10 consejos para hacer el Camino de Santiago

Hace un año me decidía por fin a emprender el camino, un viaje que muchísimos amigos me habían recomendado pero que no me terminaba de atraer. ¿Pasar una semana de vacaciones andando de media 20 kilómetros al día? ¿Dónde estaba la diversión? ¿Y el relax y la tranquilidad que se busca cuando decides hacer una escapada?

Pues bien. Lo cierto es que me decidí –¡que no me convencieron!– y empecé a buscar información en internet. Tengo que añadir que en esta aventurilla iba con mi pareja y nuestro perro, Lolo, por lo que igual hasta se complicaba la cosa… Hoteles, hostales o albergues; distancias y lugares en los que hacer paradas; tipo de calzado y equipaje. Me documenté bien y nos decidimos a ello: el día 2 de agosto partíamos desde Sarria y llegábamos a la plaza del Obradoiro el sábado 6. Cinco intensos días de camino hasta Santiago en los que –lo confieso– disfruté al máximo, me divertí y desconecté como nunca de la civilización. Tanto es así que preparo repetición de la experiencia, ahora más ligera de equipaje y con una serie de conocimientos y trucos que os contaré, cosas que nadie me dijo –en ningún sitio leí– sobre estas vacaciones a paso lento y que vienen muy bien para los primerizos.

1. Preparar la mochila y no pasarse de peso

Fundamental. Olvídate del ‘por si hace mucho calor’, ‘por si refresca’, ‘por si llueve’… Las recomendaciones que encontré decían que no más del 10% de tu peso en carga para la maleta. ¿Mi recomendación? Cuanto menos, mejor, la verdad. Se pueden llevar varias mudas de ropa interior o camisetas y darles un lavado por la noche en la pensión. En cuanto al botiquín, lleva lo básico pues durante el trayecto te encontrarás farmacias en prácticamente todos los pueblos donde hagas parada. Lo fundamental es llevar buen calzado, zapato cómodo y algo de repuesto, por si acaso. Un chubasquero que te sirva tanto por si empieza a llover como por las mañanas a primera hora, que la temperatura es algo baja. Por supuesto todo va a depender de la época del año en la que lo hagas, ¿eh? Sentido común.

2. Reservar alojamiento, ¿sí o no? Depende…

Una respuesta muy gallega para una pregunta que solemos hacernos en esta primera vez. Hay hoteles, hostales y albergues. Estos últimos son los más conocidos pero no hacen reservas con antelación. Eso significa que puedes llegar a la meta marcada ese día y no tengas donde dormir. Nosotros nos quedamos en hostales, pues al ir con perro llevábamos el tema de las pernoctaciones bastante atado. No todos los establecimientos admiten animales de compañía. Sea como fuere, tengo claro que no me quedaría en albergues. La diferencia económica respecto a una pensión no es mucha, tienes tu habitación y no tienes que compartir estancia. Sea como fuere, la elección es tuya, es vuestra. ¡Haz tus cuentas!

3. Conseguir el pasaporte de peregrino

Nosotros lo llevábamos desde Málaga, que es donde resido, y sí que nos preocupaba mucho empezar la ruta sin tener el pasaporte. Después nos dimos cuenta que las localidades asociadas al Camino de Santiago están preparadísimas en lo que a merchandising del viaje se refiere y es muy fácil encontrar este librito. Por cierto, aunque solo se necesita un sello al día no dudes en pedirlo allá por donde pases. Cada estampa es distinta y hay algunas de lo más originales.

4. Salir antes de que cante el gallo

Nuestro primer día pecamos de ¿dormilones? Empezamos la marcha sobre las 8 de la mañana, ¿qué sucedió? Que los últimos kilómetros se nos hicieron eternos, bajo un sol de justicia. Mi recomendación es madrugar bastante –nosotros decidimos despertar a las 6 am– para que sobre media mañana ya estés llegando al sitio donde pernoctarás. El madrugón merecerá la pena, os lo aseguro. Después una buena comilona, una siesta y como nuevos para dar un paseo y conocer el lugar.

5. Mimar al máximo tus pies: cuidados nocturnos y calzado

Si no conseguimos mantener en buen estado esta parte del cuerpo difícilmente podremos alcanzar los objetivos que nos hayamos marcado. Por las noches, tras la ducha, vaselina o crema reparadora abundante en la planta de los pies para que se hidraten y se recuperen de la marcha de ese día. El calzado, lo más cómodo que tengas. Yo no llevé botas, me bastaron mis zapatillas deportivas para correr, la verdad. Para las tardes, unas chanclas de playa que eran las mismas con las que me duchaba en los baños compartidos –ahorrando espacio en la maleta, ¿eh?

6. Agua y tentempiés durante el camino: ¿Es necesario este peso extra?

Depende de la parte del camino que estés haciendo. En mi caso era el francés, desde Sarria, 117 kilómetros, por lo que puedo decir que con una botellita de agua es más que suficiente. Durante el trayecto nos encontramos con algunos bares y puestos con snacks, algo de comida y bebida. Hay que mantenerse hidratado y tomar algo cada cierto tiempo para recuperar energías pero nada de llevar una bolsa en modo domingueros con patatas fritas, gominolas, bocadillos y lo que encarte.

7. No te quedes sin disfrutar de un buen pulpo a la gallega y de Estrella Galicia, por supuesto

Llegues a donde llegues podrás pedir octópodo para comer, eso no falta, ni la cerveza gallega más famosa del mundo. Dos de los lugares más conocidos son la pulpería A Garnacha y ‘el Ezequiel’, en Melide.

8. Escucha a tu cuerpo: si te lesionas, haz reposo

Es complicado porque te pueden más las ganas de seguir adelante que de parar. Sin embargo, lo que puede quedarse en apenas una pequeña molestia desemboca en una lesión más complicada que puede arruinarte las vacaciones. Si ves que te duele algo, te sientes débil o algo incómodo, es mejor hacer un descanso. Si persiste el dolor, consulta en el centro de salud más cercano. Recuerda siempre que los primeros serán los últimos… y que más vale tarde que nunca.

9. El Monte do Gozo ante ti, ¿he llegado a la meta?

Eso pensamos los novatos, que llegados a este punto podemos gritar de alegría. ‘¡Campeones!’ La alegría dura poco, os lo aseguro. Te haces la foto de rigor, miras las vistas y empiezas a descender para entrar en Santiago. Esta última parte del viaje se hace larga, no solo por el cansancio, sino porque cinco kilómetros nos separan aún del Obradoiro… ‘¿Pero esto es una broma?’

10. Nadie te contó que tú también llorarías de emoción ante la catedral de Santiago

Es difícil contener las lágrimas así que déjate llevar por las emociones y no te hagas el/la fuerte. Entrar a la plaza tras más de 100 kilómetros andando y escuchar cómo suenan las gaitas, en vivo y en directo, es realmente emocionante. Lo dicho. Disfruta del momento y da gracias, por qué no, por poder experimentar una aventura única como esta.

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