Viajar a Mozambique, el país de la boa gente

mozambique bazaruto
El archipiélago de Bazaruto, Mozambique

África es el último reto del viajero. Eso pensaba cuando comencé a realizar viajes de varios meses con la mochila al hombro. En ellos visité América, Asia, Europa y Oceanía, esquivando siempre el llamado continente negro. Quizá aún no estaba preparado o, quizá, simplemente quería dejar lo mejor para el final, como ese sabroso postre que has estado conservando con celo durante toda la cena. Hace un par de años realicé un viaje de dos meses por el sur de África. Sabía que pasaría 10 días en Sudáfrica pero el resto era una total incógnita cuando aterricé en mi vuelo a Ciudad del Cabo. Finalmente, por cosas del destino, acabé pasando un mes en Mozambique, un país en el que nunca había puesto mi punto de mira. Bendito destino. Mozambique es un país habitado por gentes valientes que han sufrido lo indecible con una colonización tiránica por parte de los portugueses, que duró hasta 1975, y una larga guerra civil con la que cerrarían un siglo XX para olvidar. Quizá esa penuria les ha forjado un carácter abierto, alegre y con ganas de vivir. O quizá no sea esa la razón, porque ya el gran navegante portugués Vasco de Gama bautizó a Mozambique con el sobrenombre de "O país da boa gente". Además, Mozambique ofrece bellos paisajes de montañas, playas, bosques, ríos y pequeñas aldeas prácticamente vírgenes, alejadas de la industria del turismo en un país casi olvidado. Aquí te dejo algunos de los lugares que visité durante mi viaje de un mes por Mozambique:

El archipiélago de Bazaruto y Vilanculos

Quér ver en Mozambique: Bazaruto en Mozambique
Playa de la Isla de Bazaruto

Las aguas que rodean las islas del archipiélago de Bazaruto son de las más preciadas por los buceadores de medio mundo. El océano Índico regala aquí distintos tonos de azules y el fondo marino rebosa de vida con corales y peces de variados tamaños y colores. Sin embargo, el mayor atractivo es la posibilidad de nadar junto a los increíbles tiburones ballena. El mamífero más grande del mundo puede llegar a medir hasta 12 metros y poder moverte junto a ellos, simplemente con gafas y tubo, es una experiencia inolvidable. Pero en Bazaruto no sólo encontrarás belleza en el agua, sino también el la tierra. Las islas del archipiélago poseen dunas mezcladas con zonas de verde vegetación, haciéndolas parecer oasis en un desierto turquesa. Puedes visitarlas en una excursión de un día, partiendo del pueblo pesquero de Vilanculos, en la costa sur de Mozambique.

Qué ver en Mozambique: vilanculos
Mujeres pescadoras en Vilanculos

Vilanculos es un lugar tranquilo donde la gente vive, principalmente, de la pesca y el poco turismo que hay en la zona. La marea varía mucho a lo largo del día y por la mañana no es raro ver a las mujeres, con medio cuerpo hundido en el agua, intentando pescar algo, mientras los hombres ya han partido en las frágiles embarcaciones de vela. Sin embargo, la tarde deja apenas una franja de arena libre para pasear. Deambula por su bullicioso mercado diario. Allí encontré mi segunda casa, en un “restaurante” con una sola mesa y un solo plato del día, regentado por una gran mujer llamada Litossa, con la que aún sigo en contacto.

Maputo, calor en la capital

Maputo en Mozambique
Maputo, en Mozambique

El guía que nos mostró la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica, me dijo que todos los sudafricanos van a Maputo cuando quieren correrse una buena fiesta. “Algo así como Las Vegas del sur de África”, me explicaba el amigo. Maputo es una ciudad cálida, en todos los sentidos posibles de la palabra. Es caótica, como toda gran urbe africana, y puedes sentir la desigualdad y la pobreza en muchos rincones de la misma.  Salvo algunas iglesias, museos, fuertes y la estación de ferrocarril, todas de la época colonial, no hay muchos otros atractivos monumentales. Visité el fuerte de Nossa Senhora da Conceiçâo y paseé por el mercado de artesanía africana que ponen en el Parque dos Continuadores. Durante el fin de semana, los bares y discotecas de la zona centro de la ciudad se llenan de jóvenes mozambiqueños de clase media-alta y expatriados que se encuentran en Maputo por trabajo. En tan sólo un par de noches conocí tanta gente que tuve que comprarme una tarjeta SIM mozambiqueña para mi móvil. Me invitaron a un par de fiestas con gente local y lo pasé en grande. Sin embargo, tras haberlo vivido, no estoy de acuerdo con la comparación de aquel guía sudafricano. Maputo es el Río de Janeiro africano, no Las Vegas. El carácter latino de la gente es innegable y cuando se ponen a bailar, más vale que te eches a un lado y disfrutes del espectáculo.

Las montañas de Gurué

Qué ver en Mozambique: Gurue
Gurue en Mozambique

La costa y sus islas, la capital… Pero Mozambique es, por encima de todo, su campo. En el interior de la región centro-norte de Mozambique se encuentran las montañas que rodean al pueblo de Gurué. Entre ellas destaca, con sus 2.419 msnm, el monte Namuli, el segundo pico más alto del país. Aunque llamarlo “pico” es algo complicado ya que las montañas mozambiqueñas aparecen redondeadas, como suaves colinas que parecen reflejar el espíritu de las gentes que las pueblan. Así son los campesinos mozambiqueños, duros como la roca en su interior y accesibles y alegres en su parte externa, como los tapices verdes que cubren los macizos de Gurué. Para llegar a esta zona del país, tomé un tren desde la gran capital del norte, Nampula. Tras pasar un par de noches en Gurué, realicé una caminata de 2 días hacia la cima del Namuli. En las faldas de la montaña existe una aldea donde habita una reina que decide rezar - o no - para que el buen tiempo te acompañe en tu ascensión. La cantidad de rezos es directamente proporcional al número (y valor) de los presentes que le lleves, así que carga la mochila con ellos antes de salir de Gurué. Durante los dos días de trekking no paré de encontrarme con gente maravillosa y una multitud de niños que no dejaban de seguirme y con los que pasé ratos geniales. Con tanta tierra de cultivo, es complicado encontrar parcelas libres donde acampar, así que,  tras la celebración de una reunión extraordinaria de aldeanos, el jefe de una aldea me acogió en su propio terreno. Sin duda, fue mi mejor experiencia en Mozambique, y en toda África.

Ilha de Moçambique

isla de mozambique
Isla de Mozambique

Fue en 1507 cuando los portugueses fortificaron el primer asentamiento europeo en África. Con el paso del tiempo, la aristocracia exiliada portuguesa levantó palacios, grandes casas coloniales, iglesias y más fortificaciones, llegando a convertir a la minúscula Ilha de Moçambique en la capital del país. Cuando la visité, más de 500 años más tarde, apenas quedaba nada de todo su esplendor pasado, y un halo de melancolía flotaba en el ambiente. Unas construcciones parecidas a chabolas ocupan la parte de la isla más cercana al largo puente que une a Ilha con la costa de Mozambique. En el norte están las construcciones coloniales y alguna pequeña playa. Hay poco que hacer en Ilha de Moçambique, salvo trabar amistad con la legión de niños de la calle que pululan por el lugar y disfrutar de atardeceres mágicos. Eso es lo que hice yo, además de visitar el gran fuerte de San Sebastián y jugar al fútbol con el equipo de chavales de Ilha. Paradojas de la vida, yo lo hice descalzo y ellos con unas buenas botas de tacos. Me costó marcharme de Ilha, sabedor de que mis días en el país tocaban a su fin.   Me marché de Mozambique dejándome un trozo de corazón allí. Sus paisajes son atractivos pero es la gente la que me cautivó. Desde entonces vivo con el anhelo de regresar. Sé que lo haré.