10 cosas que más echas de menos de España y estás deseando hacer en cuanto vuelves

Casi dos millones y medio de españoles residen en el extranjero. Son dos millones y medio de personas que están deseando la llegada de las vacaciones de verano –y de Navidad– para regresar … Esa nostalgia y la tristeza del ‘hasta pronto’ que todos los que por uno u otro motivo hemos sentido al tener que salir del país por un tiempo contrasta con la ilusión y la alegría desmedida del regreso.Cuando se está lejos se echan de menos cosas que jamás pensaste añorar, desde las peleas domésticas con tu hermano/a hasta las cañas con el pincho de tortilla.

Si estás leyendo este post y tú también has hecho las maletas para buscar –eso dicen– un futuro mejor, seguro que te sentirás identificado con este Top Ten de cosas que has echado mucho de menos de tu país y que estás deseando hacer nada más pisar tierra española. 3, 2, 1… ¡Acción!

Hemos hecho un vídeo sobre esta temática, aquí lo tienes.


1. Echas de menos el TODO, el conjunto, y piensas que no hay un lugar mejor para vivir. 

Por eso una de las frases que más vas a repetir en estas vacaciones es eso de que “España es lo mejor”. Te darán ganas de besar el suelo nada más aterrizar en el aeropuerto y la sonrisa no te va a caber en la cara. Desde que llegues hasta que te vayas te estarás preguntando: “¿De verdad tengo que volver?” 

2. La familia y los amigos:

 Una agenda en la que te toca quedar con una media de 20 personas por día.


Dicen que no hay nada como irse fuera para valorar lo que se tiene en casa. Lo cierto es que de lo que más te acuerdas cuando estás en otro país es de la gente, el círculo más cercano. Cuando se acerca el viaje no dejas de hacer planes y tu agenda está más ocupada que la del mismísimo presidente del Gobierno. No tienes hueco para casi nada que no sea ver a tus mejores amigos, salir con los colegas y almorzar con la familia. Te prometes además evitar peleas estúpidas con tus padres y no echarle en cara nada a tu hermana. Paz y amor, lectores, que el reloj corre, el tiempo pasa… ¡y las vacaciones vuelan!

3. La comida:

Le pides a tu madre un menú completo, desde lentejas hasta una paella valenciana


Tu mamá está deseando tenerte de nuevo en casa para agasajarte con todo tipo de manjares, ¡y tú que llegas con tantas ganas de comer lo que tanto echas de menos! Si antes respondías a regañadientes cuando ibas a visitar a los padres el domingo y te plantaban un plato de cocido, ahora suplicas porque te lo preparen. A partir de eso, todo lo que se te ocurra: calamares, jamón, patatas bravas, ensaladilla rusa, gazpacho… ¡Dejas el plato como los chorros del oro!

4. Cuando una de las cosas que más extrañas es…

¡La persiana!

Seguro que la mayoría de los lectores se sentirá identificado con este punto. Cuesta acostumbrarse a seguir durmiendo cuando la luz del día entra por la ventana con total libertad. Has buscado en internet soluciones para evitar esa claridad pero nada, ¡no has encontrado ninguna cosa tan efectiva como las persianas! Es por eso que la primera noche en tu habitación, en tu cama, con tu ventana, es mágica. El sol ya no es tu despertador. ¡Bendito invento!

5. Nada como los bares :  ¡Una caña y un pincho de tortilla, por favor!


Los pubs y clubs del extranjero no tienen nada que ver con el ambiente que se respira en nuestros bares. Ya lo decía un anuncio, ¡benditos bares! Es el punto de encuentro ideal para esos reencuentros mágicos con los colegas y el ‘marchando’ del camarero te suena a una especie de melodía angelical. Pues eso, no esperes más y grita eso de “¡Una caña y un pincho de tortilla, por favor!”

6. Salir de copas sin tener miedo a dejarte el sueldo del mes

Por más que estés acostumbrado y que te avisaran en tu momento, en tu mente no llegas a aceptar que te cobren 7 euros por una cerveza. Quedas con los compañeros del trabajo y vas con el dinero contado para no quedarte a dos velas a mitad de mes. Cuando llegas a España recuerdas otro de los motivos por los que adoras tu país, ¡los precios! Te vas de pinchos con los amigos y a veces hasta regresas con dinero de vuelta. No tienes que mirar la carta de reojo si vas a un restaurante y en muchos sitios a la bebida le acompaña una tapa. ¡Esto es felicidad! 

7. Miras con ¿ternura? a todo aquel que se cruza por tu camino

Te encantan todos y cada uno de los acentos de tu lengua materna y, sobre todo los primeros días, miras constantemente a tu alrededor al comprobar que entiendes a todo el mundo y que todo el mundo te entiende a ti. ¡Hasta te dan ganas de leer ‘El Quijote’! Al principio le hablas a la gente casi a voz en grito, “¿me entenderán?”, te preguntas. Después compruebas que sí, que todos hablan el mismo idioma y que no es necesario que te escuchen desde el otro lado de la calle.

Otro de los aspectos que tanto habías echado de menos es el sentido del humor y la manera de ser de tus compatriotas, por lo que eso de que te pregunten unas 20 veces al día si dominas el inglés ya te resulta algo de lo más entrañable. Y bueno, la puntualidad, o la falta de ella, ya no te molesta. Es otro rasgo del carácter ‘spanish’ que te parece hasta especial.

8. ¡Bendito clima! En invierno puede llover y hace frío, y en verano hace un calor de muerte

¿Y qué importa si podemos irnos a la playa o a la piscina para refrescarnos? Eso de que estés en pleno mes de agosto y sea raro el día en el que no luzca el sol te sabe a gloria bendita y saber que tienes la playa relativamente cerca es otro aspecto que consideras un don de los dioses. “¡España lo tiene todo!”, te repites una y otra vez. No quieres volver a ver un paraguas o un chubasquero en unas cuantas semanas por lo menos.

9. Los lugares de siempre, con tu gente de toda la vida

Seguro hay muchos sitios en tu ciudad que asocias a momentos y situaciones especiales. Te mueres por hacer una especie de tour sentimental por todos ellos y los incluyes en esa agenda tan apretadísima de la que hablábamos en el punto 2. Llegas incluso a programar un día ‘normal’ donde hacer lo que habrías hecho un sábado cualquiera en tu ciudad: tal vez desayunar un sandwich mixto o una barrita de pan con aceite y tomate, después pasarte por una librería, quedar a la hora del vermut y que esta se alargue hasta la tarde, terminar charlando en el parque. Pequeños grandes placeres de la vida. 

10. Y todo esto que tanto añoras, ¿podría caber en una maleta?

Llega la hora de partir. Hay que regresar y empiezan a pasar dos cosas: Todo te da pena y la lagrimilla asoma fácilmente cuando llegan las despedidas; por otro lado, empiezas a hacer acopio de libros que querías leer, ropa que no te pudiste llevar la primera vez y comida, mucha comida. Tuppers y embutidos ocupan la mitad de la maleta. Hay otras cosas, las más importantes, que no puedes llevar contigo, está claro. Pero bueno, filosofía a la vuelta que si de algo sirven estas visitas fugaces es para darte cuenta que lo fundamental sigue ahí y te estará esperando. La vida son etapas y esta has de tomarla como una más. Y sí, de verdad que tienes razón: “¡Como en España no se vive en ningún sitio!”

Eso sí, reserva con antelación tu billete para, por lo menos, encontrar un vuelo barato