Qué ver en mi ruta a Machu Picchu

El secreto nos lo reveló un taxista. La primera vez que visité Perú, en el 2008, existían dos maneras conocidas de llegar a Machu Picchu: en tren hasta Aguas Calientes, el pueblo más cercano a las ruinas, o haciendo el Camino del Inca, un trekking de tres días por la red de antiguos caminos incas. Vicky, mi compañera de viajes, y yo analizamos las opciones mientras viajábamos en taxi por Cusco: era febrero, el Camino del Inca estaba cerrado y el tren era demasiado caro para nuestro presupuesto. “Existe una ruta alternativa, la que usa la gente local”, nos dijo el conductor. Saqué la libreta y anoté las indicaciones como quien recibe el mapa de un tesoro: combi a Santa María, otra a Santa Teresa, taxi a la Hidroeléctrica, caminar por las vías hasta Aguas Calientes. “Salgan bien temprano, les va a llevar un día hacer ese camino”, nos dijo, “y van a gastar muy poco”.

machu-picchu-peru-vista-panoramica
machu-picchu-peru-vista-panoramica

Salimos la mañana siguiente. Dejamos nuestras mochilas en Cusco y llevamos lo necesario para visitar Machu Picchu. El trayecto a Santa María duró casi seis horas. La combi nos llevó por un camino angosto de ripio en la montaña, por la ventana se veían pueblos de pocas casas en las laderas verdes y se empezaba a sentir la humedad de la selva, que de vez en cuando hacía salir un arco iris. Esperamos unas horas en el pueblo, sentadas contra la pared de una casa frente a la ruta de tierra, hasta que pasó la combi a Santa Teresa. Llegamos en menos de una hora y compartimos con un grupo de viajeros chilenos el taxi hasta la Hidroeléctrica, el final de la ruta. Caminamos más de una hora por las vías del tren mientras se hacía de noche y al llegar a Aguas Calientes escuchamos el ruido del río Urubamba, que atraviesa el pueblo a toda velocidad. Estábamos a pocos pasos de una de mis mecas viajeras. Nos despertamos antes del amanecer. Nos habían recomendado subir a Machu Picchu bien temprano para aprovechar la mañana, que es cuando suele haber menos gente. Las ruinas de la antigua ciudad inca están ubicadas en la unión de las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu, en la cordillera central de Perú, a casi 2500 metros sobre el nivel del mar. Los incas construyeron Machu Picchu a mediados del siglo XV y lo habitaron hasta el siglo XVIII, el sitio quedó tapado por la vegetación y fue redescubierto en el siglo XX. Todavía no se sabe con certeza qué función cumplió la ciudad: se cree que fue una de las residencias de descanso de Pachacútec y que también fue un santuario religioso.

ruinas-machu-pichu-peru
ruinas-machu-pichu-peru

Al llegar nos recibió la niebla. Las ruinas estaban tapadas, solo se adivinaban algunas llamas que pasaban corriendo. Subimos al Huayna Picchu por cientos de escalones patinosos sin ver más allá de nuestros brazos. Cuando llegamos a la cima, unos cuarenta minutos después, la niebla empezó a disiparse y pudimos ver Machu Picchu desde arriba. Era como estar frente a la postal que había encontrado decenas de veces en revistas. Pasamos el resto del día recorriendo el sitio arqueológico, subimos y bajamos escaleras, entramos a lo que quedaba de las casas, espiamos por ventanas y dejamos que el guía nos explicara qué había sido cada construcción. Nos fuimos de Machu Picchu después del atardecer, cuando cerraban, y volvimos a Cusco al día siguiente. Ahí nos esperaba la segunda parte de la experiencia: conocer los pueblos, mercados y construcciones del Valle Sagrado de los Incas. *

machu-picchu-peru-llamas
machu-picchu-peru-llamas
Para visitar Machu Picchu hay que tomar un vuelo a Lima y de ahí trasladarse a Cusco en avión o en bus. Para ir de Cusco a Aguas Calientes hay más opciones que en el 2008: el tren, el Camino del Inca, trekkings alternativos al Camino del Inca (de mayor o menor duración) o la ruta que hicimos nosotras.