Qué ver en Brujas y Gante

En cuanto a la la Región de Flandes se refiere, así como en toda Bélgica, hay una eterna dicotomía o discusión entre viajeros que se posicionan con suma facilidad por una de estas dos ciudades: Brujas o Gante. Da la sensación, oyendo a unos y a otros, que las prioridades nos llevan a elegir siempre entre ambas. Estando allí recientemente me llegaron no pocos mensajes a las redes sociales sobre lo bonitas que les parecían las fotos que iba subiendo, pero siempre o casi siempre apostillando que eran más fans Brujas o, por el contrario, que su preferida era Gante.

Esto me hizo pensar sobre cuál era mi ciudad flamenca favorita, tras haber viajado en tres ocasiones a la zona, y me di cuenta de que era como si me preguntaran eso de si quiero más a papá o a mamá o si me gusta más la tarta de limón que la de queso. ¡Pero si me gustan igual! me respondí a mí mismo. Pero no, tuve que pensar más, poner sobre la mesa los pros y los contras, rebuscar en los momentos que había vivido en ambas… y seguir decidiendo tontamente. Hoy, en este artículo, estoy dispuesto a posicionarme. Sí, me voy a mojar, pero dando razones.

Brujas, una ciudad de cuento

Brujas es un encanto se mire por donde se mire. De hecho siempre he sostenido que es la ciudad de los cuentos que nos han inspirado desde pequeñitos. Si no es perfecta poco le falta. Preciosos edificios con fachadas escalonadas, canales por los que navegar de la mano con tu pareja, chocolaterías muy originales, ideal para recorrer en bicicleta... Se trata, sin duda alguna, de una de las ciudades más románticas y coquetas que se me ocurren.

Brujas
Brujas

Por otro lado la gran plaza Markt es una belleza en sus cuatro costados, aunque más aún cuando la miramos desde lo alto de la torre del campanario. En ese lugar Brujas se vuelve una maqueta de sí misma, una colección enorme de casitas de muñecas. Por la tarde en Burg, justo a su lado con la iglesia de la Santa Sangre y unas fachadas repletas de estatuas de reyes y héroes, músicos callejeros resoplan melodías como Nessun dorma o la Primavera de Vivaldi todas las tardes para terminarnos de emocionar.

brujas-bicicleta
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Pero a Brujas lo que le pasa lo que a las celebrities, que están siempre rodeados de gente y muchas cámaras de fotos. Es una ciudad demasiado pequeña para la cantidad de personas que la visitan. Eso, en temporada alta, se nota mucho. Yo diría que más bien se padece. En eso consiste exactamente el precio de la fama. Por suerte se puede compensar saliendo a conocer otros barrios de la ciudad no tan céntricos (pero a 10 minutos a pie de la plaza), buscando el silencio en el patio del beguinaje o saliendo a montar en bici por las viejas murallas (Brugse Vesten) ya derribadas hasta llegar a un parque que posee nada menos que cuatro molinos de viento de los de antes. Es entonces cuando con esa postal de la Brujas más bucólica nos trae la calma que necesitamos. ¡Me resulta tan difícil no enamorarme apasionadamente de esta ciudad!

brujas-canal
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Gante, monumentalidad excelsa

Para comprender y explicar Gante debemos dirigirnos a un lugar en concreto antes de decir la primera palabra. Nos situamos en el Puente de San Miguel (Sint-Michielsbrug), con la iglesia del mismo nombre a nuestra derecha. Es exactamente allí donde siempre me doy cuenta que Gante no sólo es una de las ciudades más hermosas de Bélgica sino de todo el mundo. Tenemos a la vista los viejos muelles de cuando Gante era un importante puerto fluvial con acceso al Mar del Norte (Graslei y Korenlei) y sus incomparables fachadas barrocas. Por tener tiene hasta un pequeño Big Ben colándose en la escena. Después al frente las tres torres más altas de la ciudad pertenecientes a San Nicolás, al campanario municipal (Belfort) y a la catedral de San Bavón respectivamente nos dejan con la boca abierta. Tres visitas muy recomendables, aunque dos de ellas imprescindibles. Las vistas desde el campanario municipal son maravillosas y el interior de San Bavón cuenta con una de las obras maestras del arte medieval como es “La adoración del cordero místico” pintado por los hermanos Van Eyck y que sobrevivió milagrosamente al robo de Napoleón y al expolio de los nazis que lo ocultaron en unas minas de sal. Este políptico es el súmmum de la pintura flamenca, la gloria a colores de un estilo y una forma de ver y reproducir tanto la fe como la propia vida.

gante-vista
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Es desde el puente de San Miguel donde se ve todo, donde la luz azulada que nos avisa del anochecer nos deja la estampa más memorable de Gante. El flechazo siempre es aquí.

gante-panoramica
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Lo que me gusta de Gante, además, es que sin tantos turistas como Brujas, cuenta con una población estudiantil venida de todo el mundo que es muy elevada (aproximadamente 70.000 estudiantes universitarios). No hay más que ver cuando el sol empieza a calentar cómo en Graslei (el muelle de las hierbas) los jóvenes se sientan en la orilla. Y cómo en toda la ciudad las terrazas están a rebosar siempre que no llueva, sea viernes noche o lunes a mediodía. En Korenmarkt, por ejemplo, siempre hay gente y los restaurantes se quedan sin sitio a la mínima. Los ganteses, a veces, parecen españoles con su afición al terraceo y el callejeo diario. Gante me gana por su vida, su autenticidad y, por supuesto, la monumentalidad de sus edificios. El castillo de los Condes de Flandes es el castillo de los valientes príncipes y las princesas hechizadas. Aunque cuando entras lo que haces es conocer cuáles eran los instrumentos de tortura de la Edad Media, lo que nos devuelve un poco a la realidad y al rigor histórico.

gante-casa-roja
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En Gante nació Carlos V, el Emperador de un Imperio que no veía ponerse el sol, y las referencias a España son constantes. Seguir esa huella en bicicleta fue mi última misión en la ciudad flamenca. Y las encontré, vaya si las encontré. En la abadía de San Bavón, a las afueras, muchos españoles de los tercios de Flandes están enterrados en el jardín de un claustro en ruinas.

Llega el momento de decidir

Vaya, no sé si escribiendo he logrado ponerlo más fácil o todo lo contrario. La verdad que estoy hecho un auténtico lío. Son, en realidad, ciudades tan diferentes, tan magníficas, tan imprescindibles para conocer y regresar una y otra vez, que decidir me parece una herejía. No soy capaz. ¿Quizás sea Gante? No… si Brujas es una pasada. Bueno, pues Brujas… Ya, pero en Gante tuviste el flechazo del puente de San Miguel. Venga, tengo que decidir. Y seré sincero. Entre Gante y Brujas me quedo con… ¡LAS DOS! (Salgo corriendo de aquí ya mismo)

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