4 palacios de Alemania con un aire muy romántico

El amor ha sido el motor y el origen de muchas de las construcciones más bellas del mundo. No hay país donde falten ejemplos de ello. Y aunque en cuestiones de amor París se lleva la fama, Alemania atesora un buen puñado de rincones increíblemente románticos. Prueba de ello son algunos de sus palacios.

castle-porcia
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En Munich, el palacio Porcia fue el primero de destilo barroco italiano de la ciudad. Lleva el nombre de la condesa que robó el corazón del elector Carlos Alberto. Éste se lo dedicó en 1733 y encargó la reforma interior a François de Cuviliés en estilo rococó. Los continuos bombardeos de 1944 destruyeron parte del palacio, incluido ese interior creado con tanta intención, pero ya ninguno de los protagonistas de aquella historia de amor tuvieron que ser testigos de semejante destrozo. Con posterioridad se restauró el vestíbulo con la intención de devolverle su aspecto anterior. La restauración de la fachada mereció el premio Fassadenpreis der Landeshauptstadt en 2008. Poco se sabe de la historia romántica de quienes habitaron el palacio Pacelli, pero su decoración art nouveau combinado con un estilo tardo-histórico previo bien puede disparar nuestra imaginación y pensar en sus sucesivos moradores paseando por sus hermosas galerías talladas o las pequeñas torres que lo coronan. En la actualidad, el palacio es una residencia privada por lo que está cerrada al público pero su exterior es una parada habitual para muchos visitantes de Munich. La apertura al público de tantos y tantos palacios europeos permite no sólo pasear por hermosos salones y apreciar algunas de las piezas decorativas más preciadas en el pasado. También es posible pasear por jardines que no tienen precio por las variedades de árboles, plantas y flores, y el cuidado diario que reciben. Uno de esos sitios es el palacio de Charlottenburg, en Berlín, quizá uno de los más bonitos y románticos de la ciudad. Recomendable parar en el puente que salva el lago del jardín y contemplar desde allí lo que fuera residencia de Federico I de Prusia y su segunda esposa, Sofía Carlota. Fue ella quien, enamorada de Francia, encargó al jardinero Simeón Godeau el diseño de un jardín de estilo barroco francés y hoy en día se puede decir que es el más antiguo que se conserva en Berlín. Los aposentos del palacio pueden ser visitados con guía y es fácil imaginarse el antiguo día a día de palacio. Las vistas al jardín son muy inspiradoras.

palacio-charlottenburg-alemania
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La tradición de hacer un regalo a la esposa después del parto no sólo viene de lejos, sino que algunos han sabido cómo agasajar a sus mujeres a lo grande en semejantes momentos vitales. Un ejemplo de ello es el palacio Nymphenburg, un regalo del duque Fernando María a su esposa por el nacimiento del heredero al trono Maximiliano II Emanuel. Ella, Enriqueta Adelaida de Saboya, fue quien le dio el nombre, que significa el castillo de las ninfas. Su hijo continuó la tarea de su madre de convertir aquello en uno de los palacios y jardines más bonitos de Europa. Y lo hizo completando los alrededores con un jardín francés en la parte posterior y pabellones de diferentes estilos arquitectónicos como la sala de baños o el pagodenburg, que se usaba para recibir a invitados y como zona de descanso. También había una pequeña fabrica de porcelana fina. El palacio está abierto al público pero es vivienda y sede del Jefe de la Casa Wittelsbach, el duque Francisco de Baviera. Uno de los palacios con mayor encanto de Alemania se encuentra a unos 100 kilómetros al noroeste de Berlín, en la provincia de Rheinsberg, de la que toma prestado su nombre. En su origen fue un castillo, por lo que hay quien sigue refiriéndose a él de esta forma. El edificio pasó de mano en mano desde la Edad Media pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se le hicieron las reformas en el estilo de moda en esa época -el rococó- cuando obtuvo su aspecto más romántico. Y fue durante los años que Federico el Grande pasó con su esposa antes de convertirse en rey. Éste describió aquellos años en el palacio de Rheinsberg como los más felices de su vida. Fue su hermano Enrique quien lo ocupó a partir de 1952 con la princesa Guillermina de Hesse-Kassel. Enrique y su esposa amaban el arte y era habitual que se representaran obras de teatro y se celebraran conciertos. Continuaron ampliando el castillo y los alrededores en el mismo estilo, hecho que le valió al hermano del rey el apelativo de eterno príncipe rococó. Vivieron allí casi medio siglo hasta su muerte. Para entonces ya tenía construido un mausoleo con forma de pirámide truncada y una inscripción escrita por él mismo. Hoy alberga el Museo de Literatura Kurt Tucholsky.