Los encantos del Monasterio de Piedra

Corría el año 1194 cuando 13 monjes cistercienses del Monasterio de Poblet llegaron al antiguo castillo de Piedra Vieja, que se levantaba a orillas del río Piedra en la localidad zaragozana de Nuévalos. Así empezó la historia del Monasterio de Piedra, una visita espectacular que además de al propio monasterio nos permitirá recorrer el parque natural y disfrutar de una exhibición de aves rapaces. Por si fuera poco, el Monasterio cuenta también con un spa, aunque eso ya queda fuera de la entrada estándar, además de hotel y restaurantes. La construcción del Monasterio de Piedra y sus posteriores ampliaciones se desarrollaron hasta el siglo XVIII, lo que permite un cruce de estilos: del gótico primitivo inicial pasamos a un gótico de aires renacentistas para acabar en la etapa clásica-barroca. Dedicado a Santa María la Blanca, la primavera, cuando el río Piedra lleva un mayor caudal, es el mejor momento del año para visitarlo. La naturaleza nos protege del calor si vamos en verano, y si vas en invierno no olvides ir bien abrigado. La humedad se nota.

El Monasterio

Aunque puedes hacer la visita en el orden que quieras, lo habitual es empezar por el Monasterio. Se puede visitar con guía o por cuenta propia, y la visita principal es el claustro ya que la otra parte ahora funciona como hotel. Llama la atención el buen estado de un claustro del siglo XIII, aunque el paso del tiempo se deja notar en las estatuas o los frescos de las paredes. La Iglesia también está algo deteriorada, pero nos permite hacernos una idea de las grandes dimensiones de su nave. Durante el recorrido por el monasterio pasamos por las dependencias de los monjes, que albergan exposiciones de todo tipo. Por ejemplo, en la Cocina Monacal encontramos una exposición sobre la Historia del Chocolate; también hay una Exposición de Carruajes con vehículos antiguos donde destaca una tartana y, como no podía faltar en una tierra de magníficos vinos como esta encontramos el Museo del Vino de la DO Calatayud en lo que fue la Cilla. Allí aprenderemos como destilaban el vino los monjes del Monasterio de Piedra.

exterior del monaterio de piedra zaragoza
exterior del monaterio de piedra zaragoza

El parque

El Monasterio de Piedra está rodeado de un particular ecosistema que incluye una flora y fauna muy diversa en un espacio bastante reducido. Alisos, chopos, fresnos, olmos, nogales o arces crecen a los márgenes del río Piedra, eje conductor de este ecosistema que nos proporciona un entorno único. El recorrido dura algo más de dos horas, aunque como siempre depende de la velocidad que llevemos o del tiempo que nos tomemos haciendo fotos. Tenemos por delante un recorrido de 5 kilómetros, salpicado por cascadas y vistas espectaculares. El terreno es bastante cómodo, la única excepción es el tramo que va de la Caprichosa a la Cola Caballo donde hay que subir por unas escaleras algo estrechas (si vas con bebés, mejor dejar el carro en el coche y llevar un portabebés). Podemos hacer el recorrido en el sentido que queramos, pero nosotros empezamos por la parte más cómoda, que nos lleva hasta la Caprichosa.

interior del monasterio de piedra zaragoza
interior del monasterio de piedra zaragoza

Se trata de un recorrido descendente donde pronto nos cruzaremos con el Baño de Diana, la primera cascada que pasa por nuestro recorrido. A la izquierda está el conocido como lago de los patos y, justo detrás, la Cascada Caprichosa, la primera gran cascada. Desde allí hay que subir a la Cascada de la Trinidad, antes de volver a la Caprichosa para subir a través de la gruta hasta la parte alta del Monasterio, donde aparecen nuevos saltos de agua. Iniciamos el descenso a través de la senda siguiendo los Fresnos altos y bajos. El agua también baja sobre las enormes piedras que nos acompañan hasta desembocar en la Gruta Iris. Seguimos bajando por la parte posterior de la Cola de Caballo, una impresionante cascada de 90 metros de altura en un recorrido donde iremos intuyendo la cascada a través de las pequeñas ventanas que se abren en la gruta y, sobre todo, del sonido del agua al caer. La Gruta Iris nos deja a los pies de la cascada, y desde allí seguimos andando hacia el Lago del Espejo. Por el camino nos cruzaremos con las pesqueras, unos estanques-piscifactoría. Ya estamos en el Lago del Espejo, cuya tranquilidad contrasta con la violencia del agua en las cascadas. La última cascada que visitamos es la de los Chorreadores, que lleva de vuelta a la entrada de la Gruta Iris, donde iniciamos el recorrido. Para acabar la jornada podemos esperar a que empiece el espectáculo de rapaces. Tres veces al día, desde marzo a noviembre, vuelan los búhos, buitres, halcones o águilas.

El balneario

Si quieres aprovechar tu visita al Monasterio de Piedra para relajarte puedes hacerlo en el spa, que incluye circuitos hidrotermales, piscina fría, duchas cromáticas de agua nebulizada, sauna, hammam, zona de relax con camas calientes, cabinas de masaje y todo tipo de tratamientos. Para acabar, encontramos dos restaurantes donde disfrutar de la mejor cocina aragonesa, uno algo más vanguardista y el otro más tradicional. Fotos: Alberto-g-rovi en Wikimedia Commons, Vicente Villamón en Flickr