Qué ver en Menorca: calas, murallas y puertos míticos

La hermana menor de Mallorca sigue siendo el perfecto paraíso isleño en el que refugiarse de las altas temperaturas veraniegas. Atrapada entre murallas, abrazada por calas que descubren nuevos azules y dividida entre dos ciudades mediterráneas tan encantadoras como Ciudadela de Menorca y Mahón, la tercera isla más grande de las Baleares se convierte en todo un obligado a visitar en época estival.

Rumbo te lleva a conocer Menorca, sus calas y encantos a fin de que puedas dejarte envolver por este destino donde la historia, el relax y el encanto hippie se funden en un único y poderoso escenario.

Ciudadela

Aunque Mahón es la capital de Menorca, ubicada en la costa este de la isla, Ciudadela de Menorca, en el extremo occidental, es el mayor núcleo urbano y uno de los mejores puntos de partida a la hora de conocer el resto de este paraíso balear.

Ciudadela, imagen desde el puerto de esta idílica ciudad.

Forjada por influencias talayóticas (tribus prehistóricas de Mallorca y Menorca), romanas, españolas y hasta árabes, Ciudadela evoca esa Menorca coqueta y rocosa entre cuyas calles se cuela el mar y un Mediterráneo que teje un puerto legendario que, de cuando en cuando, se encabrita con la llamada rissaga, un fenómeno que desborda sus aguas ahora contenidas ahora por un dique.

Castillo de San  Nicolás en Menorca.

El encanto menorquín se aprecia en la Catedral de Santa María de Ciudadela, terminada en XIV sobre el asentamiento de una antigua mezquita, el encanto del Castillo de San Nicolás, o unas plazas, como el Borne, con su enorme obelisco, o la Explanada, donde sentarse a tomar una caña mientras admiramos la arquitectura insular es todo un deleite. Al atardecer, nada mejor que caminar por las calles admirando los yates cercanos o acercarse al puerto para degustar los platos de la tierra: su bacalao salado, la mayonesa tan típica como obligada y un trago de pomada, o la refrescante versión menorquina del gin tonic, admirando el mar en calma.

Pero no todo queda aquí, ya que Ciudadela supone el perfecto lugar desde el que partir a lugares menos turísticos como Punta Nati, cuyo faro y casas fantasmagóricas componen un escondite alejado de las rutas turísticas, o las bellas calas escondidas entre las casas más occidentales de la ciudad, como Cala en Brut o Cala en Blanes, paraísos que ya anuncian la galería de azules que descubriremos a través del sur de la isla.

Calas, playas y otros paraísos azules

Cala la Macarelleta, Menorca.

Recorrer Menorca en coche es posiblemente la opción más acertada a la hora de adentrarnos en la isla balear, coleccionar playas y elegir a cual de todas queremos volver para disfrutar del resto de la estancia. Por ese motivo, tras una estancia urbanita en Ciudadela lo mejor será dejarse llevar hacia el sur rumbo al este para descubrir las joyas veraniegas por las que Menorca es conocida en todo el mundo.

Situada en el extremo suroeste de Menorca, Cala en Bosc es una primera parada donde las aguas transparentes y los hoteles familiares convierten a esta en una de las mejores playas para disfrutar con los más pequeños.

 Un lugar no muy lejos de la considerada por muchos como una de las mejores calas de Menorca, Turqueta, situada a diez minutos de un párking hasta extender sus aguas transparentes entre un mar de pinos. Pero será algo más al este donde Cala Macarella, la más famosa de Menorca, luce unas aguas igual de turquesas. Un paraíso tan codiciado que incluso puede permitirse tener una hija pequeña, Macarelleta, no lejos de este lugar de ensueño en el que desconectar del mundo con vistas al Mediterráneo.


Los amantes del senderismo amarán Cala Galdana, y los de las aventuras con recompensa Cala Encorxada, una de las playas más inaccesibles de Menorca y por ello de las menos masificadas. El inicio de cualquier ruta a Encorxada, la cual no tomará menos de 45 minutos, surge en sus tres párkings más cercanos: los de Cala Mitjana, Santo Tomás y Es Migjorn Gran. A partir de cierto punto, los accesos en bicicleta se interrumpen y caminar entre los pinos buscando uno de los rincones más perdidos de la isla se convierte en todo un deleite.

Tras dejar atrás Santo Tomás, una de las playas más largas de Menorca, tocará refugiarse en el ambiente marinero y hippy chic que vinimos buscando. Es aquí donde la zona turística de Cala en Porter se abre a la famosa Cova d’en Xoroi, un sistema de cuevas embrujado por viejas leyendas y que al anochecer se viste de fiesta y ritmos isleños para invitaros a la mejor discoteca situada en un acantilado que descubriréis en vuestra vida. Animación para las noches menorquinas que podéis complementar con una visita a Binibequer, un pueblecito de pescadores de casitas blancas que os sumergerá en el costumbrismo de la isla antes de proseguir hacia el este.

Mahón, parques naturales y un faro mítico

En el extremo oriental de Menorca se concentran algunos de los mayores encantos naturales y culturales de la isla. Una zona diferente precedida por fortalezas como la de Isabel II, o la Mola, en el extremo de la bahía que anuncia la presencia del famoso puerto de Mahón, la capital de Menorca, protegida por restos de murallas como el Fuerte de Marlborough.

Bendecida por un puerto mítico, Mahón (o Maó, en catalán) es una ciudad de música, la de la ópera que inunda sus teatros y terrazas durante todo el año, la del órgano histórico escondido en la Iglesia de Santa María, o la electrónica que se cuela por sus chiringuitos de verano. Y entre ritmos, nada mejor que perderse por su arquitectura, por el Ayuntamiento que luce relojes ingleses o murallas en las que golpea el Mediterráneo.

Mahón supone el mejor punto de partida para descubrir esa Menorca histórica, con ejemplos como las construcciones talayóticas de Talatí de Dalt, visita obligada antes de llegar a la entrada del gran parque natural de la isla: S’Albufera des Grau, parte de la reserva de la Biosfera en Menorca conformada por 5 mil hectáreas donde se entremezclan las dunas, los acantilados y los humedales que harán las delicias de los amantes del avistamiento de aves. 

Y será allí,  junto al faro de Favàritx que vigila la isla de Colom y los encantos de Menorca explotan en forma de tamarindos, ruinas prehistóricas y calas como Arenal d’en Moro, donde podréis mirar al mundo sabiendo que la sal de playas mágicas y el relax de pueblos marineros han convertido este en el mejor verano de vuestra vida.

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