Qué ver en Montmartre, París, ruta por la colina más bohemia del mundo

 

Abandonamos la boca de metro Clichy y nos sumergimos en el bullicio de Pigalle, barrio de neones y viejos placeres que caldea cualquier ruta hacia las entrañas del lugar que mejor representa la cultura artística de París: la Butte (o Colina), también conocida como Montmartre, lugar al que durante el siglo XIX Napoleón III y Haussman enviaran a todos los habitantes del centro de la ciudad como parte de su innovador plan urbano.

Llegar hasta esta bella ciudad no es nada complicado, ya que cuenta con más de un aeropuerto a donde llegan las compañías aéreas más importantes ofreciendo vuelos baratos en casi cualquier época del año.

Un espacio donde se aglutinan los cimientos de ese París idealizado por todo el mundo a modo de pseudo parque temático de la bohemia donde sus muchas callejuelas y escondrijos esconden un encanto que cabalga más allá de las típicas postales del Sacre Coeur o el Moulin Rouge.

Hoy, Rumbo.es te lleva a través de esta ruta a través de Montmarte, en París, la colina más bohemia del mundo y patio de recreo en el que Amélie introdujo sus manos en sacos de habichuelas o Picasso pintó su famoso Las señoritas de Avignon.

¡On y va!

Ruta por Montmartre: de molino en molino

Montmartre, en París: Moulin Rouge / Fotografía propia.

El primer lugar de nuestra ruta es el Moulin Rouge, lugar en el que la Satine a la que interpretase Nicole Kidman se balanceaba sobre un trapecio vestida en mil diamantes. Considerado como uno de los lugares más icónicos de París, este "molino rojo" se convirtió en envoltorio del cabaret que cambiaría para siempre la Belle Époque del Montmartre del siglo XIX.

Construido por el arquitecto catalán Josep Oller, el Moulin Rouge abrió sus puertas en 1889 bajo gran expectación, convirtiéndose en lugar asiduo de artistas y elitistas que cenaban entre champagne y números de can can que camuflaban algunos de los primeros stripteases de la época.

El cabaret, el cual inspiraría la creación de otros bares similares como el Cotton Club de Nueva York, aún ofrece cenas-espectáculo que van desde los 150 a los 200 euros, y entre los que no faltan caviar, champagne y el glamour de rigor.

Un primer lugar a fotografiar antes de seguir cuesta arriba por la calle Lepic y maravillarnos con ese ambiente típico de Montmarte: sus tiendas vintage, bares peculiares como Un zèbre à Montmartre, o cafés como el Deux Moulins, popularizado por la película Amélie. Como testigos, los famosos gnomos de la película continúan ordenados en las estanterías y el director de la película, Jean-Pierre Jeunet, quizás os espíe desde su apartamento, situado justo enfrente del café.

Si continuamos hacia arriba nos sumergiremos en un conjunto de callejuelas de piedra en las que lucen muestras de arte urbano, jardines deliciosos y también los apartamentos sobre cuyos tejados Toulousse y Picasso debieron compartir más de una copa de vino. De hecho, el Bateau Lavoir, edificio situado en el número 13 de la rue Ravignan, fue residencia del pintor malagueño entre 1904 y 1909. Su nombre, el Barco Lavadero, le fue asignado por los muchos artistas que vivieron en este edificio inspirados por el aspecto de uno de los famosos bateaux de tres plantas que surcaban el Sena.

Montmartre, en París: muestra de arte urbano / Fotografía propia.
Montmartre, en París: muestra de arte urbano. / Fotografía propia.

La siguiente parada de nuestra ruta, situada justo tras el edificio mencionado, es el Moulin de la Galette, el primo desconocido del Moulin Rouge contruido en 1620 y lugar en el que la familia de los Debray amasó pan hasta que el último de su generación fuese colgado de sus aspas durante la Revolución de 1814. Poco después el molino y sus jardines serían regentados en las tardes de domingo por familias y artistas, siendo Renoir  el que inmortalizara este lugar con su famoso cuadro Baile en el Moulin de la Galette.

Tras visitar este molino habremos llegado a la cima de una colina que nos invita a descender de nuevo, sumergiéndonos en los lugares más desconocidos y peculiares de nuestra ruta.

Montmartre: casas rosas y un viñedo

Montmartre, en París: Viñedos de Montmartre / Fotografía de Daniela Linssen.

Al descender por las calles de Montmartre, el manto verde custodiado por verjas nos invita a descubrir uno de los lugares más desconocidos de La Butte: sus viñedos, los cuales afloran en el corazón de la colina esperando a que el primer sábado de octubre los asistentes celebren la fiesta de la vendimia y pisen juntos sobre los racimos que sudan el Le Clos-Montmartre tan famoso en esa zona.

Los organismos pertinentes de estos viñedos conceden visitas contadas de no más de 20 personas, a fin de preservar un patrimonio activo desde el siglo XVI en la que era la cuna vinícola de París.

Montmartre, en París: Cabaret Au Lapin Agile / Fotografía de Daniela Linssen.

Justo frente a los viñedos, los vestigios de la vida bohemia de hace más de cien años continúan intactos: la Maison Rose luce sus colores rosados y alberga espectáculos privados mientras Au Lapin Agile, antiguo cabaret del barrio, sigue sirviendo licor de cereza a selectas visitas a partir de las 9 de la noche.

Montmartre, en París: La Maison Rose / Fotografía de Daniela Linssen.

Retazos de una noche parisina que nos empuja, poco a poco, al corazón bohemio de Montmartre: la Place du Tertre, antiguo oasis artístico en el que los pintores se reunían para lucir sus obras al público.

Hoy día, la esencia de esta plaza quizás no se asemeje a la de antaño, pero los artistas locales continúan dando muestra de su esfuerzo ofreciendo caricaturas a unos turistas que llegan buscando el encanto de ese viejo Montmartre.

Tras este recorrido adivinamos unas cúpulas blancas sobre los tejados, seguimos su curso entre las callejuelas y, finalmente, ante nuestros ojos despierta el monumento más importante de Montmartre.

Montmartre: A los pies del Sacre Coeur

Montmartre, en París: Vistad del Sacre Coeur. / Fotografía de Daniela Linssen.

Muchos pensaréis que el Sacre Coeur, o Basílica del Sagrado Corazón, es uno de los edificios más antiguos de París. Sin embargo, quizás os sorprenda saber que esas cúpulas blancas fueron construidas entre 1875 y 1914.

Erigido sobre una planta de cruz griega y situado a 129 metros de altura en la famosa Butte, el Sacre Coeur es un edificio de influencias bizantinas creado para excusar los pecados de la Comuna de París durante la Guerra Franco Prusiana de 1870.

En su interior podréis contemplar parte de ese encanto devoto, si bien ciertos trazos adolecen de unas intenciones quizás demasiado comerciales para un edificio mayormente religioso.

Para cuando abandonamos la basílica el atardecer envuelve los tejado de París y detenerse a contemplar las mejores vistas de la capital francesa se convierte en un obligado. Junto a la escalinata alguien canta canciones de Bob Dylan y Serge Gainsbourg, quizás también de Édith Piaf.

Y mientras "la touche parienne" se apodera de nosotros tenemos la sensación de encontrarnos en un latido de la ciudad congelado por el tiempo, llena de misterio y arte, de vino y juergas nocturnas en las que querríamos habernos perdido junto a Toulousse Lautrec o Renoir.

Si esta ruta a Montmartre os ha embrujado, os gustará saber que las opciones de hoteles en París son (casi) infinitas.