Qué ver en Alentejo la región más desconocida de Portugal

El Alentejo es con seguridad la región más desconocida de Portugal, siempre a la sombra de ciudades como Lisboa y Oporto, y del archiconocido Algarve. Estos se han llevado históricamente el grueso del turismo que recibía el país, algo que lejos de perjudicarle le ha constituido en el perfecto conservador del patrimonio de la zona.


Monsaraz. Foto de Rui Cunha. Turismo de Alentejo

De una parte a otra del Alentejo se extienden vastas dehesas que rodean algunas poblaciones con el mismo encanto que poseen sus habitantes, conocidos por ser grandes anfitriones. En este post os invitamos a recorrerlas, a conocer rincones desconocidos para la mayoría y a plantar la toalla en playas salvajes de las que nunca se olvidan.



Elvas y Évora son las dos ciudades más conocidas del Alentejo, ambas Patrimonio de la Humanidad. La primera de ellas será nuestro punto de partida y quizá la parada más insuperable del recorrido. Repleta de fortificaciones, sin duda alguna la mejor perspectiva será la que tengamos desde el aire. Entre ellas destacan las fotalezas de Santa Luzia y la de Nossa Senhora de Graça, levantadas en forma de estrella. El acueducto contribuye a sorprender a quien para por Elvas con sus 843 arcos, 40 metros de alto y 7 kilómetros de largo. La zona del castillo es la más antigua de la ciudad. Otro ejemplo de la originalidad de las construcciones de Elvas es la Iglesia de las Dominicas, de planta octogonal.


Évora, Portugal.


Si la agenda lo permite, hay que hacer una parada en Vila Viçosa. Aquí las canteras de mármol trabajan a pleno rendimiento y se pueden visitar. 

Paço Ducal es un edificio monumental cuya construcción se inició en 1501, por decisión del cuarto Duque de Bragança, D. Jaime. La fachada de 110 metros de longitud es única en la arquitectura portuguesa y con una gran inspiración clásica.

En la visita al Palacio Ducal se recorre el Andar Noble, piso donde se concentran las mayores colecciones de Arte Decorativas: colecciones de pintura, escultura, mobiliario, tapicerías, cerámica y orfebrería. Estas piezas son muy e incluyen frescos y azulejos seiscentistas, techos pintados, chimeneas de mármol con elaborada decoración. La cocina donde termina la visita deja una impresión imborrable por sus dimensiones y por la cantidad de utensilios de cobre que contiene.

En el Paço Ducal aún existe la Biblioteca, el Archivo Musical y el Archivo Fotográfico, estando el Archivo Histórico con sede en el Paço do Bispo, también en el Terreiro do Paço.

Y aunque el alojamiento del día no esté planeado allí, sí merece la pena y mucho darse un paseo por el hotel Marmoris, un cinco estrellas con el mármol como eje central. La propia recepción ya impresiona con una enorme pieza de marmol en bruto de grandes dimensiones. Lujo por todas partes, incluido su restaurante, con una carta que hará salibar al más desganado.


Algo más al sur está el embalse de Alqueva, conocido como el Gran Lago, una vasta extensión de agua donde lo más común es encontrar familias paseando en barco o jóvenes practicando deportes como el esquí acuático, piragüismo o kayak. Construida sobre el río Guadiana, parte de ella ocupa territorio perteneciente a Badajoz y a día de hoy es la presa más grande de Europa 250 km². La zona promueve el turismo rural, una gastronomía deliciosa y la consideración de su cielo como reserva para la observación de estrellas por la UNESCO.

Évora fue residencia de los reyes de Portugal en el siglo XV y no es de extrañar porque tiene algo que la hace especial. Igual es la luz o que ésta reverbera en sus casas blancas o los restos de su época romana. O cómo todo casa a la perfección con su calles estrechas repletas de tiendas turísticas. Costará mucho no esbozar una sonrisa con la variedad e inverosímiles artículos elaborados en corcho -bolsos, corbatas, gorras, postales...- , pero no es por otra razón que la de ser la capital portuguesa del corcho. Évora aporta aproximadamente el 60% de la producción del país.


Comer aquí será uno de los buenos recuerdos de la visita a la región, pero antes hay que tomar el aperitivo en la plaza de Giraldo y el café post almuerzo será en la terraza que hay en los jardines situados junto al Templo Romano. Otros hitos indispensables son la Capilla de los Huesos, las casi intactas Murallas -romanas, árabes y cristianas- o la Catedral de Évora, la mayor del país fechada en el medievo.Beja, situada al sur en el distrito del mismo nombre, es el mejor sitio para conocer el famoso cante alentejano, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Fue en su ayuntamiento desde donde se promovió con acierto la candidatura de esta manifestación popular mantenida por agrupaciones corales centenarias que tienen su origen en las desaparecidas minas de São Domingos. Es muy común que la gente del lugar se anime a cantar en cualquier taberna al final de la jornada, así que no hay excusa para entrar a alguna de ellas a tomar un vino típico del lugar. Además del cante alentejano, lo que identifica a Beja es la Torre del Homenaje de su castillo, construida en mármol en su totalidad y símbolo de la defensa de Portugal a lo largo de la historia.

Puerto histórico en Comporta ©JoaoNunesDaSilva. Turismo de Alentejo

Ya en la costa alentejana, la Ruta Vicentina permite a los amantes de la naturaleza realizar uno de sus dos recorridos, el “Camino histórico” y el “Sendero de los pescadores”. A lo largo de cualquiera de los dos se podrá disfrutar, a pie o en bicicleta, de paisajes que incluyen campos de flores, pueblos y aldeas antiquísimos, o playas casi intactas. A estas alturas, ya estaremos casi en el Algarve, que comparte la ruta con el Alentejo.

Península de Troya ©MaurícioAbreu. Turismo de Alentejo

Pero antes de abandonar la región hay que conocer la península de Troia, accesible en ferry desde Setúbal, y disfrutar de actividades como el golf, la observación de delfines o el surf; y Sines, la ciudad que vio nacer al navegante Vasco de Gama, y una de las más importantes del litoral alentejano gracias, entre otras razones, a su tradicional puerto pesquero.

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