La Isla de Pascua y los moáis

La Isla de Pascua, la mítica Rapa Nui, se erige como uno de esos retos que los viajeros nos marcamos en nuestra lista de deseos casi a la vez de comprarnos la primera mochila. Se me ocurren pocos lugares en el mundo que sean tan remotos, mágicos e inspiradores. Y estamos hablando de una isla minúscula de apenas veinte kilómetros de punta a punta. Eso sí, a casi cuatro mil kilómetros del continente sudamericano. Tanto como la isla de Tahití al otro lado. Lo dicho, sola en el mundo y con unas particularidades que la convierten en un destino en el que difícilmente encontraremos un solo semejante.

Cuentan que cuando llegó el almirante neerlandés Jakob Roggeveen, el primer europeo en descubrir la isla un 5 de abril de 1722 (día de la Pascua de resurrección, de ahí el nombre que le pusieron), los famosos moáis estaban tirados en el suelo, muchos de ellos boca abajo. Grandes estatuas, muchas superando de largo los 10 metros, yacían en playas a espaldas de la mar. En ese instante se iniciaba un misterio que continúa hoy día, el porqué de la construcción de grandes figuras de una pieza, las razones de su derribo y, sobre todo, cómo diablos los isleños habían sido capaces de mover si quiera un metro semejantes moles nacidas de la piedra de un volcán. Y mucho menos levantarlas.

la isla de pascua moai de cuerpo entero
la isla de pascua moai de cuerpo entero

Nace así la leyenda de una isla en la que los piratas y comerciantes de esclavos se llevaron a los sabios portadores de una cultura ancestral a una muerte segura, de una historia única y un modo de escritura jeroglífico que ni el espíritu de Jean François Champollion sería capaz de descifrar. Porque no hay piedra Rosetta que valga. Los pocos descendientes directos de los supervivientes que fueron secuestrados o asesinados, han sido los que han hecho a los historiadores y amantes de Rapa Nui tirar del hilo para descubrir y conservar tradiciones. Tan sólo unos cuantos porqués que no son ni la décima parte de los que necesitaríamos para comprender lo que sucedió realmente en la isla desde que llegaron sus primeros moradores.

moais en rano raraku isla de pascua
moais en rano raraku isla de pascua

Una vez lleguemos a Isla de Pascua en un vuelo de la compañía LAN, que es la única que vuela hasta allí (se pueden reservar vuelos con LAN en la propia web de Rumbo), y nos situemos en nuestro alojamiento de Hanga Roa (la capital) o alrededores, empieza una aventura en la que las noches nos permiten tocar las estrellas con la yema de los dedos. Es difícil asimilar que tenemos sobre nuestras cabezas un cielo tan limpio, tan nítido. La contaminación lumínica, o de cualquier tipo, ni existe ni se la espera. Tras una noche intentando dormir tenemos varios días para recorrer la isla, una parte a pie y otra en coche de alquilar o la bicicleta. Y, aunque Rapa Nui sea pequeña, tiene muchas cosas que ver. Pero unos pocos imprescindibles como, por ejemplo:

Ahu Tongariki

Ningún lugar tiene tantos moáis, y mucho menos de pie. Los japoneses ayudaron a recolocarlos tras un devastador tsunami. Hoy día podemos disfrutar de un ahu (o altar) con 15 moáis mirándonos a los ojos y dando la espalda al mar. Para muchos viajeros es el lugar más mágico de la isla, sobre todo cuando amanece y el sol inicia su ascenso tras grandes cabezas de piedra. La tarde también compensa, con el sol detrás de nosotros y permitiendo tomar esas fotos de postal que siempre habíamos querido realizar.

moais en Ahu Tongariki isla de pascua
moais en Ahu Tongariki isla de pascua

Uno sentado frente a ellos se pregunta por qué se encuentran ahí o quiénes son. Los expertos aseguran se trata de la representación de los ancestros de una determinada aldea, guerreros, sabios, personajes importantes y admirados por un pueblo para el que los antepasados eran esenciales en el hoy y en el mañana. Todos ellos observan la que fuera la aldea. Y siempre dan su espalda al océano Pacífico, como un símbolo de protección a su gente.

Rano Raraku

Muy cerca de Tongariki se encuentra el cráter Rano Raraku de donde salió más del 95% de los moáis de Isla de Pascua. De hecho da la sensación de que este vivero de moáis se paralizó de la noche a la mañana, ya que tiene cerca de trescientas figuras en diferentes procesos de gestación. Muchas de ellas que estaban listas para ser las más grandes de Rapa Nui se quedaron en sólo un intento interrumpido. Hay una escultura perfilada en la propia montaña que iba a superar los 20 metros de largo. Otras ya casi terminadas fueron clavadas en la tierra para que los artistas pulieran los detalles de su espalda. Incluso las hay que se quedaron en el camino a su ahu correspondiente.

moais en isla de pascua rapa nui
moais en isla de pascua rapa nui

Rano Kao

Nos vamos a otro volcán, esta vez en el extremo suroeste de Isla de Pascua. Aquí, en un cráter de kilómetro y medio de diámetro con una preciosa laguna de totora en su interior, no se “fabricaban” moáis como en Rano Raraku, pero se explica uno de los motivos de su desaparición. Simplemente se instauró la tradición del “Hombre pájaro” (Tangata Manu) en que un elegido de cada aldea debía lucha por ser el primero en traer un huevo del ave manutara, que anidaba en el islote Motu Nui y llegaba siempre para las mismas fechas. Para ello el guerrero que se había estado preparando durante toda su vida debía salir del cráter por los acantilados, ir a nado hasta la isla protegiéndose de las corrientes y los tiburones y, en defintiva ser más rápido, listo y fuerte que los demás. Porque en esta competición que formaba parte del ritual se permitía todo, hasta matar. Quien lograra el objetivo y se convertía en Hombre-Pájaro otorgaba a su pueblo la posibilidad de gobernar durante un año. Hasta que al año siguiente se disputara nuevamente el Tangata Manu.

paisaje isla de pascua rano kao
paisaje isla de pascua rano kao

En uno de los bordes del Rano Kao se encuentran las ruinas de la aldea ceremonial Orongo, utilizada únicamente durante el Tangata-Manu y donde el islote Moto Nui queda bien a la vista. En las rocas aledañas hay petroglifos, dibujos que han servido para explicar de qué se trataba este ritual.

Ahu Tahai

Muy cerca de Hanga Roa hay un altar o ahu en el que la gente acude a ver atardecer. Ahu Tahai es EL LUGAR con mayúsculas para despedirse del sol dejando la silueta de los moáis dentro de una pared de fuego capaz de hacer llegar a las lágrimas a los viajeros más inexpresivos. A pocos metros, solitario, se alza un moái que tiene ojos. Era el único de toda la isla hasta que colocaron recientemente los ojos coralinos a otra estatua en playa Anakena.

cabeza de un moai en la isla de pascua
cabeza de un moai en la isla de pascua

Anakena

Rapa Nui no destaca por sus playas de postal que nos podemos imaginar en la Polinesia. Salvo el caso de Anakena (y Ovahe), que también tiene su altar de moáis, y donde la gente acude a tomar el sol y darse unos buenos baños en los días de calor (que son todos). Es un lugar para venir a relajarse (ideal también para ver atardecer) y perder la noción del tiempo.

moais de cuerpo entero en anakena isla de pascua
moais de cuerpo entero en anakena isla de pascua

En realidad Isla de Pascua tiene mucho más. A la mente me vienen a bote pronto Ahu Akivi con los únicos moáis que no miran al mar, Puna Pau, el cráter de escoria volcánica donde se fabricaban los tocados de las esculturas (que podían pesar más de dos toneladas) o la playa de Ovahe, más paradisíaca aún si cabe que la de Anakena. Pero no me olvido de la gente que recibe al viajero con los brazos abiertos con ganas de que se empape de la historia y la cultura de una civilización que se sabe vino del mar y se quedó en Rapa Nui para denominarla “El ombligo del mundo”. Probablemente lo sea. Y probablemente se trate de uno de los lugares del mundo que más feliz me han hecho en toda mi vida. José Miguel Redondo, responsable del blog El rincón de Sele y colaborador del blog de Rumbo.