Lo que sentí cuando vi por primera vez el Taj Mahal

Siempre he pensado que los lugares que visitamos como mejor somos capaces de medirlos o valorarlos es a través de las emociones. Un buen aparato de cálculo de sensaciones es el ritmo de los latidos que tenemos al observar o vivir cosas por primera vez. Sólo así se explica que muchos viajeros seamos más de momentos que de monumentos. Recordamos las imágenes de nuestros viajes por medio de la emoción, de lo que nos deparó el momento. Lo demás termina siendo secundario. Cuando viajé a India y tomé el tren nocturno de Jaipur a Agra no dejé de soñar un solo instante con el Taj Mahal. Contaba las horas, los minutos y segundos que restaban para poder vislumbrar en directo la postal más hermosa del mundo, un templo funerario hecho por amor, la perfección del mármol y súmmum del arte mogol… Son demasiadas cosas a la vez, ¿no creéis? Recuerdo pagar la entrada sin importarme que los turistas extranjeros abonáramos el precio local multiplicado por veinte. Tampoco me importaron las colas y los cacheos a la entrada. Una vez empecé a caminar en las instalaciones noté que estaba nervioso, como cuando salí de viaje por primera vez. Y esa inquietud tenía un nombre, Taj Mahal… Entonces me propuse hacer algo que siempre reservaba para los lugares importantes, esos highlights mundiales del tipo Angkor Watt, Machu Picchu, Abu Simbel, etc. Consistía en ir mirando al suelo y no volcar la mirada al horizonte hasta que tuviera la imagen perfecta e idílica del monumento más famoso de la India y, probablemente, del planeta. Me fui guiando siguiendo a las demás personas. Los coloridos saris de las mujeres ayudaban a no perder la orientación. Cuando sólo quedaba pasar un gran puerta sabía que estaba a apenas unos segundos de mi propósito. Cada paso lo recuerdo a cámara lenta mientras el corazón estaba latiendo a cámara rápida. Me coloqué en el mismo centro de un corredor, escuché los flashes de las cámaras, levanté la cabeza y entonces…

El monumento más bello de la Tierra

Ahí delante estaba el Taj Mahal. Era la instantánea que había visto tantas veces en la televisión, en revistas, postales, blogs. Se trataba de la misma, pero en realidad no tenía nada que ver. En directo el Taj Mahal me regaló uno de los momentos más maravillosos de toda mi vida. No podía creerme lo que estaba viendo, no podía entender cómo había tenido tanta suerte de contemplar semejante lugar. Se me pasaron tantas cosas en la cabeza, me vino a la memoria tanta gente, tantos seres queridos, quienes probablemente a esas horas se encontraran durmiendo en la cama…. Creo que lo viví por todos ellos. Y de repente fui incapaz de contener la emoción y me puse a llorar.

  

taj mahal india
taj mahal india

Lloré como un niño. Sucumbí ante la belleza y los recuerdos de los años que había necesitado para llegar a este preciso momento. Pasaron los minutos y no me moví del sitio. Más adelante, ya más relajado, me ocupé de disfrutar del escenario, de los colores de los saris que se deslizaban hacia aquella mole blanca que parecía tallada por ángeles. Yo también me acerqué, visité la tumba de la mujer que robó el corazón del Emperador mogol que pasaría sus últimos días encerrado en una celda del Fuerte Rojo de Agra contemplando triste la tumba de su enamorada.

taj majal india
taj majal india

Dos mezquitas a ambos lados del mausoleo completan la perspectiva para lograr que sea perfecta. En una de ellas me volví a sentar. Desde allí el Taj me parecía aún más blanco, más puro que en cualquier fotografía que hubiera visto antes. De hecho aquel blanco me parecía una auténtica locura.

el taj mahal
el taj mahal

Aquel mismo día, tras pasar varias horas en el Taj Mahal, hice muchas más cosas. Conocí el Fuerte Rojo, la mezquita frente a la estación de trenes, incluso un mausoleo pequeño al que vienen a llamar “Baby Taj Mahal”. Pero la tarde… la tarde la pasé en la orilla contraria del río Yamuna, sin compañía de nadie, viendo la vertiente trasera del mausoleo más hermoso que se ha levantado en el planeta Tierra mientras varios niños bañaban a sus bueyes.

sele en el taj mahal india
sele en el taj mahal india

Nunca olvidaré después la cúpula y los minaretes del Taj Mahal despidiéndose con el ocaso, cómo desde las terrazas de Agra siempre hay un hueco para él. Nunca olvidaré que estuve allí…. José Miguel Redondo, autor del blog www.elrincondesele.com y colaborador de Rumbo