India hasta China (y viceversa) trasladaban algo más que seda o joyas entre reinos. Sin ser conscientes de ello, eran los transmisores del saber de la época, de los conocimientos, tradiciones y cultura que viajaban a lomos de los camellos. Cada parada técnica en un caravasar era un punto de difusión. Y las ciudades comerciales más importantes entonces grandes focos de sabiduría. Bien lo sabía Marco Polo y bien los sabían los ciudadanos que viajaban por Asia Central, el nudo de comunicaciones más importante de la ruta. Hoy, las viejas y legendarias Samarkanda, Bukhara o Khiva forman parte de la República ex soviética de Uzbekistán. Este país, abierto al turismo, exhibe las joyas de su pasado más glorioso. El arte timúrida fue el escenario privilegiado de quienes llegaban hasta ellas. Y se conserva para que los viajeros saboreen in situ uno de los cuentos de las mil y una noches. Hay tres ciudades que, por suerte, conservan el espíritu de la ruta de la seda y deben formar parte de nuestro viaje soñado a Uzbekistán.

Samarkanda

No existe topónimo más sugerente que el de Samarkanda. Esta ciudad, por sí misma, se convirtió durante siglos en el centro del mundo. Hasta aquí llegaba gente de distintos confines de Asia, Europa e incluso África. De ella escribió Marco Polo (aunque nunca estuvo en ella, sí su padre y su tío). También nos lo contó, y no de oídas, fue el español Ruy González de Clavijo, quien a principios del siglo XV fue a visitar al gran Tamerlán para pedirle ayuda contra los turcos de parte del Rey castellano Enrique III. Su embajada fue un fracaso en su propósito pero gracias a este viaje se saben muchas más cosas del Imperio timúrida y ciudades como la gran Samarkanda. Si tenemos que escoger un solo lugar, aquel que hace que el viaje merezca la pena, es la Plaza del Registán. Tres madrasas dan sombra a un espacio que deslumbró a comerciantes y viajeros de todas las épocas. Hoy lo siguen haciendo. Ver brillar las grandes puertas y cúpulas de azulejo devuelve a este lugar la grandeza de haber sido una plaza políglota que vio desfilar saberes

plaza del registan en samarkanda uzbequistan
plaza del registan en samarkanda uzbequistan

Por otro lado queda honrar la figura de Tamerlán en su tumba. En este edificio, también de azulejo, encontramos el preludio de una construcción que los mogoles realizarían en India, el Taj Mahal. Gur-e Amir podríamos considerarlo como el abuelo del edificio más bello de todos los tiempos.

tumba gur e amir en samarkanda uzbekistán
tumba gur e amir en samarkanda uzbekistán

La Mezquita de Bibi Khanum, con una de las cúpulas más grandilocuentes de Asia Central es otra de las visitas ineludibles. Algo más lejos, Sha-i-Zinda se erige como la gran necrópolis noble de Samarkanda. Un viaje a los confines de la muerte a través de mausoleos de inimitable belleza.

samarkanda en uzbequistan
samarkanda en uzbequistan

Bukhara

Bukhara (en castellano Bujará) es el complejo arquitectónico mejor conservado del medievo en Uzbekistán. Más compacta y perfecta incluso que Samarkanda, se basa en laberintos de adobe que soportaban el calor asfixiante del verano por medio de una sucesión casi infinita de cúpulas. La postal más bella de Bukhara la encontramos tomando el té en una terraza desde la que se advierte Poi Kalon, un complejo de mezquita, madrasa y minarete. Este último, repleto de detalles, es algo así como la torre del ajedrez de una ciudad que respira Edad Media por los cuatro costados.

bukhara ciudad de uzbekistan
bukhara ciudad de uzbekistan

La casa de los cuatro minaretes (Chor Minor), los bazares donde irnos de compras (es el mejor sitio de Uzbekistán para traernos algún recuerdo) o un té en una chaikana de antaño es, en sí, un viaje al corazón de Bukhara. Las murallas de la fortaleza, The Ark, se doblan en el barro para proteger el que fuera uno de los palacios más poderosos de Asia Central. Sólo pudieron con él los rusos…

Khiva

Seguro que si indgamos en los cuentos de Las mil y una noches encontramos una ciudad como Khiva. A veces da la impresión de que sólo falta que veamos a Aladino salir volando con su alfombra mágica. Rodeada de zigzagueantes murallas, Khiva (Jiva si lo castellanizamos) se sitúa entre dos grandes desiertos para ser admirada por los viajeros. La que antiguamente se trató de un mercado de esclavos es hoy una de las visitas más memorables de cualquier viaje a Uzbekistán que se precie.

khiva ciudad de uzbekistan
khiva ciudad de uzbekistan

Callejones estrechos recorren un laberinto amurallado repleto de edificios históricos bien conservados que, aunque han perdido su función original, permiten que contemplemos (y nos frotemos los ojos) ante un escenario de cuento.

jiva ciudad de uzbequistan
jiva ciudad de uzbequistan

Samarkanda, Bukhara y Khiva son las tres visitas imprescindibles si vamos a viajar a Uzbekistán. También tenemos Shakhrisabz, la cuna de Tamerlan, o el viaje al Mar de Aral en que los barcos oxidados se posan en la arena tras una de las mayores catástrofes ecológicas de la Historia. Incluso esa, la faceta más deshonrosa del ser humano contra la naturaleza en tierras asiáticas, debe formar parte de un itinerario por Uzbekistán. Viajar es conocer… y aprender. Y aquí reside gran parte del saber acumulado durante milenios. Es la ruta de la seda… la aventura que muchos hemos soñado alguna vez. José Miguel Redondo. Autor del blog de viajes www.elrincondesele.com y colaborador de Rumbo