14 cosas que ver en Berlín

Berlín es una de las capitales europeas que más curiosidad despierta en todos los que sienten unas mínimas ansias por conocer mundo. La historia que concentra en sus calles y edificios contrasta con la de sus modernos comercios y el ambiente de sus garitos. ¿A quién no le apetece pasear por sus calles y descubrir retazos del pasado plasmados en los restos del muro de Berlín o, por qué no, en las paredes de sus antiguas iglesias? Genuina y con carácter, hoy os proponemos 14 cosas que ver o hacer en Berlín para conocerla de primera mano. ¿Quién se anima?

1. Parlamento de Berlín: donde Alemania decide

El interior de la cúpula de cristal del Reinchstag es espectacular

A priori, al proponer visitar el Parlamento de una capital, uno imagina un edificio clásico e histórico, ¿no es así? Pero tratándose de Alemania, amigos, la cosa cambia. Porque si existe en el mundo un edificio político que atrape por su original arquitectura, ese es sin duda el Reichstag. Caminando por su cúpula de cristal en espiral, obra del mismísimo Norman Foster, podemos llegar a creer que hemos viajado al futuro, aunque nada más lejos de la realidad. Las perspectivas son increíbles y la vistas desde lo más alto de las mejores que podrás encontrar en Berlín. Un consejo, a pesar de que la entrada es gratuita, las colas para acceder son eternas y las plazas se agotan con bastante antelación, así que asegúrate de reservarlas antes de iniciar tu viaje. Una vez allí, ¡disfruta!

2. Catedral de Berlín desde las alturas


Exterior de la inmensa Catedral de Berlín, con su cúpula turquesa

98 metros. Eso es lo que mide la inmensa cúpula que corona la Berlin Dom, como se conoce a la catedral de Berlín. Con su color azulado por el desgaste del cobre del que está hecha, destaca en el conjunto del edificio y le da un toque de alegría a la construcción religiosa más importante de la ciudad. Ahí donde la veis, los acontecimientos históricos no la trataron demasiado bien y por eso la catedral ha sido destruida y reconstruida en un par de ocasiones: la primera de ellas por decisión de Guillermo II y, la segunda, debido al horror de la II Guerra Mundial.

Tras la visita, ¿qué se puede hacer? Pues como dicen que “donde fueres, haz lo que vieres”, copia el comportamiento de los berlineses y túmbate a disfrutar del aire libre en los jardines de Lustgarten, frente a la catedral. Eso sí, si vas en invierno… ¡quizás mejor te tomas algo calentito en alguna cafetería cercana!

3. Museos en Berlín

Y es que si de algo puede presumir Berlín, es de su cultura, mucha de ella reunida y concentrada en algunos de los museos más importantes de todo el país. Y al decir concentrada, hablamos de manera literal: la conocida como “Isla de los Museos” comenzó a ser una realidad en 1830, cuando se levantó el primero de ellos: el Museo Antiguo. A día de hoy el terreno concentra nada menos que cuatro más: el Museo de Pérgamo, el Bode-Museum, el Museo Nuevo y la Antigua Galería Nacional. ¿Imaginas poder disfrutar en primera persona de tesoros como el Busto de Nefertiti, la impresionante Puerta de Ishtar o el maravilloso Altar de Pérgamo? Pues no te lo pienses e incluye esta visita múltiple en tu lista de imperdibles. ¡No te arrepentirás!

4. La historia a través de los murales

Uno de los murales que decoran aún lo que queda del antiguo Muro de Berlín

Nuestra próxima parada va a ser en uno de los lugares más clásicos y atractivos de la ciudad: la galería de arte al aire libre más grande del mundo. ¿Aún no sabes de qué te hablamos? Pues muy sencillo: nos referimos a la East Side Gallery, historia viva plasmada en los restos del muro que dividieron Alemania durante 28 años. 

Con la República Democrática alemana a un lado y la zona comunista al otro, tras la caída del muro en el 89, lo que había separado a la población durante tanto tiempo se convirtió en un monumento a la libertad. Artistas llegados desde todas partes del mundo colorearon con sus murales cada uno de los trozos que sobrevivieron y hoy día es uno de los mayores reclamos para los turistas. Algunas de las imágenes son mundialmente conocidas y los mensajes se cuentan por decenas, así que prepárate para dedicarle un buen rato a la visita: ¡probablemente tardes en recorrer el 1,3 kilómetro que ocupa mucho más de lo que imaginas!

5. Cruzando la frontera

Réplica del cartel que antiguamente se encontraba en Checkpoint Charlie

¡Si es que pasear por Berlín es toparse continuamente con rincones históricos! Y resulta que ahora toca volver a rebobinar en el tiempo hasta la época de la Guerra Fría, cuando las dos Alemanias seguían separadas y para cruzar de un lado a otro del muro que las dividía tan solo existían algunas fronteras muy concretas. Una de ellas, y la más conocida, fue precisamente esta: Checkpoint Charlie. Hoy día, además de una réplica del cartel que avisaba a los ciudadanos en aquella época que estaban abandonando el sector americano, también hay numerosas fotografías y textos que explican cómo fue vivir en aquellas condiciones durante tantos años. En los alrededores probablemente te encuentres con puestos ambulantes donde poder hacerte con réplicas y originales de objetos de la época: desde máscaras de gas a panfletos políticos. Algo original con lo que regresar a casa.

6. La gran puerta a Alemania

¡Enhorabuena! Si has llegado hasta este punto es porque ahora te toca disfrutar del verdadero símbolo de Berlín, o lo que es lo mismo, el lugar que simboliza el triunfo de la paz sobre las armas: la famosa Puerta del Brandeburgo. Este icono alemán, que fue inaugurado nada menos que en 1791, ha presenciado los mejores y peores momentos de la ciudad. Presta atención a la imponente cuadriga que decora la parte superior de la puerta: es de las cosas que más te llamarán la atención del conjunto. Durante muchísimos años fue una de las puertas de entrada a la ciudad. Su arco central solo podía ser atravesado entonces por los miembros de la familia real y algún que otro afortunado.

Los alrededores de la Puerta de Brandeburgo suelen estar muy ambientados gracias a los turistas y curiosos que se acercan hasta ella, pero el día grande llega cada 31 de diciembre: los fuegos artificiales que se lanzan desde este punto para celebrar la llegada del año nuevo son increíbles.

Hoy día, si no te haces una foto frente a ella acompañado de algún soldado de la Alemania nazi de los que merodean en busca de turistas por la zona, es como si no hubieras estado en Berlín. Así que pon tu mejor cara de foto y… ¡sonríe!

7. El núcleo berlinés


La Torre de la Televisión sobresale sobre Alexanderplatz

Si no has escuchado hablar de Alexanderplatz hasta ahora, la cosa variará en cuanto pongas un pie en la capital alemana. Y es que se trata del núcleo de la ciudad, el lugar más céntrico y donde todo termina confluyendo. Los transportes, las mayores atracciones, tiendas de souvenirs e incluso las principales arterias de la ciudad parten de esta enorme plaza a la que acabarás acercándote por mucho que quisieras evitarla. Allí mismo también encontrarás varios imperdibles de Berlín: la Torre de la Televisión con sus increíbles vistas en lo más alto del todo, el Reloj Mundial, donde podrás comprobar qué hora es en cada una de las principales ciudades del mundo, y la iglesia Marienkirche, construida nada menos que en 1380 y situada al oeste de la Torre de la Televisión. ¿Qué, completito este punto, no crees?

8. La historia judía


Una de las salas del Museo Judío de Berlín

No tendrás ni que poner un pie en el interior del impresionante edificio del Museo Judío y ya quedarás asombrado: el arquitecto judío Daniel Libeskind se las ingenió bien para que, con sus infinitos muros de acero, no pasara desapercibido. Una vez dentro, sentirás que un aura extraña se adueña de ti. Además de un recorrido por la historia de los judíos, en el museo encontrarás objetos y obras de arte que te ayudarán a entender mejor esta religión. Prueba a quedarte a oscuras en el interior de la conocida como “Torre del Holocausto”. La experiencia de estar a solas en este reducido espacio sin ventanas es de las que no se olvidan. Otro de los rincones más significativos del museo es el “Void void”: el lamento que suena al caminar por un estrecho callejón cubierto de chapas con forma de cara te pondrá los vellos de punta.

9. El centro financiero

Postdamer Platz, el distrito financiero berlinés por excelencia, es nuestra siguiente parada en la lista. Edificios levantados por los más grandes arquitectos se dan cita en este rincón de la ciudad junto a algún que otro vestigio de la época de las dos Alemanias: restos de muro andan aún en pie por la zona. Aquí fue donde se instaló el primer semáforo de Europa y, aunque fue arrasada durante la II Guerra Mundial, hoy día es el escenario de nada menos que la Berlinale: por esta plaza se pasean los rostros más conocidos del cine internacional.

10. El barrio más barrio de Berlín

Le llaman “la pequeña Estambul” y es por algo: aquí se concentra gran parte de la población turca que reside en Berlín. El ambiente, mezcla de garitos y negocios modernos con los puestos de kebabs y mercadillos varios, te invitan a pasar el día caminando relajadamente por cada una de sus calles sin hacer mucho más que ver la vida pasar. Precisamente aquí se respira la Berlín más real: el que viven y sienten los autóctonos.

11. Entre bloques de hormigón

2.711 bloques de hormigón rinden homenaje a los judíos asesinados a manos de los nazis

Para empezar, un par de cifras: el Monumento al Holocausto se extiende por nada menos que 19.000 metros cuadrados en los que se reparten exactamente 2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Estos simbolizan las tumbas de todos aquellos judíos que fueron asesinados a manos de los nazis en Europa. Es imposible viajar a Berlín sin hacer una parada en esta sobrecogedora obra de arte al aire libre: probablemente te deje petrificado. Para entenderlo todo un poco mejor, te recomendamos acceder también al centro de visitantes subterráneo. Allí podrás conocer la historia de muchas familias que sufrieron el acoso y la persecución de los nazis entre 1933 y 1945. Un rincón imprescindible.

12. El jardín de Berlín

Cuando Federico III decidió donar el coto de caza de la nobleza al pueblo le hizo a los berlineses uno de los mejores regalos que jamás le hayan hecho. En sus 210 hectáreas tienen suficiente espacio para hacer picnics, practicar deporte, descansar e incluso, si se quiere, perderse por sus infinitos caminos. Así que si visitas Berlín con buen tiempo, no dudes en dedicarle alguna mañana a disfrutar sin prisas del pulmón verde de la ciudad. Y, si tu viaje es en invierno, te proponemos lo mismo: respirar el aire frío en plena naturaleza te recargará las pilas para seguir pateando y descubriendo nuevas zonas de Berlín.

13. Alimentando el alma

Currywurst: el plato más típico de Berlín

¿Qué, ya pensabas que te íbamos a dejar pasar hambre? Pues nada de eso, por eso este número 13 de la lista va dedicado a la gastronomía. O, mejor dicho, al plato berlinés por excelencia: el currywurst. Porque, ¿qué sería Alemania sin sus salchichas? Así que escoge alguno de los múltiples puestos callejeros que hay repartidos por toda la ciudad y pide el tuyo: aderezado con salsa de curry disfruta de cada pedacito de él con tranquilidad, saboreando cada uno de los bocados. ¿Listo? No quieras engañarte, ¡te aseguramos que antes de que regreses a casa, repetirás menú!

14. La iglesia del Recuerdo

Solo hace falta ponerse frente a la famosa iglesia para que un escalofrío recorra todo el cuerpo. Y es que incluso encontrándose medio derruida desde que los bombardeos casi acaban con ella durante la guerra, emociona su belleza. Un símbolo de la resistencia, esta iglesia luterana ha pasado a convertirse en un auténtico memorial de la II Guerra Mundial. En 1963 el arquitecto Egon Eiermann proyectó una nueva iglesia de planta octogonal que se acopló a los restos de la antigua creando un nuevo espacio. Pasado y presente se han unido en esta auténtica maravilla: una última parada estupenda para despedirte de la capital alemana. Eso sí, te aseguramos que mucho antes de lo que imaginas, querrás regresar a por más. 

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