Qué ver en Marrakech, la ciudad de las mil y una noches

Cuando uno piensa en Marrakech, probablemente le vengan a la cabeza múltiples imágenes. Callejuelas laberínticas por las que perderse en la medina. Mezquitas repletas de fieles en los momentos de oración. Puestos callejeros con teteras, bandejas y utensilios de plata o el barullo de cientos de personas moviéndose por la mítica Plaza Djemaa el Fna.

La ciudad de las mil y una noches es una caja de sorpresas que esconde más de una cara diferente. Para conocerla bien, solo hay que proponérselo a conciencia. Reservamos un vuelo barato a marrakech ,nos colgamos la mochila y nos calzamos un par de zapatos cómodos para adentrarnos en ella. Comencemos y dejémonos embaucar.

Tienda medina Marrakech
Tienda medina Marrakech

Djemaa el-Fna

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero estando en Marrakech lo más correcto sería decir que todas las callejuelas desembocan en su plaza principal: Djemaa el-Fna. Es el centro neurálgico de esta ciudad que, sobre todo una vez caída la noche, brilla con su máximo esplendor.

Plaza Djemaa el-Fna Marrakech
Plaza Djemaa el-Fna Marrakech

Al atardecer los diferentes puestos de comida comienzan su tarea más cotidiana: montar a una velocidad de vértigo cada uno de los tenderetes en los que ofrecer la gastronomía marroquí más auténtica y exquisita. Los olores se esparcen por toda la plaza casi tanto como el humo que sale de sus barbacoas. Los músicos y artistas callejeros ocupan el espacio sobrante mostrando sus mejores números a todos los turistas que por allí pasan. La más pura esencia marroquí se encuentra aquí.

La medina y sus tesoros escondidos

Los entramados laberínticos por los que está formada la medina de Marrakech esconden tras sus muros antiguos palacios y casas de belleza increíble. Algunos de ellos son utilizados como hospedaje, los riads. Otros, han sido reconvertidos en restaurantes. Sin embargo, no son los únicos tesoros que descubrir en ella: también hay lugares tan bellos y curiosos como la Madraza de Ben Youseff, de obligada visita.

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Dirección:Kaat Benahid, Marrakech 40000, Marruecos

Madraza Ben Youssef Marrakech
Madraza Ben Youssef Marrakech

Esta antigua escuela coránica fue el hogar de 900 estudiantes que se dedicaban al estudio de los textos religiosos y jurídicos. Aún hoy se puede husmear por las antiguas habitaciones y pasillos, asomarse desde las altas ventanas al patio central y deleitarse con el intrincado artesonado en cedro o con las hermosas cúpulas que decoran gran parte del techo.

Conocer bien la medina pasará por escaparnos hasta el zoco de los curtidores. El fuerte olor que desprende nos llegará mucho antes de poder verlo, ya que uno de los procesos por los que pasan las pieles es por estar inmersas en unas enormes piscinas donde son tratadas con cal viva, orín de vaca y excremento de paloma entre otros agradables productos… Un trocito de menta no nos vendrá mal para aliviar el intenso y mal olor.

Curtidurías Marrakech
Curtidurías Marrakech

Y el cuero continuará siendo un elemento importante en otro de los rincones de la medina: el zoco de los tintoreros, donde los colores se convierten en los grandes protagonistas. Probablemente veamos colgando sobre nuestras cabezas grandes ovillos de lana de los colores más variados. O quizás nos topemos con algún trabajador que, con gran esfuerzo, introduce sus brazos en el agua para mezclar el tinte y asegurar así que los colores se impregnen correctamente en las telas. Sin duda alguna es una de las zonas más pintorescas de la medina.

El altavoz de Marrakech

Probablemente la joya de la corona: el símbolo más importante de Marrakech, la Kutubía. Este minarete de nada menos que 70 metros de alto es el principal altavoz para los almuecines de toda la ciudad. Cuando la llamada a la oración se hace oír cinco veces al día, los alrededores quedan completamente eclipsados por el momento.

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Kutubía Marrakech
Kutubía Marrakech

El estilo arquitectónico es similar al de la Giralda sevillana o la Torre Hasán de Rabat. Aunque en el pasado estuvo recubierta de mármol rosa de Marrakech, tras ser restaurada se dejó a la luz su original estructura en piedra. La entrada está prohibida para todo aquel que no sea musulmán, pero sí es posible acceder a los jardines que la rodean. Con eso será suficiente para dejarse impresionar por ella.

Magia en el Palacio Bahia

Pasear por Marrakech es evocar escenas que se desarrollan en épocas lejanas, cuando visires y concubinas convivían en lugares tan mágicos como este. El palacio Bahia fue construido a finales del siglo XIX. De él será complicado no salir con un ligero dolor de cuello: el trabajo del artesonado del techo, el dorado que resplandece por todas partes y la elegancia hasta en el más mínimo de los detalles deja claro que el visir Si Moussa y, posteriormente, Abu Bou Ahmed, buscaban impresionar a todo aquel que lo visitara.

Palacio Bahia Marrakech
Palacio Bahia Marrakech

Las tumbas saadíes

Entre mármol de Carrara y filigranas de oro se construyó este enorme mausoleo en el que reposan los restos del sultán Ahmed al –Mansour ed-Dahbi. Este supo rodearse incluso una vez fallecido: las tumbas que le rodean pertenecen a príncipes.

Para poder visitar las tumbas hay que ser avispado y fijarse muy bien: solo un estrecho pasillo lleva hasta ellas. Y, como todo, tiene su explicación: el sultán Mulay Ismail decidió, en 1603, intentar borrar el pasado de su antecesor y para ello construyó un muro que impidió el acceso a las tumbas durante años y años. En 1917 se descubrieron los restos y, desde entonces, es posible visitarlas.

Un oasis en Marrakech

Si hubo en la historia reciente un ferviente defensor de la ciudad de Marrakech, ese fue el diseñador y empresario francés Yves Saint Laurent. Enamorado de los encantos de esta gran ciudad marroquí, decidió establecerse en ella durante gran parte de su vida. Y lo hizo en las afueras de la caótica medina: en el Jardín Majorelle. En su interior se levanta la antigua casa del artista Jacques Majorelle, que convirtió su hogar en toda una obra de arte. A partir de los 80 Yves Saint Laurent se hizo con la propiedad y se preocupó por preservar su belleza y compartirla con todo el mundo.

Jardín Majorelle Marrakech
Jardín Majorelle Marrakech

Las más de trescientas especies de plantas que pueblan el frondoso jardín convierten este rincón en una visita indispensable, sobre todo si se quiere disfrutar de un auténtico oasis en la ciudad. Cuando Yves Saint Laurent falleció en 2008 sus cenizas fueron esparcidas por el jardín.

La ciudad nueva

Pero para despedirnos de Marrakech será necesario pasar antes por su barrio más cosmopolita. Así podremos conocer esa otra cara de la ciudad, la que se halla repleta de tiendas con sabor occidental, hoteles de lujo y discotecas. El barrio de Guéliz será nuestro destino en esta ocasión.

Aquí habrá que olvidarse de regateos y asumir los precios fijos, sentarse en una moderna cafetería o disfrutar del arte expuesto en alguna de sus múltiples galerías. Un final más que perfecto para nuestro paso por la hermosa ciudad de Marrakech.

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