Qué ver y hacer en Tarragona, historia a orillas del Mediterráneo

España continúa ofreciendo nuevas alternativas que combinan desde las playas hasta la historia, el buen comer con la cultura. Y si combinamos todos estos elementos la ciudad de Tarragona resurge como una de las candidatas más potentes.

Qué ver en Tarragona: Circo romano
Restos del Circo romano de Tarragona. @TGNturisme

La provincia de Tarragona encuentra en la antigua Tarraco su mejor apuesta más allá de Port Aventura o Salou, pudiendo presumir de hasta 14 elementos designados dentro de un mismo patrimonio de la Unesco.

Además, en 2018 Tarragona albergará los famosos Juegos del Mediterráneo, un certamen deportivo al que cada año optan más de 26 países diferentes y en el que participan más de 4 mil deportistas. Una excusa perfecta para viajar a Tarragona y disfrutar de ese ambiente olímpico en una ciudad con la capacidad de transportar al viajero a otras épocas.

Te invititamos a descubrir qué ver en Tarragona, la ciudad favorita del Imperio Romano y una de las más idóneas de España para visitar en cualquier época del año.

Tarragona y su historia

Acueducto de Tarragona.
Acueducto de Tarragona.

En algún momento entre los siglos V y III a.c. un antiguo poblado íbero fue descubierto por los romanos en su intento por acortar el paso de las tropas del general cartaginés Anibal durante su ruta hacia Roma a través de la antigua Hispania.

Sería alrededor del 218 a.C. cuando los romanos vencieran a los íberos y cartagineses durante la Segunda Guerra Púnica en el promontorio del río Francolí, dando paso al Praesidium de Tarraco, boceto de la ciudad que el Imperio romano consolidaría entre los siglos I y II d.C.

A Julio César le encantaba veranear en ella, dicen que hasta el Dios Júpiter abandonó a su esposa mortal por irse a Tarragona y los comerciantes comenzaron a inundar las calles de una ciudad que fue hinchándose hasta convertirse en la urbe más importante de la Hispania Citerior. Una Tarraco en la que los anfiteatros enfrentaban a gladiadores con bestias y los viejos cardenales tomaban vino con vistas a las murallas.

Siglos después del nacimiento de Tarraco, la ciudad catalana continúa siendo una de las mejores propuestas de nuestra geografía gracias a unos patrimonios, cultura y encanto que pueden abordarse en pocos días, pues ante todo, Tarragona es una ciudad cómoda, que encandila a todo aquel que se acerca a ella.

Visitando Tarragona: del anfiteatro a sus murallas

Anfiteatro de Tarragona.
Anfiteatro de Tarragona.

La principal virtud de la ciudad de Tarragona reside en su capacidad para adaptarse a la historia, especialmente cuando parte de la estructura antigua se mantiene intacta. Un escenario que llamó la atención del comité de la Unesco en el 2000, año en el que catorce elementos de la ciudad pasaron a englobar el llamado Conjunto Arqueológico Romano de Tarragona, siendo el anfiteatro la pieza angular del siguiente recorrido por las calles de la ciudad antigua, también conocida como Parte Alta.

El principal motivo por el que el anfiteatro fue erigido junto a la playa en el siglo II d.C. se debe a la introducción directa de los animales que el Imperio Romano traía a fin de ilustrar las famosas batallas de gladiadores que acontecían en esta construcción oval de más de 100 metros por 80 de diámetro. Por su entrada se cuela el mar azul y la llamada fosa bestiaria continúa evocando rugidos de bestias en mitad de la arena. En mitad del anfiteatro, los restos de la iglesia gótica de Santa María del Milagro confirma el cese de unas actividades que se vieron mermadas tras la influencia del catolicismo en el siglo V.

Qué ver en Tarragona: Carlos Arola en Plaça del Sedassos.
Obra de arte urbano de Carlos Arola en Plaça del Sedassos.

El anfiteatro supone el mejor punto de partida para perderse por otros monumentos como los restos de su Circo Romano o el Palacio de Pilato, junto al que se incluye un Museo Nacional Arqueológico de Tarragona. Si lo que preferís es patear, lo mejor será explorar las calles del casco antiguo de Tarragona y contemplar sus calles bohemias, los colores de las viviendas modernistas de la Plaça de la Font (donde el restaurante Piscolabis - Plaça de Corsini, 3,- ofrece uno de los menús más ricos que he probado en mi vida) y continuar hasta la parte árabe de la ciudad, donde la Plaça dels Sedassos ofrece una muestra de arte urbano del artista Carlos Arola ocupando la fachada entera de un edificio. Otro de los grandes descubrimientos reside en el hecho de que la ciudad se haya adaptado a lugares como su Circo Romano, cuyos restos sobresalen tanto en el interior de un restaurante como la sala de espera de una caja de ahorros.

Tarragona: Catedral de la Santa Tecla de Tarragona.
Catedral de la Santa Tecla de Tarragona.

Otros de los monumentos que podréis descubrir en la Parte Alta de Tarragona son la Catedral Gótica de la Santa Tecla de Tarragona, construida en el siglo XII, el Ayuntamiento o las murallas de la antigua Tarraco al descubierto, rodeadas de cipreses y acentuadas con lugares como el Portal de San Antón.

Y aún así os preguntaréis ¿y el alojamiento? Las opciones son muchas. En mi caso, yo me hospedé en el hostal Noria, situado en la propia Plaça de la Font. Económico, acogedor y en pleno centro de Tarragona.

Tarragona histórica: visitando su Foro y la Necrópolis

Digamos que Tarragona puede ser dividida en dos visitas si habéis pensado en una simple escapada de fin de semana: la Parte y Alta y la zona sur de la ciudad compuesta por su famosa Necrópolis. Otro de los highlights más apartados sería el Acueducto de Tarragona, también conocido como Puente del Diablo, el cual podéis visitar si tomáis las líneas 5 y 85 de bus. A la vuelta, y a partir del propio centro de la ciudad, podéis proseguir con la segunda parte de la visita.

Foro Romano de Tarragona.
Foro Romano de Tarragona.

A través de la Rambla Nova y sin necesidad de tomar transporte público, alcanzaremos uno de los mayores orgullos de la ciudad: su foro romano. Compuesto por dos enormes plazas que albergan hasta 18 hectáreas de extensión, el foro fue construido en el 73 d.C. y servía para reunir al concilio que tomaba las principales decisiones de la ciudad. Actualmente encontramos restos de columnas, ánforas olvidadas en antiguos pozos y la conocida casa de la Curia.

El último lugar de nuestra visita nos lleva a un lugar más apartado. De hecho, los propios romanos concibieron su famosa Necrópolis Paleocristiana en las afueras de la ciudad, junto a la Vía Augusta que marcaba la transición hacia el sur.

Necrópolis de Tarragona.
Necrópolis de Tarragona.

Restos de sarcófagos descubiertos salpican el Museo de una necrópolis tan fascinante como siniestra en la que yacen los restos del clérigo Fructuoso, quemado en el anfiteatro en el siglo II d.C. junto a sus diáconos Eulogio y Augurio como resultado de la persecución romana a los cristianos. A estos tres mártires se les dedicaría la construcción de una Basílica y baptisterio al que irían sumándose más cadáveres durante los siguientes años.

La Tabacalera de Tarragona ocuparía parte de este cementerio a principios del siglo XX hasta convertirse en un jardin vertical que muestra esa otra Tarragona más natural y tranquila, la del río Francolí que surca los alrededores de la Necrópolis o el barrio de El Serrallo, donde los pescadores y casitas de colores se combinan con las gentes de un siglo XXI en el que aún sobrevive la historia de una de las ciudades más gloriosas del Mediterráneo.

Y ya que estamos, ¿qué tal un hotel con entradas incluidas a Portaventura?

Para más información sobre Tarragona:

Web oficial de Tarragona Turismo

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