Patios de Córdoba, colores al aire libre

Cuando la primavera llega a Andalucía, los aires festivos se dejan acompañar por los acordes de una guitarra típica, ese “duende” se percibe más que nunca y los muros blancos se visten de colores que no sabíamos ni que existían, especialmente cuando se trata de la Fiesta de los Patios de Córdoba, festival que abre sus puertas del 2 al 15 de mayo de 2016 en la ciudad que inmortalizara Julio Romero de Torres.

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Monumento a los Patios de Córdoba. (Foto propia). AP

Esta fiesta, reconocida como Patrimonio Inmaterial por la Unesco en diciembre de 2012, se ha convertido en cita obligada para quienes buscan unos días de escapada por Andalucía en un destino que ofrezca variedad, cultura y, especialmente, belleza. Una virtud que caracteriza a una ciudad de Córdoba en cuyos patios blancos la primavera se instala en maceteros azules para vestirse de buganvilla, geranios, claveles, gitanillas, jazmín y hasta plataneras.

Un evento que prosigue la tradición de las también famosas Cruces de Córdoba y que se compone de diversas rutas a través de esos barrios que esperan todo un año para convertir sus patios en los rincones más bellos y fotografiados de Andalucía.

¿Paseamos por los Patios de Córdoba?

La cultura del patio cordobés

Para conocer el origen de los patios cordobeses debemos remontarnos a los primeros asentamientos de culturas mediterráneas como la griega o la romana en la Península Ibérica. Pueblos que ya fomentaban la construcción de las casas en torno a un patio donde tenían lugar los encuentros familiares y demás eventos.

Durante el período del Al-Andalus (711 – 1492 d.C.) los musulmanes aportaron a estos patios su blancura, el agua como elemento esencial del Paraíso en forma de pozos, o la presencia de los “riats” o arriates, maceteros que colgaban de las paredes aderezados de flores de todos los colores.

Tras la Reconquista Cristiana se respetó la estructura de estas casas también conocidas como riads, palabra que en los países del Magreb utilizan para designar a una casa en torno a un patio. Durante los siglos venideros, la importancia del patio pasó a definir un tipo concreto de construcción que se vería alterado tras el éxodo a las grandes ciudades por parte de las poblaciones rurales, lo cual dio lugar a las famosas casas de vecinos.

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Patios de Córdoba: Patio de la calle Aceite 8, todo un edén en Córdoba. (Foto propia). A.P.

Esta tipología de vivienda, de la cual Córdoba es una gran exponente, posee un zaguán por el que se llega hasta un patio al que se asoman las diversas habitaciones y dependencias, llegando a contener la presencia de varios vecinos compartiendo un mismo entorno.

Esta unión entre ciertos barrios cordobeses dio como resultado en 1918 la presencia del primer concurso de los Patios de Córdoba, cuya popularidad aumentó a principios de los años 30. Tras el estallido de la Guerra Civil, la celebración pasó a un segundo plano hasta resurgir en la década de los cincuenta gracias al alcalde de la ciudad, Don Antonio Cruz Conde y, especialmente, tras su reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional en 1980.

Unos patios a cuyas puertas tocaría cierta organización de las Naciones Unidas en 2012, año en el que la Fiesta de los Patios de Córdoba fue designada como Patrimonio Inmaterial de la Unesco.

A partir de entonces, los más de 60 mil turistas anuales han confirmado el potencial de este festival como uno de los más importantes y peculiares de Andalucía.

Patios de Córdoba 2016: 62 rincones, 6 tramos, infinitos colores

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Patios de Córdoba: Maceteros de geranios y claveles en el patio Tinte 9. (Foto propia) A.P.

62 son los patios cordobeses presentados a concurso este 2016. Candidatos repartidos en seis barrios diferentes cuya ruta convendrá planificar antes de nuestra llegada a la ciudad de la Mezquita.

El primer tramo de nuestra ruta comenzará en Alcázar Viejo, al oeste de la ciudad. Un primer ejemplo en el que disfrutar de esos patios salpicados de flores, frescos por las sombras y el sonido del agua que cae de las típicas latas de riego.

El siguiente tramo, Judería-San Francisco, se despliega en dirección al este envolviendo la Mezquita de Córdoba, contando con diversos patios encerrados entre las callejuelas bulliciosas del centro histórico. Una buena oportunidad para introducirnos en el corazón de Córdoba y camuflarnos a través de lugares como el famoso Callejón de las Flores.

El tercer tramo, Santiago-San Pedro es, en mi opinión, uno de los más bonitos y recomendables de Córdoba. En esta zona pude conocer a Ana Muñoz, propietaria del patio Tinte 9. Una anfitriona que no dudó en repartirnos vasitos de vino manzanilla mientras nos ilustraba con las historias de sus abuelos, ese “pozo que debió pertenecer a algún árabe”, o las jornadas en que las mujeres del barrio se reunían para volver a encalar las paredes. Ella, según decía, se inició aprendiendo el arte de regar con latas.

Casos como el de Ana confirman el estatus de los patios como parcelas de lucimiento para sus propietarios, quienes no dudan en aportar su toque personal y adaptar los cánones andaluces a su propia visión. Un hecho del que seremos testigos a medida que completemos la visita de Santiago-San Pedro con patios como el de Aceite 8, el que no faltan datileras y albercas, o el precioso limonero que rocía de aromas cítricos el patio Don Rodrigo 7.

Los siguientes tramos de nuestra visita, en dirección hacia el norte, incluyen la ruta Regina-Realejo, donde destaca la amplia Plaza de las Tazas 7, o San Lorenzo, con representantes como Frailes 6 y su apuesta por el azul índigo envolviendo las paredes.

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Patios de Córdoba: Nubes de flores en el patio Parras 5. (Foto propia) A.P.

Finalmente, en el tramo Santa Marina-San Agustín encontraremos patios como el Parras 5, un rinconcito de aderezos vintage (puede adivinarse una vieja Olivetti entre la vegetación) y nubes de lirios descolgándose por las paredes.

Hacia el atardecer, embriagados de aromas y repuestos de nuestra ruta por los patios, llegaremos a la particular “Meca” del festival: el Palacio de Viana, la considerada como Puerta de los Patios gracias a sus doce patios y el gran jardín que reposa junto a las fachadas de este caserón típico en el que diversas familias nobles vivieron hasta finales del pasado siglo.

Comerse un barreño de caracoles al final del trayecto puede convertirse en el perfecto colofón tras una ruta por ese laberinto en el que, en algún momento, quisimos detenernos a echar la siesta embriagados por los aromas, conquistados por el arte de Córdoba para hacer suya la primavera.

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