Qué ver en Madeira: guía para recorrer la isla

La isla de Madeira surge del Atlántico como un tesoro listo para ser descubierto. Sus paisajes que quitan el habla, su interesante historia, sus coloridas tradiciones y su riquísima gastronomía, convierten la isla en una auténtica maravilla repleta de sorpresas que asombrarán hasta al más viajado de los visitantes. Con mil alternativas y opciones para poder conocerla en cada una de sus facetas, Madeira se trata de un destino que no decepcionará.

Y es precisamente ella la que le da nombre a un archipiélago formado por un total de cinco islas, tres de ellas deshabitadas. Madeira es la principal, la capital, y en ella se concentra la mayor parte de la actividad turística y comercial.

funicular en funchal madeira
funicular en funchal madeira

Tan solo habrá que recorrer, ya sea por aire o por mar, los 900 kilómetros que la separan de la península para comenzar a descubrir sus mayores secretos. Hoy los desvelamos en este artículo paso a paso, haciendo una parada en algunos de sus puntos más importantes.

Nos abrochamos los cinturones porque comenzamos nuestra ruta recorriendo la isla de Madeira.

Funchal

Se llegue por aire (aquí puedes encontrar vuelos a madeira) o por mar, la primera parada al pisar Madeira será su capital: Funchal. Lo que asombrará en un principio de ella será su disposición: sus edificios, calles y parques, desparramados cual lava de un volcán por la ladera de la montaña en la que se sitúa, alcanzan el mar para unirse a él en una comunión sin igual.

Para conocer bien la ciudad no podrá faltar perderse unas horas por su mercado de Lavradores y descubrir la gran variedad de frutas exóticas y pescados que existen en la isla. El barrio antiguo de Funchal, conocido como la Zona Velha, guarda la esencia de la ciudad, con sus galerías de arte y sus murales a cada paso. Además, en su calle principal, la rua Santa María, se encuentran algunos de los restaurantes y bares en los que poder descubrir la rica gastronomía de la isla y, por qué no, su marcha nocturna. La catedral del a Sé bien merece una visita, así como el puerto, repleto de grandes barcos y cruceros en los que cada día llegan a la isla cientos de turistas. Tampoco podremos dejar de deleitarnos con una cata de vino de Madeira en las históricas Adegas de Sao Francisco o con la emoción de escuchar fado en algún local del centro.

Mercado de Lavradores funchal madeira
Mercado de Lavradores funchal madeira

No estará de más tomar el funicular que conecta, en tan solo 15 minutos, la zona Velha con el barrio de Monte, en la zona más alta de la ciudad. El trayecto en sí, sobrevolando los tejados naranjas de Funchal, es todo un espectáculo. Una vez arriba se obtendrán unas vistas impresionantes de la costa madeirense y del Atlántico. Y ya que estamos arriba, una buena idea es visitar la iglesia de Monte para después atrevernos con una de las actividades más divertidas y arriesgadas que se pueden realizar: volver hasta la zona más baja en los famosos carreiros, cestos de mimbre tirados por profesionales de este arte con el que nos deslizaremos a una velocidad vertiginosa cuesta abajo por las calles de Funchal.

Càmara de Lobos

Alejándonos tan solo unos kilómetros de Funchal hacia el oeste llegaremos a Càmara de Lobos, un pequeño pueblo de pescadores pintoresco donde los haya. Los coloridos barcos que no hayan salido a faenar o ya estén de vuelta permanecerán atracados en el puerto, donde los pescadores, tras haber regresado de su jornada, probablemente se encuentren jugando alguna partida de cartas mientras beben la tradicional poncha, una mezcla de aguardiente, azúcar y zumo de limón muy típica de la isla.

pescadores en la camara de lobos funchal madeira
pescadores en la camara de lobos funchal madeira

Un enamorado de Cámara de Lobos fue Winston Churchill, quien pasó todo un año alojado en una pequeña casita del pueblo tras finalizar la II Guerra Mundial. Aquí se dedicó a beber vino de Madeira y a pintar óleos con los paisajes más pintorescos de la isla. Tras visitarla, nosotros mismos podremos entender qué fue aquello que le atrajo tanto de este lugar.

Cabo Guirao

Junto a Cámara de Lobos sale una estrecha carretera que, tras numerosas curvas, nos llevarán hasta el acantilado más alto de toda Europa: Cabo Guirao. Si somos capaces de sobrellevar el vértigo podremos animarnos a caminar sobre la plataforma de cristal que se levanta a nada menos que 589 metros de altura sobre el acantilado. Las vistas nos dejarán sin aliento: el paisaje es de los más espectaculares que se pueden encontrar en la isla.

Cabo Guirao en Madeira
Cabo Guirao en Madeira

Descubriendo levadas y cascadas

La naturaleza más impresionante la descubriremos adentrándonos en el interior de la isla. Las carreteras seguirán regalándonos curvas mientras atravesamos valles, montañas y pequeñas aldeas salpicadas por toda la geografía madeirense. Hay que recordar que madeira surgió tras la erupción de un volcán hace millones de años, lo que le regaló un relieve de lo más diverso.

Una de las actividades más comunes y por la que muchos turistas llegan hasta Madeira es el senderismo. Para ello lo más típico es caminar junto a las famosas “levadas”, como se conoce a los canales de riego que distribuyen el agua desde la zona más alta en el interior de Madeira al resto de la isla. Un total de 2 mil kilómetros de levadas regalan al viajero la oportunidad de conectar con la naturaleza más pura.

El 16% de la isla está cubierto por un bosque de laurisilva que desde el año 1999 está considerado Patrimonio de la Humanidad.

Interior de Madeira
Interior de Madeira

Porto Moniz

Cuando las carreteras comienzan de nuevo a descender hacia la costa norte empezaremos a atisbar a lo lejos, repartidos por todo el litoral, pequeños pueblos salpicados en grupos de blancas casitas y tejados naranjas. En esta parte de la isla la diferencia entre las zonas más altas y el nivel del mar es mucho más acentuado, algo que provoca que cada pocos cientos de metros nos encontremos con miradores donde disfrutar de las vistas.

Porto Moniz es uno de esos pequeños pueblos que sorprenden al viajero. A lo largo de su moderno paseo marítimo se reparten una serie de piscinas marinas que suponen uno de los mayores atractivos turísticos de la localidad. Formadas por la acción volcánica, han ido suavizándose con el paso de los años y el efecto de las olas.

Una buena opción es, después de haber disfrutado de un baño en las piscinas, sentarse en el paseo marítimo a tomar un helado mientras se contempla el atardecer. El espectáculo no defraudará.

Santana

Casas tipicas en Santana madeira
Casas tipicas en Santana madeira

Si algo convierte a Santana en famosa, son sus típicas casitas con tejados de paja a dos aguas, conocidas popularmente como “palhoças”. Repartidas por diferentes partes de la localidad, a lo largo de los años estas peculiares casas sirvieron de vivienda y establo a los lugareños, que por sus atractivas fachadas, han continuado conservándolas hasta hoy día.

Además de este atractivo cultural, Santana cuenta también con un parque temático dedicado a la cultura y tradiciones madeirenses que lleva abierto desde el año 2004. Otra de las razones por la que todos los viajeros que llegan hasta la isla marcan la localidad con una cruz, es porque desde ella parte una de las rutas de senderismo más importantes de toda la isla. La que lleva hasta su pico más alto: el Ruivo, a 1861 metros de altura.

Punta de San Lorenzo

Punta de San Lorenzo madeira portugal
Punta de San Lorenzo madeira portugal

No habrá mejor manera de despedirse de la isla que descubriendo su lado más oriental: Punta de San Lorenzo. Allá donde Madeira acaba, un estrecho brazo de roca y escarpados acantilados se estira aún un poco más, como si quisiera alargar su existencia convirtiendo la isla en un lugar infinito. Pero no lo logra, aunque sí que consigue ofrecer una estampa sin igual. Para poder disfrutarla en primera persona, lo mejor es aparcar el coche en el parking habilitado para ello y caminar a lo largo de los 3 kilómetros y medio de sendero que nos adentran en el Atlántico. El eterno combate entre las olas y rocas nos ofrecerán un espectáculo de esos que no se olvidan. De esos que nos vendrán a la mente siempre que oigamos nombrar a la isla Madeira.